CORAZON DE LA IZQUIERDA LATINA

NACIDOS DE SANGRE
IZQUIERDA=VIOLENCIA

NACIDOS DE SANGRE
IZQUIERDA=VIOLENCIA

EL MANUAL DE GUERRILLA DEL CHE GUEVARA

Che Guevara La Guerra de Guerrillas

A Camilo
Este trabajo pretende colocarse bajo la advocación de Camilo Cienfuegos, quien debía
leerlo y corregirlo pero cuyo destino le ha impedido esa tarea. Todas estas líneas y las
que siguen pueden considerarse como un homenaje del Ejército Rebelde a su gran
Capitán, al más grande jefe de guerrillas que dio esta revolución, al revolucionario sin
tacha y al amigo fraterno.

Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los
momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un
instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa. Creo que él hubiera aprobado
este manual donde se sintetizan nuestras experiencias guerrilleras, porque son el producto
de la vida misma, pero él le dio a la armazón de letras aquí expuesta la vitalidad esencial
de su temperamento, de su inteligencia y de su audacia, que sólo se logran en tan exacta
medida en ciertos personajes de la Historia.
Pero no hay que ver a Camilo como un héroe aislado realizando hazañas maravillosas al
solo impulso de su genio, sino como una parte misma del pueblo que lo formó, como
forma sus héroes, sus mártires o sus conductores en la selección inmensa de la lucha, con
la rigidez de las condiciones bajo las cuales se efectuó. No sé si Camilo conocía la
máxima de Dantón sobre los movimientos revolucionarios, «audacia, audacia y más
audacia»; de todas maneras, la practicó con su acción, dándole además el condimento de
las otras condiciones necesarias al guerrillero: el análisis preciso y rápido de la situación
y la meditación anticipada sobre los problemas a resolver en el futuro.
Aunque estas líneas, que sirven de homenaje personal y de todo un pueblo a nuestro
héroe, no tienen el objeto de hacer su biografía o de relatar sus anécdotas, Camilo era
hombre de ellas, de mil anécdotas, las creaba a su paso con naturalidad. Es que unía a su
desenvoltura y a su aprecio por el pueblo, su personalidad; eso que a veces se olvida y se
desconoce, eso que imprimía el sello de Camilo a todo lo que le pertenecía: el distintivo
precioso que tan pocos hombres alcanzan de dejar marcado lo suyo en cada acción. Ya lo
dijo Fidel: no tenía la cultura de los libros, tenía la inteligencia natural del pueblo, que lo
había elegido entre miles para ponerlo en el lugar privilegiado a donde llegó, con golpes
de audacia, con tesón, con inteligencia y devoción sin pares. Camilo practicaba la lealtad
como una religión; era devoto de ella; tanto de la lealtad personal hacia Fidel, que
encarna como nadie la voluntad del pueblo, como la de ese mismo pueblo; pueblo y Fidel
marchan unidos y así marchaban las devociones del guerrillero invicto.
¿Quién lo mató?
Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién liquidó su ser físico? porque la vida de los
hombres como él tiene su más allá en el pueblo; no acaba mientras éste no lo ordene.
Lo mató el enemigo, lo mató porque quería su muerte, lo mató porque no hay aviones
seguros, porque los pilotos no pueden adquirir toda la experiencia necesaria, porque,
sobrecargado de trabajo, quería estar en pocas horas en La Habana… y lo mató su
carácter. Camilo, no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo
toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no podía una nube
detener o torcer una línea trazada.
Fue allí, cuando todo un pueblo lo conocía, lo admiraba y lo quería; pudo haber sido
antes y su historia sería la simple de un capitán guerrillero. Habrá muchos Camilos, dijo
Fidel; y hubo Camilos, puedo agregar, Camilos que acabaron su vida antes de completar
el ciclo magnífico que él ha cerrado para entrar en la Historia, Camilo y los otros Camilos
(los que no llegaron y los que vendrán), son el índice de las fuerzas del pueblo, son la
expresión más alta de lo que puede llegar a dar una nación, en pie de guerra para la
defensa de sus ideales más puros y con la fe puesta en la consecución de sus metas más
nobles.
No vamos a encasillarlo, para aprisionarlo en moldes, es decir matarlo. Dejémoslo así, en
líneas generales, sin ponerle ribetes precisos a su ideología socio-económica que no
estaba perfectamente definida; recalquemos sí, que no ha habido en esta guerra de
liberación un soldado comparable a Camilo. Revolucionario cabal, hombre del pueblo,
artífice de esta revolución que hizo la nación cubana para sí, no podía pasar por su cabeza
la más leve sombra del cansancio o de la decepción. Camilo, el guerrillero, es objeto
permanente de evocación cotidiana, es el que hizo esto o aquello, «una cosa de Camilo»,
el que puso su señal precisa e indeleble a la Revolución cubana, el que está presente en
los otros que no llegaron y en aquellos que están por venir. En su renuevo continuo e
inmortal, Camilo es la imagen del pueblo.
Capitulo I.
Principios generales de la lucha guerrillera
1. Esencia de la lucha guerrillera
La victoria armada del pueblo cubano sobre la dictadura batistiana ha sido, además del
triunfo épico recogido por los noticieros del mundo entero, un modificador de viejos
dogmas sobre la conducta de las masas populares de la América Latina, demostrando
palpablemente la capacidad del pueblo para liberarse de un gobierno que lo atenaza, a
través de la lucha guerrillera.
Consideramos que tres aportaciones fundamentales hizo la Revolución cubana a la
mecánica de los movimientos revolucionarios en América, son ellas: (1) Las fuerzas
populares pueden ganar una guerra contra el ejército. (2) No siempre hay que esperar a
que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas.
(3) En la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser
fundamentalmente el campo.
De estas tres aportaciones, las dos primeras luchan contra la actitud quietista de
revolucionarios o seudorrevolucionarios que se refugian, y refugian su inactividad, en el
pretexto de que contra el ejército profesional nada se puede hacer, y algunos otros que se
sientan a esperar a que, en una forma mecánica, se den todas las condiciones objetivas y
subjetivas necesarias, sin preocuparse de acelerarlas. Claro como resulta hoy para todo el
mundo, estas dos verdades indubitables fueron antes discutidas en Cuba y probablemente
sean discutidas en América también.
Naturalmente, cuando se habla de las condiciones para la revolución no se puede pensar
que todas ellas se vayan a crear por el impulso dado a las mismas por el foco guerrillero.
Hay que considerar siempre que existe un mínimo de necesidades que hagan factible el
establecimiento y consolidación del primer foco. Es decir, es necesario demostrar
claramente ante el pueblo la imposibilidad de mantener la lucha por las reivindicaciones
sociales dentro del plano de la contienda cívica. Precisamente, la paz es rota por las
fuerzas opresoras que se mantienen en el poder contra el derecho establecido.
En estas condiciones, el descontento popular va tomando formas y proyecciones cada vez
más afirmativas y un estado de resistencia que cristaliza en un momento dado en el brote
de lucha provocado inicialmente por la actitud de las autoridades.
Donde un gobierno haya subido al poder por alguna forma de consulta popular,
fraudulenta o no, y se mantenga al menos una apariencia de legalidad constitucional, el
brote guerrillero es imposible de producir por no haberse agotado las posibilidades de la
lucha cívica.
El tercer aporte es fundamentalmente de índole estratégica y debe ser una llamada de
atención a quienes pretenden con criterios dogmáticos centrar la lucha de las masas en los
movimientos de las ciudades, olvidando totalmente la inmensa participación de la gente
del campo en la vida de todos los países subdesarrollados de América. No es que se
desprecie las luchas de masas obreras organizadas, simplemente se analiza con criterio
realista las posibilidades, en las condiciones difíciles de la lucha armada, donde las
garantías que suelen adornar nuestras constituciones están suspendidas o ignoradas. En
estas condiciones los movimientos obreros deben hacerse clandestinos, sin armas, en la
ilegalidad y arrastrando peligros enormes; no es tan difícil la situación en campo abierto,
apoyados los habitantes por la guerrilla armada y en lugares donde las fuerzas represivas
no pueden llegar.
Independientemente de que después hagamos un cuidadoso análisis, estas tres
conclusiones que se desprenden de la experiencia revolucionaria cubana las apuntamos
hoy a la cabeza de este trabajo por considerarlas nuestro aporte fundamental.
La guerra de guerrilla, base de la lucha de un pueblo por redimirse, tiene diversas
características, facetas distintas, aun cuando exista siempre la misma voluntad esencial de
liberación. Es obvio, y los tratadistas sobre el tema lo han dicho sobradamente, que la
guerra responde a una determinada serie de leyes científicas, y quien quiera que vaya
contra ellas, irá a la derrota. La guerra de guerrillas, como fase de la misma, debe regirse
por todas ellas; pero por su aspecto especial, tiene, además, una serie de leyes accesorias
que es preciso seguir para llevarla hacia adelante. Es natural que las condiciones
geográficas y sociales de cada país determinen el modo y las formas peculiares que
adoptará la guerra de guerrillas, pero sus leyes esenciales tienen vigencia para cualquier
lucha de este tipo.
Encontrar las bases en que se apoya este tipo de lucha, las reglas a seguir por los pueblos
que buscan su liberación; teorizar lo hecho, estructurar y generalizar esta experiencia para
el aprovechamiento de otros, es nuestra tarea del momento.
Lo primero que hay que establecer es quiénes son los combatientes en una guerra de
guerrillas. De un lado tenemos el núcleo opresor y su agente, el ejército profesional, bien
armado y disciplinado, que, en muchos casos, puede contar con el apoyo extranjero y el
de pequeños núcleos burocráticos, paniaguados al servicio de ese núcleo opresor. Del
otro, la población de la nación o región de que se trate. Es importante destacar que la
lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha de pueblo: la guerrilla, como núcleo
armado, es la vanguardia combatiente del mismo, su gran fuerza radica en la masa de la
población. No debe considerarse a la guerrilla numéricamente inferior al ejército contra el
cual combate, aunque sea inferior su potencia de fuego. Por esto es preciso acudir a la
guerra de guerrillas cuando se tiene junto a sí un núcleo mayoritario y para defenderse de
la opresión un número infinitamente menor de armas.
El guerrillero cuenta, entonces, con todo el apoyo de la población del lugar. Es una
cualidad sine qua non. Y se ve muy claro, tomando como ejemplo gavillas de bandoleros
que operan en una región; tienen todas las características del ejército guerrillero:
homogeneidad, respeto al jefe, valentía, conocimiento del terreno, y muchas veces, hasta
cabal apreciación de la táctica a emplear. Falta sólo el apoyo del pueblo; e
inevitablemente estas gavillas son detenidas o exterminadas por la fuerza pública.
Analizado el modo operacional de la guerrilla, su forma de lucha y comprendiendo su
base de masas sólo nos resta preguntar: ¿por qué lucha el guerrillero? Tenemos que llegar
a la conclusión inevitable de que el guerrillero es un reformador social, que empuña las
armas respondiendo a la protesta airada del pueblo contra sus opresores y que lucha por
cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio o
la miseria. Se lanza contra las condiciones especiales de la institucionalidad de un
momento dado y se dedica a romper, con todo el vigor que las circunstancias permitan,
los moldes de esa institucionalidad.
Cuando analicemos más a fondo la táctica de guerra de guerrillas, veremos que el
guerrillero debe tener un conocimiento cabal del terreno que pisa, sus trillos de acceso y
escape, posibilidades de maniobrar con rapidez, apoyo del pueblo, naturalmente y lugares
donde esconderse. Todo esto indica que el guerrillero ejercerá su acción en lugares
agrestes y poco poblados, y en estos parajes, la lucha del pueblo por sus reivindicaciones
se sitúa preferentemente y, hasta casi exclusivamente, en el plano del cambio de la
composición social de la tenencia de la tierra, es decir, el guerrillero es, ante todo, un
revolucionario agrario. Interpreta los deseos de la gran masa campesina de ser dueña de
la tierra, dueña de sus medios de producción, de sus animales, de todo aquello que ha
anhelado durante años, de lo que constituye su vida y constituirá también su cementerio.
Para la corriente interpretación de la guerra de guerrillas debe establecerse que hay dos
tipos diferentes, uno de los cuales, el de ser una forma de lucha complementaria a la de
los grandes ejércitos regulares tal como el caso de las guerrillas ukranianas en la Unión
Soviética, no interesa para este análisis. Nos interesa el caso de un grupo armado que va
progresando en la lucha contra el poder constituido, sea colonial o no, que se establece
como base única y que va progresando en los medios rurales. En todos estos casos,
cualquiera que sea la estructura ideológica que anime la lucha, la base económica está
dada por la aspiración a la tenencia de la tierra.
La China de Mao se inicia como un brote de los núcleos obreros del Sur que es derrotado
y casi aniquilado. Solamente se estabiliza e inicia su marcha ascendente cuando después
de la gran marcha del Yenán se asienta en territorios rurales y coloca como base de
reivindicaciones la reforma agraria. La lucha de Ho Chi Minh en Indochina se basa en los
campesinos arroceros oprimidos por el yugo colonial francés y con esa fuerza va
progresando hasta derrotar a los colonialistas. En ambos casos hay un paréntesis de
guerra patriótica contra el invasor japonés, pero no se desvanece la base económica de
lucha por la tierra. En el caso de Argelia, la gran idea del nacionalismo árabe tiene su
réplica económica en el usufructo de la casi totalidad de las tierras laborables de Argelia
por un millón de colonos franceses, y en algunos países como Puerto Rico, donde las
condiciones particulares de la Isla no han permitido un brote guerrillero, el espíritu
nacionalista herido en lo más profundo por la discriminación que se comete a diario
contra ellos tiene como base la aspiración del campesino (aunque ya muchas veces esté
proletarizado) por la tierra que le arrebata el invasor yanqui y esta misma idea central fue
la que animaba, aunque en diferentes proyecciones, a los hacendados pequeños,
campesinos y esclavos de las haciendas orientales de Cuba que cerraron filas para
defender juntos el derecho a la posesión de la tierra, durante la guerra de liberación de los
30 años.
Pese a características especiales que la convierten en un tipo de guerra, y teniendo en
cuenta las posibilidades de desarrollo de la guerra de guerrillas, que se transforma, con el
aumento de la potencialidad del núcleo operante en una guerra de posiciones, debe
considerarse que este tipo de lucha es un embrión de la misma, un proyecto; las
posibilidades de crecimiento de la guerrilla y de cambiar el tipo de pelea hasta llegar a
una guerra convencional son tantas como las posibilidades de derrotar al enemigo en cada
una de las distintas batallas, combates o escaramuzas que se libren. Por eso, un principio
fundamental es que no se debe dar, de ninguna manera, batalla que no se gane, combate o
escaramuza que no se gane. Hay una definición antipática que expresa: «el guerrillero es
el jesuita de la guerra». Indica con esto una cualidad de alevosía, de sorpresa, de
nocturnidad, que son evidentemente elementos esenciales de la lucha guerrillera. Es
naturalmente, un jesuitismo especial impulsado por las circunstancias que obligan a
tomar en algunos momentos una determinación diferente de las concepciones románticas
y deportivas con que se nos pretende hacer creer que hace la guerra.
La guerra es siempre una lucha donde ambos contendientes tratan de aniquilar uno al
otro. Recurrirán entonces a todas las triquiñuelas, a todos los trucos posibles, para
conseguir este resultado, además de la fuerza. Las estrategias y las tácticas militares son
la representación de las aspiraciones del grupo que analiza y del modo de llevar a cabo
estas aspiraciones, y este modo contempla el aprovechamiento de todos los puntos
débiles del enemigo. Desmenuzando, en una guerra de posiciones, la acción de cada
pelotón de un gran núcleo de ejército, se observan las mismas características, en cuanto a
la lucha individual, que las que se presentarán en la guerrilla. Hay alevosía, hay
nocturnidad, hay sorpresa, y cuando no se producen, es porque es imposible tomar
desprevenidos a quienes están enfrente vigilando. Pero como la guerrilla es una división
de por sí, y como hay grandes zonas de terrenos no vigiladas por el enemigo, siempre se
pueden realizar estas tareas de manera de asegurar la sorpresa, y es deber del guerrillero
hacerlo.
«Muerde y huye» le llaman algunos despectivamente, y es exacto. Muerde y huye,
espera, acecha, vuelve a morder y a huir y así sucesivamente, sin dar descanso al
enemigo. Hay en todo esto, al parecer, una actitud negativa; esa actitud de retirada, de no
dar combates frontales, sin embargo, todo es consecuente con la estrategia general de la
guerra de guerrillas, que es igual en su fin último a la de una guerra cualquiera: lograr el
triunfo, aniquilar al enemigo.
Queda bien establecido que la guerra de guerrillas es una fase la guerra que no tiene de
por sí oportunidades de lograr el triunfo, es además una de las fases primarias de la
guerra y se irá desenvolviendo y desarrollando hasta que el Ejército Guerrillero, en su
crecimiento constante, adquiera las características de un Ejército Regular. En ese
momento estará listo para aplicar golpes definitivos al enemigo y acreditarse la victoria.
El triunfo será siempre el producto de un Ejército Regular, aunque sus orígenes sean el de
un Ejército Guerrillero.
Ahora bien, así como el general de una división no tiene que morir en una guerra
moderna al frente de sus soldados, el guerrillero, que es general de sí mismo, no debe
morir en cada batalla; está dispuesto a dar su vida, pero precisamente, la cualidad positiva
de esta guerra de guerrillas es que cada uno de los guerrilleros está dispuesto a morir, no
por defender un ideal sino por convertirlo en realidad. Esa es la base, la esencia de la
lucha de guerrillas. El milagro por el cual un pequeño núcleo de hombres, vanguardia
armada del gran núcleo popular que los apoya, viendo más allá del objetivo táctico
inmediato, va decididamente a lograr un ideal, a establecer una sociedad nueva, a romper
los viejos moldes de la antigua, a lograr, en definitiva, la justicia social por la que la
lucha.
Consideradas así todas las palabras despectivas adquieren su verdadera grandeza, la
grandeza del fin a que están destinadas, y conste que no se hablaba de medios retorcidos
para llegar al fin; la actitud de lucha, esa actitud que no debe desmayar en ningún
momento, es inflexibilidad frente a los grandes problemas del objetivo final, es también
la grandeza del guerrillero.
2. Estrategia guerrillera
En la terminología guerrera, se entiende por estrategia el análisis de los objetivos a lograr,
considerando una situación militar total y las formas globales de lograr estos objetivos.
Para una correcta apreciación estratégica, desde el punto de vista de la guerrilla, es
necesario analizar profundamente cuál será el modo de actuar del enemigo. Si en algún
momento es válida la apreciación de que el objetivo final es destruir completamente la
fuerza opositora, en el caso de una guerra civil de este tipo se encuentra el ejemplo
clásico: el enemigo tendrá que procurar la destrucción total de cada uno de los
componentes de la guerrilla; y el guerrillero, a la inversa, debe analizar los recursos con
que cuenta el contrario para tratar de llegar a esa solución; los medios con que cuenta en
hombres, en movilidad, en apoyo popular, en armamento y en capacidad de dirección.
Debemos adecuar nuestra estrategia a estos estudios, considerando siempre el objetivo
final de derrotar al ejército enemigo.
Hay aspectos fundamentales a estudiar: el armamento, por ejemplo, la forma de utilizar
ese armamento; analizar exactamente cuál es el valor de un tanque en una lucha de este
tipo, cuál el de un avión, analizar cuáles son las armas del enemigo, su parque, sus
costumbres; porque el aprovisionamiento más importante de la fuerza guerrillera, está
precisamente en el armamento enemigo. Si hay posibilidad de elección debe preferir el
mismo tipo que el usado por éste, pues el más grande enemigo de la guerrilla es la falta
de parque, que debe proveer el contrincante.
Una vez hecho esto, graduados y analizados los objetivos a lograr, hay que ir estudiando
el ordenamiento de los pasos para la consecución del objetivo final, ordenamiento que se
preverá, pero que se irá modificando en el transcurso de la lucha y adecuando a la serie
de circunstancias no previstas que puedan surgir durante la misma.
En el primer momento, lo esencial para el guerrillero será no dejarse destruir. Paso a
paso, será más fácil para los integrantes de la guerrilla o de las diferentes guerrillas,
adaptarse al medio de vida y convertir en una acción cotidiana y, como tal, fácil el huir,
despistar a las fuerzas que están lanzadas en su persecución. Logrado este objetivo,
tomando posiciones cuya inaccesibilidad impida al enemigo llegar hasta ellos, o
consiguiendo fuerzas que disuadan a éste de atacar, debe procederse al debilitamiento
gradual del mismo, debilitamiento que se provocará en el primer momento en los lugares
más cercanos a los puntos de lucha activa contra la guerrilla, y, posteriormente, se irá
profundizando en territorio enemigo, atacando sus comunicaciones, atacando luego, o
molestando, las bases de operaciones y las bases centrales, hostigándolo en forma total en
la medida de las posibilidades de las fuerzas guerrilleras.
El golpeteo debe ser constante. Al soldado enemigo que esté en un lugar de operaciones
no se le debe dejar dormir, las postas deben ser atacadas y liquidadas sistemáticamente.
Debe darse en todo momento la impresión de que un cerco completo rodea al adversario;
en las zonas boscosas y quebradas, durante todo el día, en las zonas llanas o fácilmente
permeables por patrullas adversarias, durante la noche. Para hacer todo esto, es necesaria
la cooperación absoluta del pueblo y el conocimiento perfecto del terreno. Dos
condiciones cuya necesidad apunta en cada minuto de la vida del guerrillero. Por eso hay
que establecer, al mismo tiempo que centros de estudio de las zonas de operaciones y
centros de estudio de las zonas de operaciones futuras, trabajo popular intensivo,
explicando los motivos de la revolución, los fines de esta misma revolución y
diseminando la verdad incontrovertible de que en definitiva contra el pueblo no se puede
vencer. Quien no sienta esta verdad indubitable no puede ser guerrillero.
Este trabajo popular debe centralizarse en el primer momento sobre la discreción, es
decir, debe pedirse a cada campesino, a cada miembro de la sociedad donde se actúa, que
no comenten lo que vean u oigan; después buscará la ayuda de habitantes cuya lealtad a
la revolución ofrezca mayores garantías, posteriormente se utilizará a esas personas en
tareas de contacto, de transporte de mercancías o de armas de prácticos en las zonas que
él conozca, y más tarde, se puede llegar a la acción de masas ya organizadas en los
centros de trabajo, cuyo resultado final será la huelga general.
La huelga es un factor importantísimo en la guerra civil, pero para llegar a ella es
necesario una serie de complementos que no se dan siempre y que, espontáneamente, se
dan muy pocas veces, hay que ir a crear los factores necesarios y esta creación se basa en
la explicación de los motivos de la revolución, en la demostración de las fuerzas del
pueblo y de sus posibilidades.
Se puede también recurrir a determinados grupos muy homogéneos y que tienen que
demostrar eficacia previa en labores menos peligrosas para hacer sabotaje, que es otra de
las terribles armas de la guerrilla; se puede paralizar ejércitos enteros, se puede detener la
vida industrial de una zona, quedando los habitantes de una ciudad sin industria, sin luz,
sin agua, sin comunicaciones de ninguna clase, sin poder arriesgarse a salir sino a
determinadas horas, por una carretera. Si se logra todo esto, la moral de los enemigos va
decayendo, va decayendo la moral de sus unidades combatientes y se torna madura la
fruta para arrancarla en el momento preciso.
Todo esto presupone un aumento del territorio, abarcado por la acción guerrillera, pero
nunca se debe ir a un aumento exagerado de ese territorio. Hay que conservar siempre
una base de operaciones fuerte y continuar fortaleciéndola durante el curso de la guerra.
Hay que utilizar medidas de adoctrinamiento de los habitantes de la zona, medidas de
saneamiento contra los enemigos irreconciliables de la revolución y perfeccionar todos
los sistemas puramente defensivos, como trincheras, minas y comunicaciones dentro de
ese territorio. Cuando la guerrilla ha alcanzado un poderío respetable en armas y en
número de combatientes, debe irse a la formación de nuevas columnas. Es un hecho
parecido al de la colmena que, en determinado momento, suelta una nueva reina que se
va a otra región con parte del enjambre. La colmena madre, con el jefe guerrillero más
notable, quedará en lugares menos riesgosos, mientras las nuevas columnas perforarán
otros territorios enemigos, siguiendo el ciclo ya descrito.
Llega un momento en que el territorio ocupado por las columnas es pequeño para
contenerlas y en su avance hacia las regiones sólidamente defendidas por el enemigo,
deben enfrentarse con fuerzas poderosas. En este instante, las columnas se reúnen, se
ofrece un frente de lucha compacto, se llega a una guerra de posiciones, una guerra
desarrollada por ejércitos regulares. Sin embargo, no puede desligarse el antiguo ejército
guerrillero de su base, y se deben formar nuevas guerrillas detrás del enemigo, que actúen
en la misma forma en que actuaban las primarias en el otro territorio y vayan
penetrándolo hasta dominarlo.
Así se llega al ataque, al cerco de las plazas, a la derrota de los refuerzos, a la acción cada
vez más enardecida de las masas en todo el territorio nacional y al objetivo final de la
guerra: la victoria.
3. Táctica guerrillera
En lenguaje militar, táctica es el modo práctico de llevar a efecto los grandes objetivos
estratégicos. Es, en algunos modos, un complemento de la estrategia y en otros una
especie de reglamento de la misma; mucho más variables, mucho más flexibles que los
objetivos finales, los medios deben adaptarse a cada momento de la lucha. Hay objetivos
tácticos que permanecen constantes durante una guerra y otros que van variando. Lo
primero que hay que considerar es el acoplamiento de la acción guerrillera a la acción del
enemigo.
Característica fundamental de una guerrilla es la movilidad, lo que le permite estar en
pocos minutos lejos del teatro específico de la acción y en pocas horas lejos de la región
de la misma, si fuera necesario; que le permite cambiar constantemente de frente y evitar
cualquier tipo de cerco. De acuerdo con los momentos de la guerra, puede dedicarse la
guerrilla exclusivamente a huir de un cerco, única forma de obligarla a una batalla
decisiva que puede ser muy desfavorable, y también a establecer luchas de contracerco
(pequeñas partidas de hombres presumiblemente están rodeadas por el enemigo cuando
de pronto el enemigo está rodeado por contingentes mayores, o esos hombres, colocados
en un lugar inexpugnable han servido de señuelo y todas las tropas y el abastecimiento
que va para el ejército agresor, han sido cercados, han sido aniquilados de alguna
manera). Característica de esta guerra de movilidad es lo que se denomina minuet, por la
analogía con el baile de ese nombre: las guerrillas cercan una posición enemiga, una
columna que avanza por ejemplo: la cercan absolutamente, por los cuatro puntos
cardinales, pero con cinco o seis hombres en cada lugar y convenientemente alejados para
no ser a su vez cercados; se entabla la lucha en cualquiera de los puntos y el ejército se
moviliza hacia él; la guerrilla retrocede entonces, manteniendo siempre contacto visual
con el enemigo y se inicia el ataque desde otro punto. El ejército repetirá la acción
anterior y la guerrilla también. Así sucesivamente se puede mantener inmovilizada una
columna enemiga haciéndola gastar cantidades grandes de parque, debilitándole la moral
a la tropa, sin mayores peligros.
Esta misma práctica debe aplicarse a las horas de la noche, pero acercándose más,
demostrando mayor agresividad, porque es mucho más difícil un cerco en esas
condiciones. Es decir, la nocturnidad es otra característica importante de la guerrilla que
sirve para avanzar hacia posiciones que van a ser atacadas y también para movilizarse en
territorios no bien conocidos donde existe el peligro de delaciones. Naturalmente, su
inferioridad numérica hace muy necesario que los ataques sean siempre por sorpresa, esa
es la gran ventaja, es lo que permite al guerrillero hacer bajas al enemigo sin sufrir
pérdidas porque no es lo mismo, en un combate entre cien hombres de un lado y diez del
otro, tener una baja por cada lado. La baja enemiga es recuperable en cualquier momento
y corresponde en este ejemplo a un uno por ciento; la baja de la guerrilla necesita más
tiempo para ser recuperada porque constituye un soldado de alta especialización y es el
diez por ciento del conjunto de las fuerzas operantes.
Nunca un soldado muerto de parte de las guerrillas debe ser dejado con sus armas y con
su parque. El deber de todo soldado guerrillero es, inmediatamente que cae un
compañero, recuperar estos preciosísimos elementos de lucha. Precisamente, el parque, el
cuidado que hay que tener con él y su metodización al gastarlo, es otra característica de la
guerra de guerrillas. En cualquier combate entre una fuerza regular y otra guerrillera se
puede identificar a una y a otra por su manera de hacer fuego: grandes concentraciones de
fuego de parte del ejército regular y tiros aislados y precisos de parte del guerrillero.
Cierta vez uno de nuestros héroes, ya muerto, debió emplear su ametralladora durante
casi cinco minutos, ráfaga tras ráfaga, para impedir el avance de los soldados enemigos y
este hecho causó una considerable desorganización en nuestras fuerzas porque
consideraron, por el ritmo del fuego, que esa posición clave estaba tomada por el
adversario, pues era una de las poquísimas ocasiones en que se había hecho caso omiso
de la necesidad de guardar tiros, precisamente por la importancia del punto defendido.
Otra característica fundamental del soldado guerrillero es su flexibilidad para adaptarse a
todas las circunstancias y convertir en favorables todos los accidentes de la acción. Frente
a la rigidez de los métodos clásicos de guerrear, el guerrillero inventa su propia táctica en
cada momento de la lucha y sorprende constantemente al enemigo.
En primer lugar, solamente hay posiciones elásticas, lugares específicos de donde no
puede pasar el enemigo y lugares de diversión del mismo. Es frecuente observar la
sorpresa con que éste nota que un avance gradual, sorteando dificultades fácilmente, se
encuentra de pronto férreamente detenido y no hay posibilidades de seguir adelante. Es
que las posiciones defendidas por los soldados guerrilleros, cuando se ha podido hacer un
estudio cabal del terreno, son inexpugnables. No se cuenta cuántos soldados atacan sino
cuántos soldados pueden defenderla, y una vez establecido ese número se defiende contra
un batallón y casi siempre, por no decir siempre, con éxito. Gran tarea de los jefes es
elegir adecuadamente el momento y el lugar en que una posición será defendida hasta el
final.
La forma de ataque de un ejército guerrillero también es diferente; se inicia sorpresiva,
furibunda, implacable, y se convierte de pronto en una pasividad total. El enemigo
sobreviviente, reponiéndose, cree que el atacante se ha ido, empieza a tranquilizarse, a
normalizar la vida interior del cuartel o de la ciudad sitiada y de pronto surge un nuevo
ataque en otro lugar, con las mismas características, mientras el grueso de la guerrilla
espera los refuerzos presuntos; u otra vez, una posta que defiende un cuartel es atacada de
pronto, dominada, y éste cae en las manos de la guerrilla. Lo fundamental es la sorpresa y
la rapidez del ataque.
Muy importantes son los actos de sabotaje. Es preciso diferenciar claramente el sabotaje,
medida revolucionaria de guerra, altamente eficaz y el terrorismo, medida bastante
ineficaz, en general, indiscriminada en sus consecuencias, pues hace víctimas de sus
efectos a gente inocente en muchos casos y que cuesta gran número de vidas valiosas
para la revolución. El terrorismo debe considerarse como factor valioso cuando se utiliza
para ajusticiar algún connotado dirigente de las fuerzas opresoras, caracterizado por su
crueldad, por su eficiencia en la represión, por una serie de cualidades que hacen de su
supresión algo útil; pero nunca es aconsejable la muerte de personas de poca calidad que
traen como consecuencia un desborde de la represión con su secuela de muertes.
Hay un punto sumamente controvertido en la apreciación de terrorismo. Muchos
consideran que al usarse y exacerbar la opresión policial, impide todo contacto más o
menos legal o semiclandestino de las masas e imposibilita su unión para las acciones que
serían necesarias en un momento determinado. Esto, en sí, es exacto, pero sucede
también que en los momentos de guerra civil y en determinadas poblaciones, ya la
represión del poder gobernante es tan grande que, de hecho, está suprimida toda clase de
acción legal y es imposible una acción de masas que no sea apoyada por las armas. Por
eso hay que tener mucho cuidado en la adopción de medidas de este tipo y analizar las
consecuencias generales favorables que pueden traer para la revolución. De todas
maneras, el sabotaje es siempre un arma eficacísima, bien manejada. No debe emplearse
el sabotaje en inutilizar medios de producción que deje paralizado algún sector de la
población, es decir, que deje gente sin trabajo, sin que influya esa paralización en la vida
normal de una sociedad; es ridículo un sabotaje contra una fábrica de refrescos, pero es
absolutamente correcto y recomendable un sabotaje contra una central eléctrica. En el
primer caso se desplazan unos cuantos obreros y no se modifica el ritmo de la vida
industrial; en el segundo caso también habrá un desplazamiento de obreros, pero
perfectamente justificado por la paralización total de la vida de la región. Insistiremos en
la técnica del sabotaje en otro momento.
Una de las armas favoritas del ejército, arma que se ha pretendido constituir en definitiva
en los actuales momentos, es la aviación; sin embargo, ésta no tiene acción ninguna
mientras la guerra de guerrillas esté en sus etapas primarias, con poca concentración de
hombres en lugares abruptos. La eficacia de la aviación consiste en la destrucción
sistemática de defensas organizadas y visibles; para esto debe haber grandes
concentraciones de hombres que hagan estas defensas, lo que no ocurre en este tipo de
guerra. También es eficaz en las marchas de columnas por lugares llanos o lugares no
protegidos; sin embargo, este último problema se elude fácilmente realizando marchas
nocturnas.
Uno de los puntos más débiles del enemigo es el transporte por carretera y ferrocarril. Es
prácticamente imposible vigilar metro a metro un transporte, un camino, un ferrocarril.
En cualquier lugar se puede poner una carga considerable de explosivo que inutilice la
vía, o también explote en el momento de pasar un vehículo, provocando, además de la
inutilización de las mismas, una considerable pérdida en vidas y material al enemigo.
La fuente de explosivos es variada: se puede traer de otras zonas, o pueden servir las
mismas bombas tiradas por la dictadura, que no siempre estallan, o fabricarse en
laboratorios clandestinos y dentro de la zona guerrillera. La técnica para hacerlas explotar
es muy variada: la fabricación de los mismos también depende de las condiciones de la
guerrilla.
En nuestros laboratorios hacíamos pólvora que utilizábamos como fulminante e
inventamos varios dispositivos para hacer estallar estas minas en el momento indicado.
Los que daban mejor resultado eran los eléctricos, pero la primera mina que se hizo
explotar fue una bomba arrojada por los aviones de la dictadura, a la que se le
introdujeron varios fulminantes y se le agregó una escopeta cuyo gatillo era halado por un
hilo. En el momento en que pasó un carro enemigo se disparó el arma, provocando su
explosión.
Se pueden ir perfilando esas técnicas hasta un grado extremo y tenemos noticias de que
en Argelia, por ejemplo, en la actualidad se usan contra el poderío colonial francés minas
teleexplotables, es decir, por un sistema de radio a larga distancia del punto donde ellas
están situadas.
La técnica de emboscarse en los caminos para hacer explotar minas y aniquilar a los
sobrevivientes es de las más remuneradoras en cuanto a parque y armas; el enemigo
sorprendido no usa sus municiones, no tiene tiempo de huir y con poco gasto de parque
se consiguen resultados apreciables.
A medida que se golpea al enemigo va cambiando su táctica también y en vez de salir
carros aislados transitarán verdaderas columnas motorizadas. Sin embargo, eligiendo bien
el terreno se puede lograr el mismo resultado fraccionando la columna y acumulando
fuerzas sobre un vehículo. Hay que considerar siempre en estos casos, los elementos
esenciales de la táctica guerrillera, que son: el conocimiento absoluto del terreno, la
vigilancia y previsión de los caminos de escape, el conocimiento y vigilancia de todos los
caminos secundarios que pueden llevar al atacante hacia ese punto, el conocimiento de la
población de la zona; el apoyo total de ésta en cuanto a abastecimientos, a transporte, a
ocultación transitoria y a ocultación permanente, cuando es necesario dejar compañeros
heridos, la superioridad numérica en un punto determinado de la acción, la movilidad
total y la posibilidad de contar con reservas.
Si se cumple con todos estos requisitos tácticos, la sorpresa en las vías de comunicación
del enemigo da dividendos notables.
Parte fundamental de la táctica guerrillera, es el trato a todos los seres humanos de la
zona. Es importante, asimismo, el trato dado al enemigo; la norma a seguir debe ser una
implacabilidad absoluta en la hora del ataque, una implacabilidad absoluta con todos los
elementos despreciables que se dediquen a la delación o al asesinato y una clemencia lo
más absoluta posible con los soldados que van a combatir cumpliendo, o creyendo
cumplir, su deber militar. Es buena norma, mientras no haya bases considerables de
operaciones y lugares inexpugnables, no hacer prisioneros. Los sobrevivientes deben ser
dejados en libertad. Los heridos deben ser cuidados con todos los recursos posibles en el
momento de la acción. La conducta con la población civil debe estar reglada por un gran
respeto a todas las tradiciones y normas de la gente de la zona, para ir a una demostración
efectiva, con los hechos, de la superioridad moral del soldado guerrillero sobre el soldado
opresor. No debe ajusticiarse sin dar oportunidad de descargo al reo, salvo momento
especiales.
. Guerra en terrenos favorables
Como ya dijimos, no siempre la lucha guerrillera se va a desarrollar en el terreno más
favorable a la aplicación de sus tácticas; pero en el caso en que esto ocurra, es decir, en
que el grupo guerrillero esté asentado sobre zonas de difícil acceso, ya porque el monte
sea intrincado, haya montañas abruptas, desiertos intransitables, o ciénagas, la táctica
general tendrá que ser siempre la misma y basarse en los postulados fundamentales de la
guerra de guerrillas.
Un punto importante a considerar es el modo de hacer contacto con el enemigo. Si la
zona es tan intrincada, tan adversa que no pueda llegar hasta ella en ningún momento un
ejército organizado, la guerrilla deberá avanzar hasta las zonas donde pueda llegar este
ejército, donde haya posibilidad de combate.
La guerrilla debe combatir pasado el primer momento después de asegurada su
supervivencia. Tiene que salir constantemente de su refugio a pelear, su movilidad no
tiene que ser tanta como en los casos en que el terreno es desfavorable; tendrá, que
adecuarse a las condiciones del enemigo, pero no es necesario un desplazamiento como el
que está implícito en lugares donde el enemigo pueda concentrar gran cantidad de
hombres en pocos momentos. No es tampoco tan importante el carácter de nocturnidad de
esta guerra; podrá en muchos casos hacerse operaciones de día y, sobre todo, efectuar
movilizaciones diurnas, todo esto supeditado a la vigilancia enemiga por tierra y por aire.
Al mismo tiempo, se puede persistir en una acción guerrera durante mucho más tiempo,
en las montañas sobre todo; se puede entablar combates de larga duración con muy pocos
elementos y es muy probable que se logre impedir la llegada de refuerzos enemigos hasta
el escenario de la lucha.
La vigilancia de los posibles lugares de acceso es, sin embargo, un axioma que nunca
debe olvidar el guerrillero, pero su agresividad (por las mismas dificultades que tiene el
enemigo para recibir refuerzos) puede ser aún mayor, puede acercársele mucho más,
hostilizarlo más directamente, combatirlo más frontalmente y durante mayor tiempo; todo
esto supeditado a una serie de circunstancias como la cantidad de parque, por ejemplo.
La guerra en terreno favorable y, particularmente, en las montañas, presenta, frente a
tantas ventajas, el inconveniente de que es difícil tomar en una sola operación una
cantidad considerable de armas y parque debido a las precauciones que toma el enemigo
en estas regiones (nunca el soldado guerrillero debe olvidar el hecho de que debe ser el
enemigo la fuente de abastecimiento del parque las armas). Pero mucho más rápidamente
que en terrenos desfavorables, podrá la guerrilla asentarse, sedentarizarse, es decir,
formar un núcleo capaz de establecer una guerra de posiciones, donde instale,
adecuadamente protegidas de la aviación o de la artillería de largo alcance, las pequeñas
industrias que ha de necesitar, así como los hospitales, centros educativos y de
entrenamiento, además de los almacenes, órganos de difusión, &c.
La integración numérica de la guerrilla en estas condiciones puede ser mucho mayor,
habrá incluso hombres que no peleen y hasta un proceso de entrenamiento para tomar
armas que eventualmente caigan en poder del ejército guerrillero.
El número de hombres que puede tener una guerrilla es materia de cálculos sumamente
flexibles, adecua al territorio, a las facilidades de abastecerlos, a la fuga en masa de gente
oprimida de otras zonas, a las armas disponibles, a las necesidades mismas de la
organización. Pero, en todo caso, es mucho más factible sedentarizarse y engrosarse con
el aporte de nuevos elementos combatientes.
El radio de una guerrilla de este tipo puede ser tan amplio como las condiciones o las
operaciones de otras guerrillas en terrenos adyacentes lo permitan. Todo estará limitado
por el tiempo que se tarde en llegar desde un punto de operaciones a una zona de
seguridad; es decir, calculando que las marchas deben hacerse de noche, no podrá
operarse más allá de cinco o seis horas de su punto de seguridad mínimo; naturalmente,
desde la zona de seguridad, pueden extenderse pequeñas guerrillas que vayan debilitando
constantemente el territorio.
Las armas preferibles para este tipo de guerra son las de largo alcance, con poco gasto de
balas apoyadas por un grupo de armas automáticas o semiautomáticas. De los fusiles y
ametralladoras que hay en los mercados norteamericanos, una de las armas más
recomendables es el fusil M-1, denominado Garand, que debe ser usado por gente con
cierta experiencia, pues tiene el inconveniente de gastar demasiado parque. Se pueden
usar armas de tipo semipesado como ametralladoras de trípode con más margen de
seguridad para ella y sus servidores en los terrenos favorables, pero siempre debe ser un
arma de contención y nunca de ataque.
Una constitución ideal para guerrilla de veinticinco hombres sería: diez a quince fusiles
de un tiro y unas diez armas automáticas entre Garand y ametralladoras de mano,
contando con el apoyo de armas automáticas de fácil transporte y livianas como son los
fusiles ametralladoras de tipo Browning o los más modernos FAL belga y M-14. Entre
las ametralladoras de mano, son preferibles las de nueve milímetros que permiten mayor
transporte de parque y, cuanto más sencilla sea su construcción, más recomendable, por
la facilidad de cambiarles las piezas. Todo eso adecuado al armamento que tenga el
enemigo, pues el parque que éste utiliza es el que vamos a usar cuando esas armas caigan
en nuestras manos. Las armas pesadas que pueda utilizar éste, son prácticamente
desechables. La aviación no puede ver nada y es inoperante, los tanques y cañones muy
poco pueden hacer debido a las dificultades de avanzar en estas zonas.
Un capítulo muy importante, es el abastecimiento; en general, las zonas de difícil acceso,
por este hecho precisamente, también presentan dificultades, pues los campesinos y, por
ende, el abastecimiento de tipo agropecuario directo, escasea. Hay que mantener líneas
estables para poder contar siempre con un mínimo de comida en depósitos, previendo
cualquier contingencia desagradable.
En esta zona de operaciones, por lo general, las posibilidades de sabotaje en gran escala
no son importantes, porque, el mismo hecho ya citado de la inaccesibilidad, hace que
haya pocas construcciones, pocas líneas telefónicas, acueductos, &c., que puedan ser
dañados por una acción directa.
Para los abastecimientos es importante tener animales, de los cuales el mejor, tratándose
de terrenos quebrados, es el mulo. Hay que contar con pastizales adecuados que permitan
una buena nutrición. Este animal puede pasar por terrenos sumamente accidentados, por
donde ninguna otra bestia lograría hacerlo. En los casos más difíciles se debe recurrir al
transporte con hombres. Cada individuo puede transportar una carga de veinticinco kilos,
durante muchas horas diarias y durante muchos días.
Las líneas de comunicaciones con el exterior deben contar con una serie de puntos
intermedios de gente de entera confianza en donde se puedan ir almacenando productos y
donde puedan ir a esconderse los contactos en un momento determinado; además, se
pueden ir creando líneas de comunicaciones internas cuya extensión depende del grado
de desarrollo alcanzado por la guerrilla. En algunas zonas de los frentes de operaciones
de la pasada guerra cubana se establecieron líneas telefónicas de muchos kilómetros de
longitud, se hicieron caminos y se tenía siempre un servicio de mensajeros adecuado para
cubrir todas las zonas en el menor tiempo posible.
Hay, sin embargo, otra serie de posibilidades no aplicadas en la guerra cubana, pero
perfectamente aplicables, como son las señales de humo, las señales de espejos de sol y
las palomas mensajeras.
La necesidad vital de las guerrillas es mantener sus armas en buenas condiciones,
conseguir parque y tener, sobre todas las cosas, zapatos adecuados. Los primeros
esfuerzos industriales deben dirigirse entonces hacia estos objetivos. Las fábricas de
zapatos pueden ser al principio instalaciones de remendones que coloquen medias suelas
a zapatos viejos y, después, se puede ir a la constitución de diferentes fábricas de un buen
promedio diario de zapatos, organizando el trabajo. La fabricación de pólvora es bastante
sencilla y se puede lograr mucho teniendo un pequeño laboratorio y trayendo los
materiales necesarios desde afuera. Los terrenos minados constituyen un grave peligro
para el enemigo, pueden minarse grandes extensiones que exploten de una sola vez
sepultando hasta cientos de hombres.
5. Guerra en terrenos desfavorables
Para hacer la guerra en este tipo de terrenos, es decir, no muy accidentados, sin bosques,
con muchas vías de comunicación, deben cumplirse todos los requisitos fundamentales de
la guerra de guerrillas, sólo que cambiarán las formas de hacerlo. Cambiará, digamos, la
cantidad, no la calidad de la guerra de guerrillas. Por ejemplo: para seguir el mismo orden
anterior, la movilidad de este tipo de guerrillas debe ser extraordinaria, el golpe dado, con
preferencia nocturno, debe ser sumamente rápido, explosivo casi, y la retirada no
solamente veloz sino que debe la guerrilla moverse hacia lugares distintos al de su origen,
lo más lejos posible de la acción, considerando siempre que no haya una posibilidad de
guarecerse en un lugar inaccesible a las fuerzas represivas.
Un hombre puede caminar durante las horas de la noche entre treinta y cincuenta
kilómetros, pero durante las primeras horas del día también se puede marchar, salvo que
las zonas de operaciones no estén perfectamente controladas y haya el peligro de que los
vecinos del lugar vean la tropa pasar y comuniquen al ejército perseguidor la situación,
en dónde la vio y el rumbo. Siempre es preferible, en estos casos, actuar de noche, en el
mayor silencio posible antes y después de realizar la acción y se deben elegir las primeras
horas nocturnas. También aquí los cálculos fallarán pues habrá veces que las horas de la
madrugada serán mejores. Nunca conviene habituar al enemigo a una forma determinada
de guerra; hay que variar constantemente los lugares y las horas de operación y las
formas de hacerlo también.
Ya dijimos que la acción no puede ser persistente sino rápida; tiene que ser de un grado
de efectividad muy grande, de pocos minutos, seguida de una retirada inmediata. Las
armas empleadas aquí no serán las mismas que en los casos de terrenos favorables; es
preferible tener la mayor cantidad de automáticas; en los ataques nocturnos la puntería no
es un factor determinante sino la concentración de fuego; cuanto más armas automáticas
tiren a menor distancia, más posibilidades hay de que el enemigo sea aniquilado.
Además, las explosiones de las minas en los caminos y la destrucción de puentes, son
factores de mucha importancia a tener en cuenta; la agresividad será mucho menor en
cuanto a persistencia de los ataques, en cuanto a continuidad de los mismos, pero podrán
ser de mucha violencia, podrán utilizarse armas diferentes también, como las minas ya
descritas y la escopeta. En vehículos descubiertos y muy cargados de hombres que son,
en general, los utilizados para el transporte de tropas, e incluso en vehículos cubiertos que
no tengan defensas especiales, como pueden ser ómnibus o similares, la escopeta es un
arma tremenda. Una escopeta cargada con balines es de la mayor efectividad. No es este
un secreto de las guerrillas, se utiliza también en las grandes guerras y los
norteamericanos tenían pelotones de escopeteros con armas de gran calidad armadas de
bayonetas para asaltar nidos de ametralladoras.
Hay un problema importante a dilucidar, el del parque: éste será casi siempre quitado el
enemigo. De modo que hay que dar golpes donde haya la seguridad absoluta de restituir
el parque gastado a menos que se cuente con provisiones grandes en lugares seguros; es
decir, no se puede arriesgar un ataque aniquilador contra un grupo de hombres si esto ha
de costar la totalidad del parque y no se va a poder recoger. Siempre en la táctica de la
guerrilla es de considerar el grave problema del abastecimiento del material bélico
fundamental para continuar la lucha. Por eso las armas deben adecuarse a las que tiene el
enemigo salvo algunas cuyo parque pueda ser obtenido en la zona misma o el las
ciudades, como son los revólveres o escopetas.
El número de hombres que pueda tener una guerrilla de este tipo no debe ser superior a
diez o quince. Es de enorme importancia considerar siempre las limitaciones de número
en cuanto a la integración de un solo cuerpo combativo; diez, doce, quince hombres
pueden esconderse en cualquier lugar y al mismo tiempo oponer al enemigo una
resistencia poderosa y apoyarse mutuamente; cuatro o cinco quizá sería un número muy
pequeño, pero cuando el número pasa de diez las posibilidades de que el enemigo los
localice, en su campamento de origen o en alguna marcha, son mucho mayores.
Recuérdese que, en marcha, la velocidad de la guerrilla es igual a la velocidad de su
hombre más lento. Es más difícil encontrar uniformidad de marcha en veinte, treinta o
cuarenta hombres, que en diez. Y el guerrillero del llano debe ser fundamentalmente un
corredor. En el llano es donde la práctica del pega y huye debe adquirir su máxima
expresión. Las guerrillas del llano tienen el enorme inconveniente de poder ser cercadas
rápidamente, de no tener lugares seguros donde oponer una resistencia firme y, por lo
tanto, deben vivir en unas condiciones de absoluta clandestinidad durante un largo tiempo
del proceso, pues no se puede confiar en ningún vecino cuya fidelidad no esté
perfectamente probada. Las represiones del enemigo son tan violentas, tan brutales, en
general, llegando no sólo al cabeza de familia, sino muchas veces a mujeres y niños, que
la presión sobre individuos no muy firmes puede determinar en cualquier momento que
«aflojen» y den indicaciones de dónde está y cómo opera la guerrilla, lo que provocaría
inmediatamente un cerco con consecuencias siempre desagradables, aunque no
necesariamente mortales, para la misma. Cuando las condiciones, el acopio de armas, el
estado insurreccional del pueblo, obliguen a aumentar el número de hombres, deben
dividirse las guerrillas. Si es necesario, en un momento dado, pueden reunirse para dar un
golpe, pero de tal forma, que inmediatamente después se haga la dispersión hacia las
zonas habituales, ya divididos en pequeños grupos de diez, doce o quince hombres.
Se puede perfectamente organizar verdaderos ejércitos con un mando único y obtener el
respeto y la obediencia a ese mando, sin necesidad de estar agrupados. Es por ello que es
muy importante la elección del jefe de la guerrilla, y la seguridad de que este jefe va
responder ideológica y personalmente al jefe máximo de la zona.
Una de las armas que pueden ser usadas por la guerrilla -arma de tipo pesado- de muy
gran utilidad por su fácil transporte y manejo, es la bazooka. En la actualidad, la granada
antitanque de los fusiles puede reemplazarla. Naturalmente, será un arma tomada al
enemigo. Es ideal para disparar sobre vehículos blindados y aun sobre vehículos sin
blindaje que estén cargados de tropas, y para tomar pequeños cuarteles con una
guarnición reducida, en poco tiempo, pero es necesario apuntar que solamente se puede
llevar como máximo, y haciendo ya un considerable esfuerzo, tres obuses por hombre.
En cuanto a esto de la utilización de las armas pesadas tomadas al enemigo, es natural
que no se puede desperdiciar ninguna, pero hay armas, como la misma ametralladora de
trípode, ametralladora pesada calibre cincuenta, &c., que si son tomadas, podrán ser
utilizadas con un sentido de conformidad frente a su pérdida eventual; es decir, no podrá
darse una batalla en las condiciones desfavorables que estamos analizando para defender
una ametralladora pesada o algún otro utensilio de este tipo; simplemente utilizarla hasta
el momento táctico en que sea preciso abandonarla en una posición. En nuestra guerra de
liberación, abandonar un arma constituía un grave delito y no se dio nunca el caso de que
se admitiera un pretexto como el apuntado, pese a lo cual, lo expresamos, explicando
claramente la única situación en que no constituiría motivo de escarnio. El arma del
guerrillero en terrenos desfavorables es la personal de tiro rápido.
Las mismas características de fácil acceso son las que en general permiten que la zona
sea habitable y que haya una buena concentración campesina en esos lugares, y eso
favorecerá enormemente el abastecimiento; teniendo gente de confianza, haciendo
contacto con los establecimientos encargados de expender víveres a la población, se
puede mantener perfectamente una guerrilla sin tener que dedicar tiempo ni mucho dinero
a líneas de comunicaciones largas y peligrosas. También en esto es bueno recalcar que
cuanto más pequeño sea el número de hombres, más fácil se conseguirá la comida de
éstos. Los abastecimientos esenciales, hamacas, frazadas, tela impermeable, mosquiteros,
zapatos, medicinas y comida se encontrarán directamente en la zona. Son objetos de uso
diario por los habitantes de la misma.
Las comunicaciones serán mucho más fáciles en el sentido de poder contar con mayor
número de hombres, muchas más vías para llevarlas a cabo, pero serán mucho más
difíciles en cuanto a la seguridad necesaria para poder llevar un mensaje a un lugar
lejano, pues habrá que contar con una serie de contactos en los cuales se tendrá que
confiar y existirá el peligro de una eventual captura de alguno de los mensajeros que
transiten constantemente por zonas enemigas. Si los mensajes no son de mucha
importancia, debe utilizarse la forma verbal, si lo son, habrá que utilizar la forma escribe
y en clave, puesto que la experiencia enseña que la transmisión oral de boca en boca
desfigura completamente cualquier comunicación transmitida en estas condiciones.
Por las mismas razones apuntadas, además de considerar la extrema dificultad del trabajo,
las industrias adquirirán mucha menor importancia. No se podrán hacer fábricas de
zapatos ni de armas. Prácticamente deberán limitarse a pequeños talleres muy bien
ocultos donde se puedan recargar cartuchos de escopetas, fabricar algún tipo de mina,
niples, en fin, lo adecuado para el momento. Se podrá contar, en cambio, con todos los
talleres amigos de la zona para la clase de trabajo que sea necesario.
Esto nos lleva a dos consecuencias emanadas lógicamente de lo dicho. Una de ellas es
que las condiciones de sedentarización en cuanto a la guerra de guerrillas son inversas al
grado de desarrollo productivo del lugar dado. Todos los medios favorables, todas las
facilidades para la vida del hombre hacen tender a éste a la sedentarización, en la
guerrilla sucede todo lo contrario: mientras más facilidades haya para la vida del hombre,
más nómada, más incierta será la vida del guerrillero. Es que en realidad se rigen por el
mismo principio. Precisamente el título de este capitulo es «La acción en terreno
desfavorable» porque todo lo que es favorable a la vida humana con su secuela de
comunicaciones, de núcleos urbanos y semiurbanos de grandes concentraciones de
gentes, de terrenos fácilmente trabajados por la máquina, &c., colocan al guerrillero en
una situación desventajosa.
La segunda conclusión es que, si el trabajo guerrillero debe traer aparejado
necesariamente un importantísimo trabajo de masas, muchísimo más importante es este
trabajo en la zona desfavorable, es decir, en las zonas donde un sólo ataque enemigo
puede provocar una catástrofe. Debe ser allí continua la prédica, continua la lucha por la
unión de los trabajadores, de los campesinos mismos, de otras clases sociales si las
hubiera en la zona, para lograr una homogeneización total del frente interno con respecto
a los guerrilleros. Y esta labor de masas, este trabajo constante en el aspecto masivo de
las relaciones de la guerrilla y los habitantes de la zona, debe también considerar el caso
individual del enemigo recalcitrante y eliminarlo sin contemplaciones cuando constituya
un peligro. En esto, la guerrilla debe ser drástica. No pueden existir enemigos dentro de la
zona de operaciones en lugares que no ofrezcan seguridad.
6. Guerra suburbana
Si en un momento dado, en la guerra de guerrillas, se llega al acoso de las ciudades, a
penetrar de tal manera el campo circundante, que puedan establecerse, en condiciones de
cierta seguridad, será necesario darles a éstas una educación especial o, mejor dicho, una
organización especial.
Es fundamental precisar que nunca puede surgir por sí misma una guerrilla suburbana.
Tendrá nacimiento después de que se creen ciertas condiciones necesarias para que pueda
subsistir, y esto mismo indica que la guerrilla suburbana estará directamente a las órdenes
de jefes situados en otra zona. Por tanto, la función de esta guerrilla no será llevar a cabo
acciones independientes, sino de acuerdo con planes estratégicos preconcebidos, de modo
tal que su función sea la de secundar la acción de los grupos mayores situados en otra
área y contribuir específicamente al éxito de determinada concepción táctica, sin la
amplitud operacional que tienen las guerrillas de los otros tipos. Es decir, una guerrilla
suburbana no podrá optar entre tumbar teléfonos o ir a hacer atentados en otro lugar, o
sorprender una patrulla de soldados en un camino lejano; hará exactamente lo que se le
diga. Si su función es cortar postes de teléfono, tendidos eléctricos, alcantarillados, vías
férreas, acueductos, deberá limitarse a cumplir estas funciones a cabalidad.
Su integración numérica no debe pasar de cuatro o cinco hombres. Es importante la
limitación del número porque la guerrilla suburbana debe ser considerada como situada
en terrenos excepcionalmente desfavorables, donde la vigilancia del enemigo será mucho
mayor y las posibilidades de represalias aumentan enormemente así como las de una
delación. Hay que contar con circunstancias agravantes el hecho de que la guerrilla
suburbana no puede alejarse mucho de los lugares donde vaya a operar; a la rapidez de
acción y a la rapidez de desplazamiento debe unir, sin embargo, un alejamiento
relativamente pequeño del lugar de la acción, permaneciendo totalmente oculta durante el
día. Es una guerrilla nocturna por excelencia, sin posibilidades de cambiar su manera de
operar hasta que el avance de la insurrección sea tan grande que se pueda sitiar la ciudad
y tomar participación en ello como combatiente activo.
Cualidades esenciales de este guerrillero deben ser la disciplina, en mayor grado quizás
que ninguno, y la discreción. No podrá contarse con más de dos o tres casas amigas que
brinden el alimento; es casi seguro que un cerco en esas condiciones equivalga a la
muerte; las armas, además no serán de la misma categoría que las de los otros núcleos.
Serán de defensa personal, sólo las que no obstaculicen una huida rápida y un escondite
seguro. No deberán tener sino una carabina o una escopeta recortada o dos y los demás
miembros, pistolas, como armas óptimas.
Nunca se realizarán hechos armados sino por sorpresa sobre uno o dos miembros de la
tropa enemiga o su servicio de confidentes, centralizando la acción en el sabotaje
ordenado.
Para esto necesitan un amplio equipo instrumental. El guerrillero tiene que tener sierras
adecuadas, grandes cantidades de dinamita, picos y palas, aparatos de trabajo para
levantar líneas férreas; en fin, un equipo mecánico adecuado al trabajo que va realizar y
escondido en lugares seguros, al alcance fácil de la mano del que lo necesite.
Si hay más de una guerrilla, dependerán todas de un solo jefe, el que ordenará los trabajos
necesarios a través de contactos de probada confianza que hagan vida civil. Podrá en
ciertos casos el guerrillero mantener su trabajo de épocas de paz, pero esto es muy difícil;
prácticamente, la guerrilla suburbana es un grupo de hombres que ya está fuera de la ley,
que tiene complexión de ejército, situado en las condiciones tan desfavorables que hemos
descrito.
La importancia de una lucha suburbana ha sido muy desestimada, pero es extraordinaria.
Un buen trabajo de este tipo, extendido sobre una amplia área, paraliza casi
completamente la vida comercial e industrial de ese sector y coloca a la población entera
en una situación de intranquilidad, de angustia, de ansias casi del desarrollo de sucesos
violentos para salir de esa espera. Si desde el primer momento del inicio de la guerra se
piensa en la posibilidad futura y se van organizando especialistas en este tipo de lucha, se
garantizará una acción mucho más rápida y por tanto un ahorro de vidas y del precioso
tiempo de la nación.
Capitulo II
La guerrilla
1. El guerrillero, reformador social
Ya habíamos identificado al guerrillero como un hombre que hace suya el ansia de
liberación del pueblo y, agotados los medios pacíficos de lograrla, inicia la lucha, se
convierte en la vanguardia armada de la población combatiente. Al comenzar la lucha, lo
hace ya con la intención de destruir un orden injusto y, por lo tanto, más o menos
veladamente con la intención de colocar algo nuevo en lugar de lo viejo.
Habíamos dicho también que en las condiciones actuales de América, por lo menos, y de
casi todos los países poco desarrollados económicamente, los lugares que ofrecían
condiciones ideales para la lucha eran campestres y por lo tanto la base de las
reivindicaciones sociales que levantará el guerrillero será el cambio de la estructura de la
propiedad agraria.
La bandera de la lucha durante todo este tiempo será la reforma agraria. Al principio, esta
bandera podrá estar o no completamente establecida en sus aspiraciones y en sus límites,
o simplemente se referirá al hambre secular del campesino por la tierra donde trabaja o la
que quiere trabajar.
Las condiciones en que se vaya a realizar una reforma agraria dependen de las
condiciones que existan antes de iniciar la lucha y de la profundidad social de la misma.
Pero el guerrillero, como elemento consciente de la vanguardia popular, debe tener una
conducta moral que lo acredite como verdadero sacerdote de la reforma que pretende. A
la austeridad obligada por difíciles condiciones de la guerra debe sumar la austeridad
nacida de un rígido autocontrol que impida un solo exceso, un solo desliz, en ocasión en
que las circunstancias pudieran permitirlo. El soldado guerrillero debe ser un asceta.
Y en cuanto a las relaciones sociales, variarán de acuerdo con el desarrollo de la guerra.
En el primer momento, recién iniciados casi, no podrá ni siquiera intentarse cambio
alguno en la composición social del lugar.
Las mercancías que no puedan comprarse serán pagadas con bonos y rescatados los
mismos en la primera oportunidad.
Al campesino siempre hay que ayudarlo técnica, económica, moral y culturalmente. El
guerrillero será una especie de ángel tutelar caído sobre la zona para ayudar siempre al
pobre y para molestar lo menos posible al rico, en los primeros momentos del desarrollo
de la guerra. Pero ésta seguirá su curso; las contradicciones seguirán agudizándose,
llegará un momento en que muchos de los que miraban con cierta simpatía a la
revolución se pondrán en una posición diametralmente opuesta; darán el primer paso en
la batalla contra las fuerzas populares. En este momento el guerrillero debe actuar y
convertirse en el abanderado de la causa del pueblo, castigando con justicia cualquier
traición. La propiedad privada deberá adquirir en las zonas de guerra su función social.
Vale decir, la tierra sobrante, el ganado no necesario para la manutención de una familia
adinerada, deberá pasar a manos del pueblo y ser distribuido equitativa y justicieramente.
Debe siempre respetarse el derecho del poseedor a recibir un pago por las pertenencias
utilizadas para el bien social, pero ese pago se hará en bonos («bonos de esperanza», les
llamaba nuestro maestro el general Bayo, refiriéndose al vínculo que queda establecido
entre deudor y acreedor).
La tierra y pertenencias o industrias de enemigos connotados y directos de la revolución
deben pasar inmediatamente a manos de las fuerzas revolucionarias. Y aprovechando el
calor de la guerra, estos momentos en que la fraternidad humana adquiere sus valores
más altos, debe impulsarse todo tipo de trabajo en cooperativas que la mentalidad de los
habitantes del lugar permita.
El guerrillero, como reformador social, no sólo debe constituir un ejemplo en cuanto a su
vida, sino que también debe orientar constantemente en los problemas ideológicos, con lo
que sabe o con lo que pretende hacer en determinado momento y, además, con lo que va
aprendiendo en el transcurso de los meses o años de guerra que actúan favorablemente
sobre la concepción del revolucionario, radicalizándolo a medida que las armas han
demostrado su potencia y a medida que la situación de los habitantes del lugar se ha
hecho carne en su espíritu, parte de su vida, y comprende la justicia y la necesidad vital
de una serie de cambios cuya importancia teórica le llegaba antes, pero cuya urgencia
práctica estaba escondida la mayor parte de las veces.
Y esto sucede muy a menudo porque los iniciadores de la guerra de guerrillas o, por
mejor decir, los directores de la guerra de guerrillas, no son hombres que tengan la
espalda curvada día a día sobre el surco; son hombres que comprenden la necesidad de
los cambios en cuanto al trato social de los campesinos pero no han sufrido, en su
mayoría, las amarguras de ese trato. Y sucede entonces -y aquí estoy ampliando la
experiencia cubana y partiendo de ella- que se produce una verdadera interacción entre
estos directores que enseñan al pueblo con los hechos la importancia fundamental de la
lucha armada y el pueblo mismo que se alza en lucha y enseña a los dirigentes esas
necesidades prácticas de que hablamos. Así, del producto de esta interacción del
guerrillero con su pueblo, surge la radicalización progresiva que va acentuando las
características revolucionarias del movimiento y le van dando una amplitud nacional.
2. El guerrillero como combatiente
La vida y característica del guerrillero, fundamentalmente esbozadas, exigen una serie de
condiciones físicas, mentales y morales para adaptarse a ella y poder cumplir a cabalidad
la misión encomendada.
La primera interrogación que surge es, ¿cómo debe ser el soldado guerrillero? Y hay que
contestar que el soldado guerrillero debe ser preferentemente habitante de la zona. Porque
allí tiene sus amistades a quienes recurrir personalmente; porque, al pertenecer a la
misma zona, la conocerá -que es uno de los factores importantes de la lucha guerrillera el
conocimiento del terreno- y, porque estará habituado a las vicisitudes que en ella pase y
podrá entonces rendir un mejor trabajo, sin contar con que agregará a todo esto, el
entusiasmo de defender lo suyo o luchar por cambiar el régimen social que atenta contra
su mundo.
El combatiente guerrillero es un combatiente nocturno, y al decir esto se dice también
que tiene todas las cualidades de la nocturnidad. Debe ser solapado, marchar hacia el
lugar del combate, por llanos o montañas, sin que nadie se entere de sus pasos y caer
sobre el enemigo aprovechando el factor sorpresa, muy importante de recalcar en este
tipo de lucha. Luego del pánico que causa toda sorpresa, debe lanzarse a la lucha
implacablemente, sin admitir una sola debilidad en los compañeros y aprovechando el
menor indicio de ella por parte del contrario. Cayendo como una tromba, destruyéndolo
todo, sin dar cuartel que no sea el que las circunstancias tácticas aconsejen, ajusticiando a
quien haya que ajusticiar, sembrando el pánico entre los combatientes enemigos, pero, al
mismo tiempo, tratando benévolamente a los vencidos indefensos, respetando también a
los muertos.
Un herido debe ser sagrado, curársele lo mejor posible -salvo que su vida anterior lo haga
acreedor a un castigo de la magnitud de la muerte, en cuyo caso se procederá de acuerdo
con los antecedentes del sujeto-. Lo que nunca puede hacerse es llevar un prisionero,
salvo que se tenga ya una sólida base de operaciones, inexpugnable para el enemigo. En
caso contrario, ese prisionero se convertirá en arma peligrosa contra la seguridad de los
habitantes de la región o la guerrilla misma por los informes que pudiera dar al
reintegrarse al ejército de donde proviene. Si no fuera un connotado criminal, se le dejará
en libertad luego de arengarlo.
El combatiente guerrillero debe arriesgar su vida cuentas veces sea necesario, estar
dispuesto a rendirla sin el menor asomo de duda en el momento preciso pero, al mismo
tiempo debe ser precavido y no exponerse nunca innecesariamente. Todas las
precauciones posibles deben ser tomadas para evitar un desenlace adverso o un
aniquilamiento. Por ello es importantísimo en todo combate la vigilancia total de los
puntos por donde puedan llegar refuerzos al enemigo, incluso para evitar un cerco, cuyas
consecuencias no suelen ser tan grandes en cuanto a la magnitud del desastre físico que
ocasiona, sino del desastre moral que reporta la pérdida de fe en las posibilidades de la
lucha.
Sin embargo, debe ser audaz, analizar correctamente los peligros y las posibilidades de
una acción y estar siempre presto a tomar una actitud optimista frente a las circunstancias
y a encontrar una decisión favorable aún en los momentos en que el análisis de las
condiciones adversas y favorables no arroje un saldo positivo apreciable.
Para que el guerrillero pueda sobrevivir en medio de las condiciones de la lucha y acción
del enemigo, se precisa un grado de adaptabilidad que permita al combatiente
identificarse con el medio en que vive, adaptarse a él, aprovecharlo lo más posible como
su aliado. Al mismo tiempo precisa una rápida concepción y una inventiva instantánea
que permita cambiar el curso de los hechos de acuerdo con la marcha de la acción
decisiva.
Estas adaptabilidades e inventivas de los ejércitos populares son las que arruinan todas
las estadísticas y las que frenan el impulso de los amos de la guerra.
El guerrillero no debe, de ninguna manera, dejar a un compañero herido a merced de las
tropas enemigas pues la suerte de éste será, casi seguramente, la muerte. Cueste lo que
cueste, hay que retirarlo de las zonas de combate para trasladarlo a un lugar seguro. Las
más grandes fatigas y los más grandes peligros deben correrse para esta tarea. El soldado
de guerrillas debe ser un extraordinario compañero.
Al mismo tiempo, será callado. Todo lo que se diga o se haga delante de él debe
permanecer reservado estrictamente a su propio conocimiento, nunca permitirse una sola
palabra de más, aun con los propios camaradas de lucha, pues el enemigo tratará en todo
momento de introducir sus hombres dentro de la estructura de la guerrilla para tratar de
enterarse de planes, lugares y medios de vida seguidos o utilizados por ella.
Además de las cualidades morales que hemos apuntado, debe poseer una serie de
cualidades físicas importantísimas. El soldado guerrillero tendrá que ser infatigable.
Habrá que encontrar un más allá en el momento en que el cansancio parezca ser ya
intolerable. Siempre tiene que relucir su gesto, sacado de lo más hondo del
convencimiento, que obligue a dar otro paso, no el último tampoco, pues conseguirá otro,
y otro, y otro hasta llegar al lugar designado por los jefes.
Debe ser sufrido hasta un grado extremo, no sólo para sobrellevar las privaciones de
alimentos, de agua, de vestido y techo a que se ve sometido en todo momento, sino
también para soportar las enfermedades y las heridas que muchas veces deben curarse sin
mayor intervención del cirujano, con la sola acción de la naturaleza; y debe serlo así,
porque la mayoría de las veces el individuo que abandona la zona guerrillera, para ir a
curarse algún mal o alguna herida, es asesinado por el enemigo.
Para cumplir estas condiciones, necesita también una salud de hierro que lo haga resistir
todas estas adversidades sin enfermarse y que convierta su vida de animal acosado en un
factor más de fortalecimiento, para hacerse, ayudado por la adaptabilidad natural, algo así
como una parte misma de la tierra donde combate.
Todas estas consideraciones nos lleven a preguntarnos: ¿cuál será la edad ideal para el
guerrillero? Siempre estos límites son muy difíciles de precisar por una serie de
características sociales y hasta individuales que amplían o disminuyen la cifra. Un
campesino, por ejemplo, será mucho más resistente que un hombre de ciudad. Un hombre
de ciudad, acostumbrado a los ejercicios físicos y a la vida sana, será mucho más
eficiente que un hombre que viviera toda su vida detrás de un escritorio, pero, en
términos generales, se puede decir que la edad máxima del combatiente, en la etapa
absolutamente nómada de la guerrilla, no debe ser mayor de cuarenta años, salvo algunas
excepciones que se dan, sobre todo, entre los campesinos. Uno de los héroes de nuestra
lucha, el comandante Crescencio Pérez, entró en la Sierra con sesenta y cinco años y era
en ese momento uno de los hombres más útiles de la tropa.
Podemos preguntarnos también si es necesaria una composición social determinada entre
los miembros de una guerrilla. Se ha dicho que esta composición social debe ajustarse a
la que tenga la zona elegida como centro de operaciones, es decir, que el núcleo
combatiente del ejército guerrillero debe ser campesino.
El campesino es, evidentemente, el mejor soldado, pero esto no quiere decir de ninguna
manera que se excluya a los demás elementos de la población, quitándoles la oportunidad
de luchar por una causa justa. Además, las excepciones individuales son muy importantes
también en este aspecto.
Todavía no se ha fijado la edad límite inferior. Creemos que no se debe aceptar, salvo,
también circunstancias especialísimas, a menores de dieciséis años en la contienda. Aquí
en general, estos muchachos, casi niños, no tienen el suficiente desarrollo como para
poder soportar los trabajos, las inclemencias, los sufrimientos a que serán sometidos.
Puede decirse que la mejor edad del guerrillero fluctúa entre los veinticinco y los treinta y
cinco años, etapa en que la vida ha tomado cauces definitivos para todos y quien se va,
abandonando su hogar, sus hijos y su mundo entero, ya ha meditado bien su
responsabilidad y lo hace con la decisión firme de no retroceder un paso. También entre
los niños hay casos extraordinarios de combatientes que han logrado las más altas
graduaciones de nuestro Ejército Rebelde, pero no es esto lo normal y, por uno que haya
mostrado sus grandes condiciones combatientes, hay decenas que debieron ser
reintegrados a sus hogares y que constituyeron durante mucho tiempo un lastre peligroso
para la guerrilla.
El guerrillero, ya lo dijimos, es un soldado que lleva, como el caracol, su casa a cuestas,
de modo que tiene que ordenar su mochila de forma tal que la menor cantidad de
utensilios rinda la mayor utilidad posible. Solamente llevará lo imprescindible, pero lo
conservará a través de todas sus peripecias como algo fundamental que no puede
perderse, sino en situaciones adversas extremas.
Por eso mismo, también su armamento será exclusivamente el que lleve consigo. Muy
difícilmente habrá reaprovisionamiento, sobre todo de balas; no mojarlas, repasarlas
siempre, contarlas una a una para que no se pierdan, es la consigna, y el fusil, mantenerlo
en constante estado de limpieza, bien engrasado, con el cañón reluciente, siendo
conveniente que el jefe de cada grupo aplique algún castigo a los que no tengan en estas
condiciones el armamento.
Gentes con características tan nobles de devoción y firmeza que las permitan actuar en las
condiciones adversas ya descritas; tiene que tener un ideal. Este ideal es simple, sencillo,
sin mayores pretensiones, y, en general, no va muy lejos, pero es tan firme, tan claro, que
por él se da la vida sin la menor vacilación. Es, en casi todos los campesinos, el derecho a
tener un pedazo de tierra propia para trabajarla y a disfrutar de un trato social justo. Entre
los obreros, tener trabajo, recibir un salario adecuado y también un trato social justo.
Entre los estudiantes y profesionales se encuentran ideas más abstractas como es el
sentido de la libertad por la que se lucha.
Todo esto nos lleva a preguntarnos cómo vive el guerrillero. Su vida normal es la
caminata. Vamos a poner, por ejemplo, un guerrillero de montaña situado en las regiones
boscosas, con acoso constante por parte del enemigo. En estas condiciones, una guerrilla
se mueve durante las horas del día para cambiar de posición, sin comer; llega la noche, y
en algún claro, cerca de una aguada, se establece el campamento siguiendo la
acostumbrada organización, juntándose cada grupo para alimentarse en común y, al
atardecer, se encienden los fogones, con lo que haya.
El guerrillero come cuando puede y todo lo que puede. A veces fabulosas raciones
desaparecen, en las fauces del combatiente, y otras pasa dos o tres días de ayuno, sin
menguar su capacidad de trabajo.
La vivienda será el cielo abierto; interpuesto entre éste y la hamaca, un pedazo de tela
impermeable de nylon, más o menos grande, y debajo de la hamaca y de la tela, la
mochila, el fusil y las balas, es decir, los tesoros del guerrillero. Hay lugares donde no
conviene quitarse los zapatos ante la posibilidad de un ataque sorpresivo del enemigo. El
zapato es otro de sus preciados tesoros. Quien tiene un par de ellos asegura una existencia
feliz dentro del ámbito de las necesidades imperantes.
Así irá transcurriendo día tras día, sin acercarse a ningún lugar, escapando a todo
contacto que no haya ya previamente establecido, viviendo en las zonas más agrestes y
pasando hambre, sed a veces, frío, calor; sudando en las continuas marchas, secando su
sudor sobre él y agregando nuevos sudores, sin que haya la posibilidad de un aseo
continuo (aunque esto dependa también de la disposición individual de la persona, como
en todos los casos).
Durante la pasada guerra, al entrar en el caserío de El Uvero, después de una marcha de
16 kilómetros y una lucha de dos horas 45 minutos a pleno sol, mas muchos días pasados
en condiciones muy adversas; a orillas del mar, con una temperatura cálida, con un sol
rajante, nuestros cuerpos despedían un olor característico y agresivo que repelía cualquier
extraño que se acercara. Nuestro olfato estaba completamente sincronizado con ese tipo
de vida; las hamacas de los guerrilleros se conocían por su característico olor individual.
En las condiciones descritas, los campamentos deben ser fácilmente levantables, no
deben quedar huellas que lo delaten; la vigilancia tiene que ser extrema. Por diez
hombres que duerman, debe haber uno o dos en vela, renovarse continuamente los
centinelas y mantener todas las entradas del campamento bien vigiladas.
La vida de campaña enseña una serie de trucos para hacer la comida, unos para hacerla
más rápida, otros para condimentarla con cualquier pequeñez que se encuentre en el
monte, otros para inventar nuevos platos que den un aspecto variado al menú guerrillero,
compuesto esencialmente de tubérculos, granos, sal, algo de aceite o manteca y, muy
especialmente, trozos de carne de algún animal sacrificado, esto en cuanto al panorama
de un grupo operando en sectores de áreas tropicales.
Dentro del andamiaje de la vida combatiente, el hecho más interesante, el que lleva a
todos al paroxismo de la alegría y hace marchar con renovados bríos, es el combate. El
combate, clímax de la vida guerrillera, se produce en el momento oportuno en que ha
sido localizado e investigado algún campamento enemigo lo suficientemente débil como
para ser aniquilado, o en el momento en que una columna adversaria avance hacia el
territorio directamente ocupado por la fuerza liberadora. Ambos casos son diferentes.
Contra el campamento, la acción será global y tenderá fundamentalmente a cazar a los
miembros de las columnas que vengan a romper el cerco, porque nunca un enemigo
atrincherado es la presa favorita del guerrillero; el enemigo en movimiento, nervioso,
falto de conocimiento del terreno, temeroso de todo, sin protecciones naturales para
defenderse, es la presa ideal. Por mala situación que tenga quien está parapetado, con
poderosas armas para repeler una agresión, no estará nunca en las mismas condiciones de
una larga columna que es atacada sorpresivamente por dos o tres lugares, fraccionada, y
cuyos atacantes se retiran antes de cualquier reacción en caso de no poder cercarla y
destruirla totalmente.
Si no hay posibilidades de derrotar por hambre o sed o por un asalto directo a los que
están atrincherados en el campamento, después que el cerco haya dado sus frutos
destruyendo a las columnas invasoras, debe retirarse. En el caso de que la columna
guerrillera sea demasiado débil y la columna invasora demasiado fuerte, la acción se
centrará sobre la vanguardia. Hay que tener una predilección especial por ésta, cualquiera
que sea el resultado a que se quiere llegar, pues después que se ha golpeado unas cuantas
veces sobre la misma y se ha difundido entre los soldados la noticia de la muerte casi
constante de quienes ocupan los primeros lugares, la renuencia a ocuparlos provoca hasta
verdaderos motines. Por ello, debe siempre golpearse allí, aunque además se golpee en
cualquier otro punto de la columna.
Del equipo del guerrillero depende la mayor o menor facilidad con que pueda cumplir su
función y adaptarse al medio. El guerrillero, aun reunido en los pequeños conglomerados
que constituyen su grupo de acción, tiene características individuales. Debe tener en su
mochila todo lo necesario para subsistir en caso de quedar solo durante algún tiempo y,
además, su casa habitual. Al dar la lista del equipo, nos referimos esencialmente al que
podría llevar un individuo colocado en las situaciones de inicio de una guerra, en terreno
accidentado, con lluvia frecuente, frío relativo y acoso del enemigo, es decir, nos
colocamos en la situación del inicio de la guerra cubana de liberación.
El equipo del guerrillero se divide en esencial y accesorio. Entre lo primero está la
hamaca que permite descansar adecuadamente. Además, siempre se encuentran dos
árboles donde tenderla y puede servir, en caso de dormir en el suelo, de colchón, siempre
que haya lluvia o esté el terreno mojado, lo que ocurre con mucha frecuencia en las zonas
montañosas tropicales, la hamaca es imprescindible para poder conciliar el sueño, un
pedazo de tela impermeable de nylon es su complemento. Se usa el nylon de un tamaño
que permita cubrir la hamaca, con cuatro cordeles atados en sus respectivos puntas y un
cordel mediano que se ata en los mismos árboles donde será tendida. El último cordel
sirve entonces de divisoria de las aguas y el nylon se ata por sus puntas a cualquier otro
arbusto cercano formando una pequeña tienda de campaña.
La frazada es imprescindible, pues hace mucho frío en la montaña al caer la noche. Es
necesario llevar también un abrigo que permita a su poseedor afrontar los cambios
extremos de temperatura. El vestuario se compondrá de pantalón y camisa de trabajo
rudo, sea de uniforme o no. Los zapatos deben ser de la mejor construcción posible y uno
de los primeros artículos que hay que tener en reserva, pues sin ellos se hace muy difícil
la marcha.
Como el guerrillero lleva la casa a cuestas en la mochila, ésta es algo muy importante.
Las más primitivas pueden hacerse con un saco cualquiera al que se adaptan dos asas de
soga, pero son preferibles las de lona que existen en el mercado o hechas por algún
talabartero. Siempre el guerrillero debe llevar alguna comida personal, además de la que
tiene la tropa o se consuma en el lugar de descanso. Artículos imprescindibles son: el más
importante, manteca o aceite, necesario para el consumo de grasas del organismo;
productos enlatados que no deben consumirse sino en circunstancias en que ya no exista,
materialmente, la posibilidad de lograr comida para cocinar, o cuando haya demasiadas
latas y su peso impida la marcha; las conservas de pescado, de gran poder nutritivo, la
leche condensada, buen alimento, sobre todo por la gran cantidad de azúcar que contiene,
y, además, por su sabor una golosina, puede llevarse también leche en polvo; el azúcar es
otra parte esencial del equipo; y lo es la sal, sin la cual la vida resulta un martirio.
Algunas sustancias que sirvan de condimento a las comidas, para lo cual las más
comunes son la cebolla y el ajo, aunque puede haber otras que varíen de acuerdo con la
característica del país. Con esto cerramos el capítulo de lo esencial.
El guerrillero debe llevar plato, cuchara y cuchillo de monte que le sirva para todos los
diferentes trabajos necesarios. El plato puede ser de campaña o también alguna olla o lata
donde se cocine desde un pedazo de carne frita hasta una malanga, una papa o se haga
alguna infusión como té o café.
Para cuidar el fusil es necesario grasas especiales, que deben ser muy cuidadosamente
administradas -el tipo de aceite de máquina de coser es muy bueno si no hay uno
especial- pañoletas o paños que sirvan para repasar constantemente las armas y una
baqueta para limpiarlas por dentro, trabajo que debe efectuarse con cierta frecuencia. La
canana será de fabricación standard o casera según las posibilidades pero debe ser
suficientemente buena para no perder ni un solo proyectil; las balas son la base de la
lucha, sin ellas todo lo demás sería vano, hay que cuidarlas como oro.
Debe llevarse una cantimplora o un botellón con agua, pues es imprescindible beberla en
abundancia y no siempre se está en condiciones de lograrla en el momento indicado.
Entre los medicamentos hay que llevar los de uso general en todos los casos, como puede
ser la penicilina u otro tipo de antibiótico, sobre todo el tipo oral, bien cerrados,
calmantes febrífugos como la aspirina y medicamentos adecuados para combatir las
enfermedades endémicas del lugar. Pueden ser tabletas contra el paludismo, sulfas para
diarreas, antiparasitarios de cualquier tipo, en fin, acoplar la medicina a las características
de la región. Es conveniente, en lugares donde haya animales venenosos, que se lleve el
suero correspondiente, el resto del equipo médico debe ser quirúrgico. Además, pequeños
equipos personales para curas de menor importancia.
Un complemento habitual y sumamente importante en la vida del guerrillero, es la fuma,
ya sean tabacos, cigarros o picadura para la pipa, pues el humo que puede echar en
momentos de descanso es un gran compañero del soldado solitario. La pipa es muy útil,
pues permite aprovechar al máximo, en los momentos de escasez, todo el tabaco de los
cigarros o el que queda en las colillas de los puros. El fósforo es importantísimo no sólo
para encender cigarros sino para prender el fuego, que es uno de los grandes problemas
del monte en época de lluvia. Es preferible llevar fósforos y un encendedor, de modo que
si a éste le falta la carga queden aquellos como sustitutos.
Es conveniente que se lleve jabón, no tanto para el aseo personal como para el de las
vasijas, pues son frecuentes las infecciones intestinales o irritaciones producto de las
comidas fermentadas que se ingieren conjuntamente con la nueva, debido a la vasija
sucia. Con todo el equipo descrito, un guerrillero puede tener la seguridad de vivir en el
monte en cualquier condición adversa los días necesarios para capear la situación, por
mala que sea.
Hay accesorios que a veces son útiles y otras constituyen un estorbo, pero que, en
general, prestan gran utilidad. La brújula es uno de ellos, aunque, en una zona dada, al
principio se utiliza mucho como complemento para la orientación pero, poco a poco, el
conocimiento del terreno hace innecesario este instrumento, por otro lado, muy difícil de
usar en terrenos montañosos, pues la ruta que indica no es frecuentemente la ideal para
llegar de un lugar a otro, ya que la línea recta suele estar cortada por obstáculos
insalvables. Otro implemento útil es un pedazo de tela de nylon extra para tapar todos las
equipos en un momento de lluvia. Recuérdese que la lluvia es, en los países tropicales,
muy constante en ciertos meses y que el agua es enemiga de todos los implementos del
guerrillero, ya sea comida, armamento, medicinas, papeles o ropa.
Una muda de ropa puede ser llevada pero constituye en general carga de novatos. Lo
usual es llevar como máximo un pantalón, suprimiendo la ropa interior y otros artículos
como la toalla. Es que la vida del guerrillero enseña el ahorro de energía para llevar la
mochila de un lado a otro e irá quitando todo lo que no tiene valor esencial.
Un pedazo de jabón que sirva tanto para lavar los enseres como el aseo personal, un
cepillo de dientes y la pasta, son los adminículos de aseo. Es conveniente que se lleve
algún libro, intercambiable entre los miembros de la guerrilla, libros que pueden ser
buenas biografías de héroes del pasado, historias o geografías económicas,
preferentemente del país, y algunas obras de carácter general que tiendan a elevar el nivel
cultural de los soldados y disminuyan la tendencia al juego u otra forma de distraer el
tiempo, a veces demasiado largo en la vida del guerrillero.
Siempre que haya un espacio extra en la mochila debe llenarse de comida, salvo en zonas
que ofrezcan condiciones muy ventajosas para la alimentación. Pueden llevarse golosinas
o comida de menor importancia que sirva de complemento a las básicas. La galleta puede
ser una de ellas, aunque ocupa mucho lugar y se rompe convirtiéndose en polvo. En los
montes cerrados es útil llevar un machete; en los lugares muy húmedos una botellita con
gasolina o conseguir madera resinosa del tipo del pino que permita en un momento dado
hacer fuego aunque el leño esté mojado.
Debe ser un complemento habitual del guerrillero, una libreta que sirva para anotar datos,
para cartas al exterior o comunicación con otras guerrillas, así como lápiz o pluma.
Siempre debe tener a mano pedazos de cordel, o soga, que tiene múltiples aplicaciones y
además aguja, hilo y botones para la ropa. El guerrillero que lleve este equipo tendrá una
sólida casa a sus espaldas, de un peso considerable pero suficiente para asegurarse la vida
más cómoda dentro de la dura faena de la campaña.
3. La organización de una guerrilla
La organización de una guerrilla no puede hacerse siguiendo un esquema rígido; habrá
innumerables diferencias, producto de la adaptación al medio en que se aplique. Por
razones de exposición supondremos que nuestra experiencia tiene valor universal, pero
recordando siempre que, al divulgarla, se está dejando, en cada momento, la posibilidad
de que haya una nueva manera de hacerlo que convenga más a las particularidades del
grupo armado de que se trate.
El número de los componentes de la guerrilla es uno de los problemas más difíciles de
precisar; hay diferentes números de hombres, diferente constitución de la tropa, como ya
hemos explicado. Vamos a suponer una fuerza situada en terreno favorable, montañoso,
con condiciones no tan malas como para estar en perpetua huida, pero no tan buenas
como para tener base de operaciones. Un núcleo armado situado en este panorama no
debe tener como unidad combatiente más de 150 hombres y ya esta cantidad es bastante
alta; el ideal sería unos cien hombres. Esto constituye una columna y está mandada,
también de acuerdo con la escala jerárquica cubana, por un comandante, es bueno
recalcar que en nuestra guerra se hizo omisión de los grados de cabo y de sargento, por
considerarlos representativos de la tiranía.
Partiendo de estas premisas, un comandante manda el total de las fuerzas, de 100 a 150
hombres, y habrá tantos capitanes como grupos de 30 ó 40 hombres puedan formarse. El
capitán tiene la función de dirigir y aglutinar su pelotón, hacerlo pelear casi siempre
unido y encargarse de la distribución y de la organización general del mismo. En la
guerra de guerrillas la escuadra es la unidad funcional. Cada una, aproximadamente de 8
a 12 hombres, tiene un teniente, el que cumple unas funciones análogas a las de capitán
para su grupo, pero tiene que estar en constante subordinación a éste.
La tendencia operacional de la guerrilla, que es actuar en núcleos pequeños, hace que la
verdadera unidad sea la escuadra; 8 ó 10 hombres es el máximo que puede actuar unido
en una lucha en estas condiciones y, por lo tanto, actuará el grupo bajo las órdenes del
jefe inmediato, muchas veces separados del capitán aunque en el mismo frente de lucha,
salvo circunstancias especiales. Lo que no se debe hacer nunca es fraccionar la unidad y
mantenerse así en los momentos en que no hay lucha. Cada escuadra y pelotón tendrán
asignados el sucesor inmediato en caso de que caiga el jefe, el que debe estar lo
suficientemente entrenado para poder hacerse cargo inmediatamente de su nueva
responsabilidad.
Uno de los problemas fundamentales de esta tropa, en la cual desde el último hombre
hasta el jefe deben recibir el mismo trato, es la alimentación. Esta adquiere una
importancia extrema debido no sólo a la subnutrición crónica, sino también por ser el
reparto el único acontecimiento cotidiano. La tropa, muy sensible a la justicia, mide con
espíritu crítico las raciones; nunca debe permitirse el menor favoritismo con nadie. Si por
alguna circunstancia la comida se reparte entre toda la columna, debe establecerse un
orden y respetarlo estrictamente y, al mismo tiempo, respetar también las cantidades y
calidades de alimentos dado a cada uno. En la distribución de vestimentas el problema es
diferente; serán artículos de uso individual. Deben primar en estos casos dos hechos;
primero, la necesidad que tengan los reclamantes, que casi siempre serán superiores a la
cantidad de objetos a distribuir y, segundo, el tiempo de lucha y los méritos que tenga
cada uno de los mismos.
El sistema del tiempo y los méritos, difícil de precisar, debe ser llevado en cuadros
especiales por algún encargado de ello, sujeto a la inspección directa del jefe de la
columna. Exactamente igual sucede con los otros artículos que eventualmente lleguen y
que no sean de uso colectivo. El tabaco y los cigarros deben ser repartidos de acuerdo con
la norma general de igual trato a todo el mundo.
Para esta tarea de reparto debe haber personas encargadas especialmente de hacerlo. Es
preferible que pertenezcan directamente a la Comandancia. La Comandancia realiza,
pues, tareas administrativas, de enlace, muy importantes, y todas las otras fuera de lo
normal que deban hacerse. Los oficiales de más inteligencia deben estar en ella, sus
soldados deben ser despiertos y de un sentido de sacrificio llevado al máximo, pues las
exigencias serán en la mayoría de los casos superiores a la del resto de la tropa; sin
embargo, no pueden tener derecho a ningún trato especial en la comida.
Cada guerrillero lleva su equipo completo pero hay una serie de implementos de
importancia social dentro de la columna que deben ser distribuidos equitativamente. Para
esto pueden establecerse dos criterios, dependiendo ellos de la cantidad de gente
desarmada que tenga la tropa. Uno de ellos es el distribuir todos los objetos como
medicinas, implementos médico-quirúrgicos u odontológicos, comida extra, vestuario,
enseres generales sobrantes, implementos bélicos pesados, en forma igualitaria entre
todos los pelotones, que se responsabilizarán de la custodia del material asignado. Cada
capitán distribuirá los enseres entre las escuadras, y cada jefe de escuadra entre sus
hombres. Otra solución a emplear, cuando no toda la tropa está armada, es hacer
escuadras o pelotones especiales encargados del transporte; esto suele ser más
beneficioso, pues no se recarga tanto al soldado, ya que los desarmados están libres del
peso y responsabilidad del fusil. De este modo no corren tanto peligro de perderse las
cosas, pues están más concentrados y al mismo tiempo constituye un incentivo para los
portadores cargar más y mejor y demostrar más entusiasmo, ya que puede ser uno de los
premios que permita el empuñar el arma en un futuro. Estos pelotones marcharán en las
últimas posiciones y tendrán los mismos deberes y el mismo trato que el resto de la tropa.
Las tareas a realizar en una columna varían de acuerdo con la actividad de la misma. Si
permanece en el campamento habrá equipos especiales de vigilancia. Conviene tener
tropas aguerridas, especializadas, a las que se les dé algún premio por esta tarea, y que en
general consiste en cierta independencia o en distribuir algún exceso de golosinas o
tabaco entre los miembros de las unidades que hagan tareas extraordinarias, después de
haber repartido lo que corresponde a toda la columna. Por ejemplo, si son 100 hombres y
hay 115 cajetillas de cigarros, esas 15 cajetillas extras podrán ser distribuidas entre los
miembros de las unidades a las que me he referido. La vanguardia y la retaguardia,
perfectamente diferenciadas del resto, tendrán a su cargo las tareas principales de
vigilancia, pero cada uno de los pelotones debe tener la suya propia. Cuanto más lejos del
campamento se vigile, estando en zona libre, sobre todo, mayor es la seguridad del grupo.
Los lugares elegidos deben estar en una altura, dominar una amplia área de día y ser de
difícil acceso durante la noche. Si se va a permanecer algunas jornadas, es conveniente
construir defensas que permitan sostener el fuego adecuadamente en caso de un ataque.
Estas defensas pueden ser destruidas al retirarse la guerrilla del lugar o abandonar las
mismas si las circunstancias ya no hacen necesario un ocultamiento total del paso de la
columna.
En sitios en que se establezcan campamentos permanentes, las defensas deben ir
perfeccionándose en forma constante. Recuérdese que en una zona montañosa, en terreno
adecuadamente elegido, la única arma pesada efectiva es el mortero. Utilizando techos
adecuados con los materiales de la región, maderas, piedra, &c., se logra hacer refugios
perfectos que impiden la aproximación de las huestes contrarias, resguardando a las
propias de los obuses.
En el campamento es muy importante mantener la disciplina, disciplina que debe tener
características educativas, haciendo que los guerrilleros se acuesten a determinada hora,
se levanten también a hora fija, impidiendo que se dediquen a juegos que no tengan una
función social y que tiendan a disolver la moral de la tropa, prohibiendo la ingestión de
bebidas alcohólicas, &c. Todas estas tareas las realiza una comisión de orden interior,
elegida entre los combatientes de más méritos revolucionarios. Otra misión de éstos, es
impedir que se encienda fuego en lugares visibles desde lejos, o que se levanten
columnas de humo cuando todavía no ha anochecido y también vigilar que se limpie el
campamento al abandonarlo la columna, si es que se quiere mantener un absoluto secreto
de la permanencia en determinado lugar.
Hay que tener mucho cuidado con los fogones, cuyas huellas duran mucho tiempo, por lo
que es necesario taparlos con tierra, enterrando además los papeles, las latas, y residuos
de alimentos que se hayan consumido. Durante la marcha debe existir el más absoluto
silencio en la columna. Los órdenes se pasan por gestos o susurros y va corriendo la voz
de boca en boca hasta llegar al último. Si la guerrilla marcha por lugares desconocidos,
abriéndose camino o guiándose mediante algún práctico, la vanguardia irá a unos cien o
doscientos metros o más, adelante, según las características del terreno. En lugares que
pudieran prestarse a confusiones en cuanto a la ruta, se dejará un hombre en cada desvío
esperando al de atrás, y así sucesivamente hasta que llegue el último de la retaguardia.
Esta también irá algo separada del resto de la columna, vigilando los caminos posteriores,
y tratando de borrar lo más posible la huella del paso de la misma. Si hubiera caminos
laterales que ofrecieran peligro, constantemente tiene que haber un grupo que vigile el
citado camino hasta que pase el último hombre. Es más práctico que esos grupos se
utilicen de un solo pelotón especial, aunque pueden ser de cada pelotón, con la obligación
de entregar el puesto a los miembros del siguiente y reintegrarse ellos a su lugar y así
sucesivamente hasta que pase toda la tropa.
La marcha debe ser no solamente uniforme y en orden establecido, sino que éste hay que
mantenerlo siempre, de modo que se sepa que el pelotón número 1 es la vanguardia, el
pelotón número 2 el que le sigue, en el medio el pelotón número 3 que puede ser la
Comandancia; luego el número 4, y la retaguardia el pelotón número 5, o en el número de
ellos que constituyan la columna, pero siempre conservando el orden. En marchas
nocturnas el silencio debe ser mayor y la distancia entre cada combatiente acortarse, de
modo de no sufrir extravíos, con el riesgo consecuente de verse obligado a dar voces o
encender alguna luz. La luz es el enemigo del guerrillero en la noche.
Ahora bien, si todas estás marchas tienen como fin atacar, al llegar un punto indicado, a
donde deban retornar todos una vez logrado el objetivo, se dejarán los pesos superfluos,
mochilas, ollas, por ejemplo, y cada pelotón seguirá con sus armas y equipos bélicos
exclusivamente. Ya el punto a atacar debe haber sido estudiado por gentes de confianza
que hayan hecho los contactos, traído la relación de los guardias del enemigo, traída
también la orientación del cuartel, el número de hombres que lo defienden, &c., y
entonces se hace el plan definitivo para el ataque y se sitúan los combatientes,
considerando siempre que una buena parte de las tropas debe destinarse a detener los
refuerzos. En caso de que el ataque al cuartel sea solamente una distracción para provocar
una afluencia de refuerzos que deban pasar por caminos donde se embosque fácilmente la
gente, después de realizado el ataque un hombre debe rápidamente comunicar al mando
el resultado, por si fuera necesario levantar el cerco para no ser atacados por las espaldas.
De todas maneras siempre tiene que haber vigías en los caminos de acceso al lugar del
combate, mientras se produce el cerco o el ataque directo.
De noche, es preferible siempre un ataque directo. Puede llegar a conquistarse el
campamento si se tiene el empuje y la presencia de ánimo necesarios y no se arriesga
mucho.
En el cerco, sólo resta esperar e ir haciendo
trincheras, acercándose cada vez más al
enemigo, tratando de hostilizarlo por todos
los medios y, sobre todo, tratando de
hacerlo salir por el fuego. Cuando se esta
bien cerca, el «cóctel molotov» es un arma
de extraordinaria efectividad. Cuando no se
ha llegado a tiro de «cóctel», pueden
emplearse escopetas con un dispositivo
especial. Estas armas, bautizadas por
nosotros en la guerra con el nombre de M-
16, consisten en una escopeta calibre 16,
recortada, con un par de patas agregadas en
forma tal que éstas formen un trípode con la
punta de la culata. El arma así preparada
estará en un ángulo aproximado de 45
grados; éste se puede variar corriendo hacia
adelante o hacia atrás las patas delanteras.
Se carga con un cartucho abierto al que se le
han sacado todas las municiones. Este se
adapta perfectamente a un palo lo más
cilíndrico posible, dicho palo viene a ser el
proyectil y sobresale del cañón de la
escopeta. En la punta que sobresale se le
agrega un complemento de latón con un
amortiguador de goma en la base y una botella de gasolina. Este aparato tira las botellas
encendidas a 100 metros o más y tiene una puntería bastante exacta. Es un arma ideal
para cercos donde los enemigos tengan muchas construcciones de madera o material
inflamable y también para disparar a los tanques en terrenos abruptos.
Una vez finalizado el cerco con el triunfo, o levantándolo cumplidos los objetivos, todos
los pelotones se retiran en orden hacia los lugares donde están sus mochilas y se sigue la
vida normal.
La vida nómada del guerrillero, en esta etapa, lleva a un gran sentido de confraternidad
con los compañeros, pero también, a veces, a peligrosas rivalidades entre grupos o
pelotones. Si no se canalizan éstas para producir emulaciones beneficiosas, se corre el
riesgo de fragmentar la unidad de la columna. Es muy conveniente la educación de los
guerrilleros desde la más temprana iniciación de la lucha, explicándoles el sentido social
de la misma y sus deberes, en fin, clarificando su mente y dándoles lecciones de moral
que les vayan forjando el carácter y hagan que cada experiencia adquirida se convierta en
una nueva arma de superación y no en un simple adminículo más para luchar por la
supervivencia.
Uno de los grandes factores educativos es el ejemplo. Por ello los jefes deben
constantemente ofrecer el ejemplo de una vida cristalina y sacrificada. El ascenso del
soldado debe estar basado en la valentía, capacidad y espíritu de sacrificio; quien no
cumpla esos requisitos a cabalidad no debe tener cargos responsables, pues en algún
momento provocará cualquier accidente indeseable.
La conducta del guerrillero estará sujeta a juicio cuando se acerque a una casa cualquiera
a pedir algo. Los moradores del lugar sacarán conclusiones favorables o desfavorables de
la guerrilla, de acuerdo con la forma como se solicite algún servicio, un alimento, algo
necesario, y de los métodos usados para conseguir lo deseado. Muy cuidadoso debe ser el
jefe en la explicación detallada de estos problemas, en darles la importancia que se
merecen y adoctrinar también con el ejemplo. Si se fuera a entrar a un pueblo, deben
prohibirse las bebidas alcohólicas, exhortar a la tropa antes, darle el mayor ejemplo
posible de disciplina y vigilar constantemente las entradas y salidas del poblado.
La organización, capacidad combativa, heroicidad y espíritu de la guerrilla tienen que
sufrir su prueba de fuego en el caso de un cerco, que es la situación más peligrosa de la
guerra. En la jerga de nuestros guerrilleros, en la guerra pasada, se llamaba «cara de
cerco» a la cara de angustia que presentaba algún amedrentado. Cerco y aniquilación
llamaban pomposamente a sus campañas los jerarcas del régimen depuesto. Sin embargo,
para una guerrilla conocedora del terreno, unida ideológica y emocionalmente con el jefe,
no es este un problema de mucha importancia. Hay simplemente que parapetarse, tratar
de evitar el avance del enemigo y su acción con equipo pesado, y esperar la noche, aliada
natural del guerrillero. Al oscurecer, con el mayor sigilo posible, después de explorar y
elegir el mejor camino, se irá por él, utilizando el medio de escape más adecuado y
observando el más absoluto silencio. Es sumamente difícil que en esas condiciones, en la
noche, se pueda impedir a un grupo de hombres que escape del cerco.
4. El combate
El combate es el drama más importante de la vida guerrillera. Ocupa sólo momentos en el
desarrollo de la contienda; sin embargo estos instantes estelares adquieren una
importancia extraordinaria pues cada pequeño encuentro es una batalla de índole
fundamental para los combatientes.
Ya habíamos apuntado anteriormente que el ataque debe realizarse siempre de tal modo
que de garantías de triunfo. Además de lineamientos generales sobre la función táctica
del ataque en la guerra de guerrillas, se deben apuntar las diferentes características que
pueda presentar cada acción. En primer lugar, adoptamos para la descripción el tipo de
lucha en terreno apto, porque es realmente el modelo de origen de la guerra de guerrillas
y es el aspecto en el cual se necesita manejar algunos principios anteriores a la
experiencia práctica para resolver ciertos problemas. La guerra del llano es, como
siempre, el producto de un avance de las guerrillas por su fortalecimiento y el de las
condiciones del medio ambiente y esto lleva aparejado un aumento de la experiencia, de
quien lo ejecuta y, por ende, un aprovechamiento de esa experiencia.
En la primera época de la guerra de guerrillas, sobre el territorio insurgente se internarán
en forma profunda las columnas enemigas; de acuerdo con las fuerzas de estas columnas
se harán dos tipos de ataques diferentes. Uno de ellos sistemáticamente provoca en un
determinado número de meses, la pérdida de la capacidad ofensiva de los mismos y
precede cronológicamente al otro. Se realiza sobre las vanguardias; los terrenos
desfavorables impiden que las columnas avancen con suficiente defensa en sus flancos;
de este modo tiene que haber siempre una punta de vanguardia que, al internarse y
exponer las vidas de sus componentes, esté garantizando la seguridad del resto de la
columna. Cuando no hay hombres suficientes, no se cuenta con reservas y además el
enemigo es fuerte, se debe ir siempre a la destrucción de esa punta de vanguardia. El
sistema es sencillo, necesita solamente cierta coordinación. En el momento en que
aparece la punta de vanguardia por el lugar estudiado -lo más abrupto posible- se deja
penetrar a los hombres necesarios y se inicia un fuego mortífero sobre estos. Un pequeño
grupo tiene que contener al resto de la columna por algunos momentos para que se
recojan las armas, municiones y equipos. Siempre debe estar presente en el soldado
guerrillero que su fuente de abastecimiento de armas está en el enemigo y que salvo
circunstancias especiales, no se debe dar batalla que no esté conducida a conseguir estos
equipos.
Cuando la fortaleza de la guerrilla lo permita, se hará un cerco completo de la columna;
por lo menos, se dará esa impresión. En ese caso la vanguardia tiene que ser tan fuerte y
estar tan bien atrincherada que resista los embates frontales del enemigo, calculando,
naturalmente, su poder ofensivo y su moral de combate. En el momento en que aquél es
detenido en algún lugar especial, las fuerzas guerrilleras de retaguardia surgen atacándolo
por la espalda. Como será un lugar elegido con tales características que sea difícil la
maniobra por los flancos, fácilmente podrán estar apostados francotiradores que
mantengan a toda la columna, 8 ó 10 veces superior en número, quizás, dentro del cerco
de fuego. En estos casos, siempre que haya fuerzas suficientes, deben controlarse todos
los caminos con emboscadas para detener los refuerzos. El cerco se irá cerrando
gradualmente, sobre todo por la noche. El guerrillero conoce los lugares donde combate,
la columna invasora los desconoce, el guerrillero crece en la noche y el enemigo ve
crecer su miedo en la oscuridad. En esta forma puede, con cierta facilidad, destruirse una
columna totalmente, o infligirle tales pérdidas que le impidan volver al campo o necesite
mucho tiempo para reagruparse.
Cuando la fuerza de la guerrilla es mínima y se quiere de todas maneras detener o
disminuir el avance de la columna invasora, deberán distribuirse grupos de tiradores que
fluctúen de dos a diez en cada uno de los cuatro puntos cardinales rodeando a esta
columna. En esta forma podrá entablarse un combate por el flanco derecho, digamos;
cuando el enemigo centre su acción sobre este flanco y cargue sobre él, en el momento
preciso, se iniciará el tiroteo por el flanco izquierdo; en otro momento por la retaguardia
o la vanguardia y así sucesivamente.
Con un pequeñísimo gasto de parque se podrá tener al enemigo en jaque perpetuo.
La técnica del ataque a un convoy o posición enemiga debe adaptarse a las condiciones
del lugar elegido para el combate. Debe asegurarse, en general, que el primer ataque a un
lugar cercado sea por sorpresa, en horas nocturnas contra algún puesto avanzado. Un
ataque por sorpresa realizado por comandos adiestrados puede liquidar fácilmente una
posición, pues cuenta con la ventaja de lo imprevisto. Para un cerco en regla, las zonas de
escape pueden ser controladas con pocos hombres y los caminos de acceso defendidos
con emboscadas, distribuidas de tal forma que al ser rebasada una, se repliegue o
simplemente se retire y quede una segunda y así sucesivamente. En casos donde no exista
el factor sorpresa, dependerá que se triunfe o no en el intento de tomar el campamento, de
la capacidad de la fuerza cercadora para detener los intentos de las columnas de auxilio.
En estos casos suele haber apoyo de artillería, morteros y aviones, además de tanques por
parte del enemigo. En terrenos aptos el tanque es un arma de poco peligro; debe transitar
por caminos estrechos y es fácil víctima de las minas. En general la capacidad ofensiva
que tienen estos vehículos en formación pierde aquí su valor, pues deben marchar en fila
india, o a lo más de dos en dos. La mejor arma, la más segura contra el tanque, es la
mina, pero, en la lucha cuerpo a cuerpo, fácil de realizar en lugares abruptos, el «cóctel
molotov» es un arma de extraordinario valor. No hablemos ya de la bazooka, que
significaría para la fuerza guerrillera un arma decisiva pero difícil de alcanzar, por lo
menos en los primeros momentos. Contra el mortero existe el recurso de la trinchera con
techo. El mortero es un arma de formidable eficacia para usar contra un lugar cercado
pero a la inversa, es decir, contra sitiadores móviles disminuye su poder si no es usado en
baterías grandes. La artillería no tiene mayor importancia en este tipo de lucha pues debe
estar emplazada en lugares de cómodo acceso y no ve los blancos, que son movedizos. La
aviación constituye la principal arma de las fuerzas opresoras, pero también su poder de
ataque se ve muy reducido por el hecho de que pequeñas trincheras, en general en lugares
no visibles, constituyen su único blanco. Podrán tirarse bombas de alto poder explosivo, o
bombas de gasolina gelatinosa, todo lo cual constituyen más bien inconvenientes que
verdaderos peligros. Además, acercándose lo más posible a las líneas defensivas
enemigas, se hace muy difícil para la aviación atacar con eficacia estas puntas de
vanguardia.
Cuando se sitien campamentos con construcciones de madera o inflamables, si es que se
puede llegar a una distancia corta, es un arma importantísima el ya citado «cóctel
molotov». En distancias más largas se pueden arrojar también botellas del material
inflamable, con su mecha ya encendida disparándolas con una escopeta calibre 16, como
ya dijimos anteriormente.
De todos los tipos de minas a usar, el más efectivo pero que conlleva una eficiencia
técnica no siempre posible, es la mina teleexplotada, pero las de contacto, de mecha y,
sobre todo, las eléctricas con cordón, son de extrema utilidad y constituyen, en caminos
de serranía, defensas casi inexpugnables para las fuerzas populares.
Una buena medida de
defensa contra los carros
blindados es, en los
caminos, hacer zanjas
inclinadas, de modo que
el tanque entre fácilmente
en ellas y después le
cueste trabajo salir, en la
forma que el grabado lo
explica y que es
fácilmente ocultable al
enemigo, sobre todo en
marchas nocturnas, o
cuando no puede mandar
infantería por delante de
los tanques, dada la
resistencia de las fuerzas
guerrilleras.
Otra forma común de avance del enemigo, en zonas no totalmente abruptas, es en
camiones más o menos abiertos. Las columnas son precedidas por algunos carros
blindados y luego viene la infantería transportada en camiones. De acuerdo con la fuerza
de la guerrilla, se puede cercar la columna íntegra, o se la puede diezmar, atacando
alguno de los camiones y explotando simultáneamente minas. Hay que actuar
rápidamente en este caso, quitar las armas de los enemigos caídos y retirarse. Si las
condiciones lo permiten, se puede hacer un cerco total, como ya lo dijimos, observando
las reglas generales del mismo.
Para el ataque a camiones abiertos, un arma de mucha importancia y que debe ser
utilizada en todo su poderío, es la escopeta. Una escopeta calibre 16, con balines, puede
cubrir 10 metros, casi toda el área del camión, matando algunos de los ocupantes,
hiriendo a otros y provocando una confusión enorme. En el caso de poseerlas, las
granadas son armas excelentes para estos casos.
Para todos estos ataques, es fundamental, porque es una de las características elementales
de la táctica guerrillera, la sorpresa, por lo menos al momento de sonar el primer disparo.
Y ésta no puede producirse si los campesinos de la zona conocen de la presencia del
ejército insurgente. Es por ello que todos los movimientos de ataque deben hacerse
nocturnos. Solamente hombres de probada discreción y lealtad pueden conocer estos
movimientos y establecer los contactos. Debe marcharse con mochilas llenas de
alimentos para poder sobrevivir dos, tres o cuatro días en los lugares de emboscada.
Nunca debe confiarse demasiado en la discreción campesina, primero porque hay una
lógica tendencia a hablar, a comentar los hechos con otras personas de la familia o de
confianza y, luego, porque la bestialidad natural con que tratan a la población los
soldados enemigos después de una derrota, siembra el terror entre ésta, y ese terror
provoca el que alguno, tratando de cuidar su vida, hable más de lo debido revelando
noticias fundamentales.
En general debe elegirse como lugar de emboscada alguno que esté por lo menos a un día
de camino de los establecimientos habituales de la guerrilla, que el enemigo siempre
conocerá con mayor o menor aproximación.
Hemos dicho anteriormente que la forma de disparar señala en un combate la situación de
las fuerzas oponentes; de un lado el tiro violento, nutrido, del soldado de línea -con
parque abundante y acostumbrado a eso-, y del otro, el metódico, esporádico, del
guerrillero que conoce el valor de cada cápsula y se dispone a gastarla con un cabal
sentido del ahorro, no disparando nunca un tiro más de lo necesario. Tampoco es lógico,
por ahorrar parque, dejar escapar a un enemigo o no hacer funcionar una emboscada a
plenitud, pero debe prevenirse en cálculos anteriores el parque que podrá gastarse en
determinadas circunstancias y ceñir la ocasión al consejo de esos cálculos.
El parque es el gran problema del guerrillero. Armas se consiguen siempre y las que
ingresan no se van de la guerrilla, pero el parque se va tirando y, además, en general, se
capturan armas con su parque, y nunca o pocas veces parque solo. Cada arma que ingresa
tiene sus tiros, pero no puede contribuir al de los demás pues no hay sobrantes. El
principio táctico del ahorro de los disparos es fundamental en este tipo de guerra.
Nunca puede un jefe guerrillero, que se precie de serlo, descuidar ]a retirada. Deben éstas
ser oportunas, ágiles, que permitan salvar toda la impedimenta de la guerrilla, ya sean
heridos, mochilas, municiones, &c., y nunca debe ser sorprendido el rebelde en retirada
ni puede permitirse el lujo de dejarse rodear. Por todo ello, el camino elegido debe ser
custodiado en todos aquellos lugares donde eventualmente el ejército enemigo pueda
hacer avanzar tropas para tratar de tirar un cerco; ha de haber un sistema de correo que
permita avisar rápidamente a los compañeros si alguna fuerza trata de rodearlos.
En el combate siempre ha de haber hombres desarmados. Esos hombres recogerán el fusil
de algún compañero herido o muerto, algún fusil incorporado en combate perteneciente a
un prisionero, se ocuparán de los mismos, del traslado de los heridos y de la transmisión
de mensajes. Además debe contarse con un buen cuerpo de mensajeros, de piernas de
hierro y de seriedad probada, que den los avisos necesarios en el menor tiempo posible.
Es muy relativo el número de hombres que se necesitan al lado de los combatientes
armados, pero se puede calcular en dos o tres para cada diez, entre los que asistirán al
combate y realizarán todas las tareas necesarias en la retaguardia, defendiendo las
posiciones de retirada o estableciendo los servicios de mensajes de que hablamos
anteriormente.
Cuando se hace una guerra de tipo defensivo, es decir, cuando está empeñada la guerrilla
en no permitir pasar de determinado lugar a una columna invasora, la lucha se convierte
en una guerra de posiciones, pero debe tener siempre al inicio las características anotadas
de sorpresa. En este caso, en que se van a hacer trincheras y otra serie de sistemas
defensivos que son fácilmente observables por los campesinos del lugar, debe asegurarse
que éstos permanezcan en la zona amiga. En general, en este tipo de guerra, se establece
por el gobierno el bloqueo de la región y los campesinos que no han huido, deben ir a
comprar sus alimentos primordiales a establecimientos situados en zonas fuera de la
acción de las guerrillas. El que estas personas en momentos culminantes, como el que
estamos describiendo, salgan de la región, constituye un peligro muy grande, por las
infidencias y las confidencias que pudieran eventualmente suministrar al ejército
enemigo. La política de tierra arrasada debe constituir la base de la estrategia del ejército
guerrillero en estos casos.
Ahora bien, las defensas y todo el aparato defensivo, deben hacerse de tal manera que
siempre la vanguardia enemiga caiga en una emboscada. Es muy importante el hecho
psicológico de que los hombres de vanguardia mueran ineludiblemente en cada combate,
pues esto va creando dentro del ejército adversario una conciencia cada vez más marcada
de este hecho, que lleva a un momento en que nadie quiere ser vanguardia; y es obvio que
una columna si no tiene vanguardia no puede moverse, pues alguien debe asumir esta
responsabilidad.
Por lo demás, pueden realizarse cercos, si se estima conveniente, maniobras dilatorias de
ataques de flanco, o simplemente detener frontalmente al enemigo, pero en todos los
casos deben fortificarse los lugares que sean susceptibles de ser utilizados por el enemigo
para tareas de flanqueo.
Desde ya, esto está indicando que se cuenta con más hombres y más armas que en los
combates anteriormente descritos, pues es evidente que consume mucho personal el
bloqueo de todos los eventuales caminos convergentes de una zona, que pueden ser
muchos. Debe aumentarse aquí todo género de trampas y de ataques contra los vehículos
blindados y darle la mayor seguridad posible a los sistemas de trincheras estables, por lo
tanto, localizables. En general, en este tipo de lucha la orden que se da es la de morir en
las defensas y hay que asegurar a cada defensor el máximo de posibilidades de
sobrevivir.
Cuando más oculta se haga una trinchera para la observación lejana, mejor es y, sobre
todo, es bueno hacerle techos, para que la labor de los morteros se nulifique. Los
morteros de los usados en campaña 60.1 u 85 mm no pueden perforar un buen techo
hecho simplemente con materiales de la región, que puede ser un piso de madera, tierra y
piedras cubierto por un material que lo esconda a la vista del enemigo. Siempre debe
hacérsele una salida que permita, en caso extremo, escapar al defensor sin mayores
peligros para su vida.
Todo este andamiaje indica bien claramente que no existen líneas de fuego determinadas.
La línea de fuego es algo más o menos teórico que se establece en determinados
momentos cumbres, pero son sumamente elásticas y permeables por ambos bandos. Lo
que existe es una gran «tierra de nadie». Pero la característica de la «tierra de nadie» de
una guerra de guerrillas, es que en ella existe población civil y que esa población civil
colabora en cierta medida con alguno de los dos bandos, aunque en abrumadora mayoría
con el bando insurrecto. No puede ser desalojada masivamente de la zona por su
extensión y porque crearía problemas de abastecimiento a cualquiera de los contendientes
al darle comida a una cantidad considerable de habitantes. Esta «tierra de nadie» es
perforada por incursiones periódicas (diurnas en general) de las fuerzas represivas y
nocturnas de las fuerzas guerrilleras. Estas últimas encuentran allí una base de sustento de
mucha importancia para sus tropas que debe ser cuidada en el orden político,
estableciendo siempre las mejores relaciones con los campesinos y comerciantes.
En este tipo de guerra, el trabajo de los no combatientes directos, vale decir de los que no
portan un arma, es importantísimo. Ya señalamos algunas características de los enlaces
en los lugares de combate, pero el enlace es una institución dentro de la organización
guerrillera; los enlaces, hasta la más lejana comandancia si la hay, o hasta el más lejano
grupo de guerrilleros, deben estar encadenados de tal forma que siempre pueda llegarse,
por el sistema más rápido conocido en la región, de un lugar a otro, y esto debe ser tan
valedero en tierras de fácil defensa, es decir en territorios aptos, como en tierras inaptas.
No se admite, por ejemplo, que una guerrilla operando en tierra inapta, vaya a permitir
los sistemas modernos de comunicación, como son el telégrafo, los camiones, &c., salvo
algunos inalámbricos imposibles de destruir pero que solamente pueden ir a guarniciones
militares sólidas que defiendan dicho sistema, pues si cae en manos de la fuerza
liberadora, hay que variar claves y frecuencias, tarea a veces bastante engorrosa.
En todos estos casos estamos hablando con la memoria de lo ocurrido en nuestra guerra
de liberación. El informe diario y verídico de todas las actividades del enemigo se
complementa con el de enlace. El sistema de espionaje debe ser muy bien estudiado, muy
bien trabajado y sus individuos elegidos con él máximo esmero. El mal que puede hacer
en estos casos un «contraespía» es enorme, pero aún sin llegar a ese extremo, son muy
grandes los males que pueden sobrevenir de resultas de una información exagerada, ya
sea aumentando o disminuyendo el peligro. Es difícil que éste se disminuya. La tendencia
general de hombre del campo es a aumentarlos y exagerarlos. La misma mentalidad
mágica que hace aparecer fantasmas, y toda serie de seres sobrenaturales, crea también
ejércitos monstruosos donde apenas hay un pelotón, una patrulla enemiga. Además, el
espía debe ser lo más neutro posible, desconociéndose para el enemigo toda clase de
conexión con las fuerzas de liberación. No es una tarea tan difícil como parece y se
encuentran muchos a través de la guerra: comerciantes, profesionales y hasta religiosos
pueden prestar su concurso en toda esta serie de tareas y dar el informe a tiempo.
Es una de las más importantes características de la guerra de guerrillas, la diferencia
notable que hay entre la información que logran las fuerzas rebeldes y la información que
poseen los enemigos. Mientras éstos deben transitar por zonas absolutamente hostiles,
donde se encuentran con el hosco silencio de los campesinos, aquéllos, es decir los
defensores, cuentan en cada casa con un amigo y hasta con un familiar y constantemente
van circulando los partes a través de los sistemas de enlace hasta alcanzar la jefatura
central de la guerrilla o el núcleo guerrillero que esté en la zona.
Cuando se produce una penetración enemiga en territorio ya declaradamente guerrillero
donde todos los campesinos responden a la causa del pueblo, se crea un problema serio;
la mayoría de ellos trata de escapar con el ejército popular, abandonando sus hijos y sus
quehaceres, otros llevan hasta la familia completa y algunos se quedan esperando los
acontecimientos. El inconveniente más grave que puede provocar una penetración
enemiga en territorio guerrillero es el que queden cantidad de familias en situación
apretada y a veces desesperada. Debe dárseles el máximo de apoyo a todas ellas, pero
prevenirlas de los males que pueden sobrevenir por una huida hacia zonas inhóspitas,
lejos de sus lugares habituales de abastecimiento y expuestas a las calamidades que
suelen provocarse en estos casos.
No se puede hablar de un «patrón de represiones» por parte de los enemigos del pueblo;
en cada lugar, de acuerdo con circunstancias específicas, sociales, históricas y
económicas, los enemigos del pueblo actúan de una manera más o menos intensamente
criminal, aunque siempre son iguales los métodos generales de represión. Hay lugares
donde la huida del hombre hacia la zona guerrillera, dejando a su familia en la casa no
provoca mayor reacción. Hay otros donde esto basta para quemar las pertenencias del
individuo o requisarlas y otros donde la huida provoca la muerte de todos sus familiares.
Es natural que se haga adecuada distribución y organización de los campesinos que van a
ser afectados por un avance enemigo, de acuerdo con las normas que se conozcan sobre
la guerra en esa zona o país determinado.
Lo evidente es que hay que prepararse para expulsar al enemigo del territorio afectado,
actuando profundamente sobre los abastecimientos, cortando completamente las líneas de
comunicaciones, destruyendo por medio de pequeñas guerrillas los intentos de
abastecerse u obligándolo a invertir grandes cantidades de hombres en hacerlo.
En todos estos casos de combates, factor muy importante en cada lugar en que se traba
uno, es la correcta utilización de las reservas. El ejército guerrillero, por sus
características, muy pocas veces puede contar con ellas, pues siempre da golpes donde
hasta la labor del último individuo debe ser regulada y empleada en algo. Sin embargo,
dentro de estas características, deben tenerse hombres listos en tal o cual lugar, para
responder a un imprevisto y poder detener una contraofensiva o definir una situación en
un momento dado. De acuerdo con la organización de la guerrilla y con las características
y posibilidades del momento, se puede tener, para estos menesteres, un pelotón
«comodín», pelotón que siempre debe ir a los lugares del mayor peligro, que puede
bautizársele como «pelotón suicida» o con cualquier otro título, pero que en realidad
cumpla las funciones que el nombre indica. Este pelotón «suicida» debe estar en todos los
lugares donde se decida un combate; en los ataques por sorpresa de la vanguardia, en la
defensa de los sitios más vulnerables y peligrosos, en fin, donde quiera que el enemigo
amenace con quebrar la estabilidad de la línea de fuego. Debe integrarse por absoluta
voluntariedad y constituir casi un premio pare el individuo el ingresar en este pelotón. Se
llega a hacer con el tiempo la niña mimada de cualquier columna guerrillera y el
guerrillero que ostente el distintivo de pertenecer a ese cuerpo cuenta con la admiración y
el respeto de todos sus compañeros.
5. Principio, desarrollo y fin de una guerra de guerrillas
Ya hemos definido sobradamente lo que es una guerra de guerrillas. Vamos a relatar
entonces el desarrollo ideal de ella, naciendo en un núcleo único, en terreno favorable y
describiéndola a partir de allí.
Es decir, vamos a teorizar nuevamente sobre la experiencia cubana. Al inicio, hay un
grupo más o menos armado, más o menos homogéneo, que se dedica casi exclusivamente
a esconderse en los lugares más agrestes, más intrincados, manteniéndose en escaso
contacto con los campesinos. Da algún golpe afortunado, crece entonces su fama y
algunos campesinos desposeídos de sus tierras o en luchas por conservarlas y jóvenes
idealistas de otras clases van a engrosarla; adquiere mayor audacia para andar por lugares
habitados, mayor contacto con la gente de la zona; repite algunos ataques, huyendo
siempre después de darlos; de pronto sostiene un combate con alguna columna y destroza
su vanguardia; sigue incorporando hombres, ha aumentado en número, pero su
organización permanece exactamente igual, sólo que disminuyen las precauciones y se
aventura sobre zonas más pobladas.
Más tarde establece campamentos provisionales durante algunos días, los que son
abandonados al tenerse noticias de la cercanía del ejército enemigo o sufrir bombardeos
o, simplemente, al tener sospechas de alguno de estos riesgos.
Sigue el aumento numérico de la guerrilla conjuntamente con el trabajo de masas que va
haciendo de cada campesino un entusiasta de la guerra de liberación y, al final, se elige
un lugar inaccesible, se inicia la vida sedentaria y empiezan las primeras pequeñas
industrias a establecerse allí: la zapatería, la fábrica de tabacos y cigarros, algún taller de
costura, la armería, panadería, hospitales, radio si lo hubiera, imprenta, &c.
Ya la guerrilla tiene una organización, una estructura nueva. Es la cabeza de un gran
movimiento con todas las características de un gobierno en pequeño. Se establece la
auditoría para la administración de justicia, se dictan algunas leyes, si fuera posible, y
continúa el trabajo de adoctrinamiento de las masas campesinas, y obreras si las hubiera
cerca, atrayéndolas a la causa. Se desata alguna ofensiva enemiga y es derrotada;
aumenta el número de fusiles y por ende el número de hombres con que cuenta esta
guerrilla. Pero, en un momento dado, su radio de acción no aumenta en la proporción en
que sus hombres lo han hecho; en ese momento se separa una fuerza del tamaño que sea
necesario, columna o pelotón, &c., y va hacia otro lugar de combate.
Empezará allí el trabajo aunque con características algo diferentes, por experiencias que
trae, por la permeabilización de las zonas de guerra por las tropas de liberación. Mientras,
el núcleo central sigue aumentando, ha recibido ya aportes sustanciales de lugares
lejanos, en alimentos, alguna vez en fusiles; siguen llegando hombres; continúan las
tareas de gobierno con la promulgación de leyes; se establecen escuelas que permiten el
adoctrinamiento y entrenamiento de los reclutas. Los jefes van aprendiendo a medida que
se desarrolla la guerra y en capacidad de mando va creciendo con las responsabilidades
del aumento cuantitativo y cualitativo de las fuerzas.
En un momento dado, si hubiera territorios lejanos, parte hacia ellos un grupo a
establecer todos los adelantos que ya se han logrado, continuando el ciclo. Pero también
existirá un territorio enemigo, el territorio desfavorable para la guerra de guerrillas. Allí
se van introduciendo grupos pequeños que asaltan en los caminos, que rompen puentes,
que colocan minas, que van sembrando la intranquilidad. Con los vaivenes propios de la
guerra, sigue aumentando el movimiento; ya el gran trabajo de masas permite la
movilidad fácil de esas fuerzas en terreno desfavorable y se crea entonces la última etapa
que es la guerrilla suburbana.
El sabotaje aumenta considerablemente en toda la zona. Se paraliza la vida de la misma;
es conquistada. Se va hacia otras zonas, se combate con el ejército enemigo en frentes
definidos; se les ha conquistado ya armas pesadas (pueden ser hasta tanques), se lucha de
igual a igual. El enemigo cae cuando se transforma el proceso de victorias parciales en
victorias finales, es decir, se le lleva a aceptar batalla en las condiciones puestas por el
bando guerrillero y allí se le aniquila, provocando su rendición.
Es esto un boceto, que transcribe lo que fue pasando en las distintas etapas de la guerra de
liberación cubana, pero que tiene aproximadamente un contenido universal. Sólo que no
siempre puede darse el acoplamiento del pueblo, condiciones y líder como se dio en
nuestra guerra. Innecesario es decirlo: Fidel Castro resume en sí las altas condiciones del
combatiente y el estadista y a su visión se debe nuestro viaje, nuestra lucha y nuestro
triunfo. No podemos decir que sin él no se hubiera producido la victoria del pueblo, pero
sí que esa victoria hubiera costado mucho más y fuera menos completa.
Capitulo III
Organización del frente guerrillero
1. Abastecimientos
Un correcto abastecimiento es fundamental para la guerrilla. El grupo de hombres en
contacto con el suelo, tiene que vivir de los productos de este suelo y al mismo tiempo
permitir que vivan los que se lo dan, es decir los campesinos del lugar, pues en la dura
lucha guerrillera no es posible, sobre todo en los primeros momentos, dedicar energías a
tener abastecimientos propios, sin contar con que estos abastecimientos serían fácilmente
localizables y destruibles por las fuerzas enemigas, ya que se supone un territorio
completamente permeabilizado para la acción de las columnas represivas. El
abastecimiento en las primeras épocas es siempre interno.
Con el desarrollo de las condiciones guerrilleras tiene también que haber un
abastecimiento exterior a las líneas o territorio de combate. En el primer momento se
vivirá solamente de lo que los campesinos tengan; se podrá llegar a alguna bodega a
comprar algo, pero nunca tener líneas de abastecimientos, pues no hay territorio donde
establecerlas. La línea de abastecimiento y el almacén de comestibles están
condicionados al desarrollo de la lucha guerrillera.
Lo primero es ganarse la confianza absoluta de los habitantes de la zona y esta confianza
se gana con la actitud positiva frente a sus problemas, con la ayuda y orientación
constante, con la defensa de sus intereses y el castigo de quienes pretendan aprovecharse
del momento caótico que viva la misma, para ejercer influencias, desalojar campesinos,
apoderarse de sus cosechas, establecer intereses usurarios, &c. La línea debe ser blanda y
dura al mismo tiempo. Blanda y de colaboración espontánea con todos los simpatizantes
honestos frente al movimiento revolucionario, dura contra los que directamente están
atacándolo, fomentando disensiones o simplemente comunicando noticias importantes al
ejército enemigo.
Poco a poco se irá esclareciendo el territorio y se podrá contar entonces con una mayor
comodidad para poder actuar. El principio fundamental que debe regir es el de pagar
siempre toda la mercancía que se tome de un amigo. Esta mercancía puede consistir en
frutos de la tierra o artículos de establecimientos comerciales. Muchas veces son
donados, pero hay otras en que las condiciones económicas del mismo campesinado
impiden estas donaciones y hay casos en que las mismas necesidades de la guerra obligan
a asaltar almacenes que tengan víveres o vituallas necesarias y que no se pueden pagar,
sencillamente por no haber dinero. En esos casos debe siempre dársele al comerciante un
bono, pagaré, algo que certifique la deuda; los «bonos de esperanza» ya descritos. Esta
medida es mejor realizarla con la gente que esté fuera de los límites del territorio liberado
y en estos casos pagar lo antes posible o amortizar parte de la deuda. Cuando las
condiciones hayan mejorado lo suficiente como para mantener un territorio
permanentemente fuera del dominio del ejército adversario, se puede llegar a las siembras
colectivas, donde los campesinos trabajen las tierras a beneficio del ejército guerrillero y
en esta forma garantizar una adecuada fuente de abastecimiento agrícola de carácter
permanente.
Si el número de voluntarios para el ejército guerrillero es mucho mayor que el necesario,
pues no hay armas, y circunstancias políticas impiden a esos hombres bajar a zonas
dominadas por el enemigo, el ejército rebelde puede hacer trabajar directamente en la
tierra a sus hombres y a todos los incorporados, recogiendo los frutos que garanticen el
abastecimiento y llenando su hoja de servicios para futuros ascensos a combatientes; sin
embargo, es más aconsejable que las siembras se hagan directamente por los campesinos,
pues el trabajo es más efectivo, se hace con más entusiasmo, con más capacidad. Cuando
las condiciones han madurado más aún se puede llegar a la compra de cosechas enteras
que, dependiendo de los frutos que sean, puedan permanecer en el campo o en almacenes
para el uso del ejército.
Cuando se hayan establecido organismos encargados también de abastecer a la población
campesina, se concentrarán todos los alimentos en estos organismos para servir en
operaciones de trueque entre los campesinos, siendo el ejército guerrillero el
intermediario.
Si las condiciones siguen mejorando, se pueden establecer impuestos que deben ser lo
menos lesivos posible, sobre todo para el pequeño productor. Hay que atender por sobre
todas las cosas las relaciones de la clase de los campesinos con el ejército guerrillero, que
es una emanación de esta clase.
Los impuestos pueden cobrarse en dinero en efectivo en algunos casos y en otros con
parte de las cosechas, la que pasará a engrosar los abastecimientos. La carne es uno de los
artículos de primera necesidad. Hay que asegurar su producción y conservación. Se
establecerán granjas con campesinos aparentemente desvinculados del ejército, si no se
cuenta con una zona segura, que se dediquen a la producción de gallinas, huevos, cabras,
cochinos; todos los animales comprados o directamente confiscados a los grandes
terratenientes. En zonas de latifundio suele haber ganado en cantidades grandes. Puede
ser muerto, salado y la carne mantenida en esas condiciones, en las cuales permanece
apta para el consumo durante mucho tiempo.
Con esto se consigue también el cuero y se puede desarrollar una industria del curtido –
más o menos elemental- que permita tenor la materia prima para el calzado, uno de los
adminículos fundamentales para la lucha. Depende mucho de las zonas, pero, en general,
se puede decir que los alimentos imprescindibles son: la carne, la sal y algunas
legumbres, tubérculos o granos.
Siempre el alimento básico es producido por los campesinos; puede ser malanga, en las
regiones montañosas de la provincia de Oriente, Cuba; puede ser maíz en las regiones
montañosas de México y Centroamérica o Perú, las papas en el mismo Perú; y en otras
zonas, como Argentina, el ganado; el trigo en otras, pero siempre hay que asegurar un
abastecimiento de los alimentos fundamentales de la tropa y alguna clases de grasa que
permita comer mejor los mismos, ya sean mantecas animales o vegetales.
La sal es uno de los ingredientes imprescindibles. Cuando se está cerca del mar y en
conexión con él hay que establecer inmediatamente pequeños secaderos que aseguren una
cierta producción para tener siempre un remanente y poder abastecer las tropas.
Recuérdese que en lugares agrestes como estos, donde no se producen sino algunos de los
alimentos, es fácil tender un cerco que empobrezca formidablemente a la zona. Es bueno
prever estos casos por medio de la organización campesina, de las organizaciones civiles
en general. Que los habitantes de la zona tengan su abastecimiento mínimo que les
permita al menos malvivir durante las épocas más duras de la contienda. Debe tratarse
rápidamente de tener una buena provisión de alimentos que no se descompongan, como
son los granos, que resisten bastante tiempo, sea maíz, trigo, arroz, &c.; harina, sal,
azúcar, enlatados de todos tipos y, también, hacer las siembras necesarias.
Llegará un momento en que estarán solucionados los problemas alimenticios de la zona
para las tropas residentes pero se necesitará una gran cantidad de productos extra; pieles
para los zapatos, si no se puede crear una industria del curtido que abastezca a la zona;
telas para vestidos, y todos los aditamentos necesarios para los mismos, papel, imprenta o
mimeógrafos para los periódicos, tinta y todos los otros implementos.
En fin, las necesidades de artículos del mundo exterior aumentarán a medida que las
guerrillas se vayan organizando y su organización se haga más compleja. Para cubrirla
adecuadamente es necesario que funcione perfectamente la organización de las líneas de
abastecimiento. Estas organizaciones se hacen fundamentalmente a través de campesinos
amigos. La forma debe ser bipolar, es decir, con extremos en el frente guerrillero y en las
ciudades; a partir de las zonas guerrilleras irán saliendo líneas de abastecimientos que
permeabilicen todo el territorio permitiendo pasar los materiales. Poco a poco los
campesinos se acostumbran al peligro (en pequeños grupos pueden hacer maravillas) y a
poner el material que se necesite en el lugar indicado sin correr peligros extremos. Estas
movilizaciones se pueden hacer de noche, con mulos o animales de carga de este tipo y
también con camiones, dependiendo de la zona; así se puede hacer un abastecimiento
muy bueno. Hay que considerar que este es el tipo de línea de abastecimiento para áreas
cercanas a los lugares de operación.
Hay que organizar una línea de abastecimiento desde áreas lejanas. Estas deben dar el
dinero necesario pare hacer las compras y también algunos implementos que no se
consigan en los pueblos o ciudades provinciales. La organización se nutrirá con donativos
directos que hagan los sectores simpatizantes con la lucha por medio de bonos
clandestinos, que se deben dar teniendo siempre un estricto control sobre el personal
encargado de su manipulación y exigiendo responsabilidades serias cuando se olviden los
requisitos de moral indispensables para estos casos. Las compras se pueden hacer en
efectivo y también con «bonos de esperanza», cuando hay un ejército guerrillero que,
saliendo de su base de operaciones, amenaza una nueva zona. En estos casos no hay más
remedio que tomar la mercancía de cualquier comerciante y que éste dependa de la buena
fe, o de las posibilidades o no de hacer efectiva esta cuenta por parte de los ejércitos
guerrilleros.
En todas las líneas de abastecimientos que pasan por el campo, es necesario tener una
serie de casas, terminales o estaciones de camino, donde se pueda esconderlos durante el
día para seguir a la noche siguiente. Estas casas deben ser conocidas solamente por los
encargados directos de los abastecimientos, y conocerán del trasiego lo menos posible sus
habitantes, siendo, además, las personas que más confianza brinden a la organización.
Uno de los animales más importantes para todas estas tareas es el mulo. El mulo, de
increíble resistencia a las fatigas y de capacidad para caminar en las zonas más
accidentadas, puede llevar en su lomo más de 100 kilos, durante días y días, y por su
austeridad en cuanto a exigencia de comestibles es el transporte ideal. Las arrias de mulos
deben estar perfectamente dotadas de herraduras, con arrieros conocedores del animal y
que lo cuiden lo más posible. Se puede así tener verdaderos ejércitos de cuatro patas de
increíble utilidad. Pero muchas veces, por sufrido que sea el animal y por capacidad que
tenga para aguantar la jornada más dura, se ve obligado a dejar la carga en determinados
sitios por lo difícil del paso. Para obviar esto, habrá un equipo encargado de hacer los
caminos destinados a esta clase de animales. Si todas estas condiciones se cumplen, si se
lleva una organización adecuada y el ejército rebelde mantiene con los campesinos las
inmejorables relaciones necesarias, se garantiza un abastecimiento efectivo y duradero
para toda la tropa.
2. Organización civil
La organización civil del movimiento insurreccional es muy importante en cualquiera de
los dos frentes: el externo y el interno. Naturalmente tienen características bastante
diferentes y las funciones también, aún cuando realicen trabajos que puedan caer dentro
de una misma denominación. No es igual, por ejemplo, la recaudación que pueda hacer el
frente externo a la que pueda hacerse en el frente interno, ni la propaganda, ni el
abastecimiento. Vamos a describir primero los trabajos del frente interno.
Al considerar «frente interno» estamos ya diciendo que es un lugar dominado,
relativamente, por lo menos, por las fuerzas de liberación, y también debe suponerse que
es un lugar apto para la guerra de guerrillas porque, cuando no se dan esas condiciones,
es decir, cuando se están desarrollando luchas guerrilleras en zonas no aptas, la
organización guerrillera aumenta en extensión pero no en profundidad; va canalizando
nuevos lugares, pero no puede llegar a tener una organización interna pues está toda la
zona permeabilizada por el enemigo. En el frente interno podemos tener una serie de
organizaciones que cumplan su función específica para la mejor marcha de la
administración. La propaganda en general pertenece directamente al ejército, pero
también puede estar separada de éste aun cuando bajo su control. (De todas maneras, es
tan importante este punto que lo trataremos aparte.) La recaudación pertenece a la
organización civil, así como la organización de los campesinos en general, si hubiera
obreros, también de éstos y estas dos deben estar regidas por una auditoría.
La recaudación, como ya hemos explicado en el capítulo anterior, puede desarrollarse de
varias maneras; por impuestos directos e indirectos, por donativos directos y
confiscaciones; todo esto viene a llenar el gran capítulo de los abastecimientos del
ejército guerrillero.
Algo que hay que tener muy en cuenta es que no se debe de ninguna manera empobrecer
la zona por la acción directa del ejército rebelde -aunque indirectamente sea el
responsable del empobrecimiento debido a los cercos enemigos, lo que la propaganda
adversaria hará resaltar repetidamente-. Precisamente por esta circunstancia es por lo que
no se debe crear causas directas de conflictos. No debe haber, por ejemplo, reglamentos
que impidan a los cosecheros de una zona que está en territorio liberado vender sus
productos fuera de ese territorio, salvo circunstancias extremas y transitorias, explicando
bien al campesinado estas características. Al lado de cada acto del ejército guerrillero
debe existir siempre el departamento de difusión necesario para explicar las razones de
este acto, el que, en general, será bien comprendido por un campesino que tendrá sus
hijos, padres, hermanos o parientes de alguna clase, dentro de este ejército que será una
cosa suya.
Dada la importancia de las relaciones campesinas, hay que crear organizaciones que las
canalicen y las reglamenten, organizaciones que, no solamente estarán dentro del área
liberada, sino también tendrán conexiones con las áreas adyacentes, y, precisamente a
través de ellas, se podrá ir permeabilizando la zona para una futura ampliación del frente
guerrillero. Los campesinos irán sembrando la semilla de la propaganda oral y escrita, los
relatos de cómo se vive en la otra zona, de las leyes que ya se han dado para la protección
del pequeño campesino, del espíritu de sacrificio del ejército rebelde; en fin, están
creando la atmósfera necesaria para la ayuda a la tropa rebelde.
Los organismos campesinos deben tener también su conexión de tal tipo que permita a la
organización del ejército guerrillero en cualquier momento canalizar cosechas y
venderlas en el territorio enemigo mediante una serie de intermediarios más o menos
benevolentes, más o menos benefactores de la clase campesina, ya que, en todos esos
casos, junto a la devoción por la causa que lleva al comerciante a desafiar peligros, existe
la devoción por el dinero que lo lleva a aprovechar los mismos para su fin de extraer
dividendos.
Ya habíamos dicho, al hablar de los abastecimientos, la importancia que tiene el
departamento de construcción de caminos. Cuando la guerrilla ha alcanzado un
determinado grado de desarrollo, tiene centros más o menos fijos y no anda vagando sin
campamento alguno por diversas regiones, se debe establecer una serie de rutas que
pueden ir desde el pequeño trillo que permita el paso de un mulo hasta el buen camino de
camiones. Para todo esto hay que tener en cuenta la capacidad de organización del
ejército rebelde y la capacidad ofensiva del enemigo que puede destruirlos e incluso
llegar a los campamentos fácilmente, precisamente por caminos que son creados por el
opositor. Como regla esencial, debe apuntarse que los caminos son para contribuir al
abastecimiento en lugares cuya solución de otro modo sería imposible y que no se deben
hacer sino en circunstancias donde casi seguro se pueda mantener la posición ante un
embate del adversario, salvo que estos se concierten entre puntos que hagan más cómoda
la comunicación pero no sean vitales ni acarreen un peligro en su construcción.
Además, se pueden hacer otras vías de comunicación. Una de ellas, muy importante, es el
teléfono, que puede tenderse en el monte, con la facilidad que significa el tener los
árboles como postes y con la ventaja de que no son visibles desde lo alto para la
observación del enemigo. También supone el teléfono una zona donde éste no puede
llegar.
La auditoría, o departamento central de justicia, de leyes revolucionarias y de
administración, es uno de los puntos vitales de un ejército guerrillero ya constituido, con
territorio propio. Debe estar a cargo de algún individuo que conozca las leyes del país, si
conoce las necesidades de la zona desde un punto de vista jurídico, mejor aún y que
pueda ir dando una serie de decretos y reglamentos para ayudar al campesino a
normalizar, institucionalizar la vida dentro de la zona en rebeldía.
Por ejemplo, de nuestra experiencia de la guerra cubana: elaboramos un código penal, un
código civil, un reglamento de abastecimiento al campesinado y el reglamento de la
Reforma Agraria. Posteriormente se establecieron las leyes de castigo para los aspirantes
a elecciones que iban a hacerse días después en todo el país y la ley de Reforma Agraria
de la Sierra Maestra. Además, la auditoría tiene a su cargo todas las operaciones de
contabilidad de la columna o de las columnas guerrilleras, y se encarga de administrar los
problemas monetarios de la misma, interviniendo a veces directamente en el
abastecimiento.
Todas estas son recomendaciones elásticas, bases que da la experiencia vivida en un lugar
determinado, geográfica e históricamente situado, que pueden ser cambiadas según lo
aconseje una experiencia de otro lugar geográfico, histórico y social.
Además de auditoría, hay que tener muy en cuenta la sanidad general de la zona, que se
debe hacer por medio de los hospitales madres, es decir, los hospitales centrales,
militares, que darán asistencia lo más completa posible a todo el campesinado. También
en estos casos depende de las características alcanzadas por la revolución que se pueda
dar un adecuado tratamiento médico. Los hospitales civiles y la sanidad civil están
directamente unidos al ejército rebelde y sus cargos son desempeñados por oficiales y
miembros del mismo, con la doble función de curar al pueblo y de orientarlo para mejorar
su salud, pues los grandes problemas sanitarios de las poblaciones en estas condiciones
radican en que desconocen totalmente los más elementales principios de la higiene y por
ello agravan aún más su precaria situación.
Los cobros de impuestos, como ya dije, pertenecen a la auditoría general también.
Los almacenes son muy importantes. En cuanto se consiga algún lugar donde ya se
establezca un principio de sedentarización de la guerrilla, deben establecerse almacenes
lo más ordenados posibles, que vayan asegurando el cuidado mínimo de la mercancía y
sobre todo el control para su equitativa distribución posterior, única fórmula para
corregirlo.
En el frente exterior las funciones son diferentes en cuanto a calidad misma y en cuanto a
cantidad también; por ejemplo, la propaganda debe ser de tipo nacional, orientadora,
explicando las victorias obtenidas por los compañeros de la guerrilla, llamando a luchas
efectivas de masas a obreros y campesinos y dando noticias, si las hubiera, de victorias
obtenidas en este frente. La recaudación es totalmente clandestina, debe hacerse teniendo
los mayores cuidados posibles y aislando completamente la cadena entre el primer
recaudador pequeño y el tesorero de la organización.
Esta organización debe estar distribuida en zonas que se complementen para formar un
todo, zonas que pueden ser provincias, estados, ciudades, aldeas, depende de la magnitud
del movimiento. En todos ellos tiene que haber una comisión de finanzas que se ocupe de
la orientación de la recaudación. Se puede recaudar dinero mediante bonos o mediante
donativos directos, e incluso, ya más avanzado el proceso de la lucha, cobrar impuestos,
ya que los industriales deberán hacerlos efectivos por la gran fuerza que tenga el ejército
insurrecto. El abastecimiento debe condicionarse a las necesidades expuestas por las
guerrillas y estará organizado en forma de ir encadenando las mercancías, de tal modo
que las más comunes se logren en los lugares cercanos, buscando en los centros mayores
las cosas verdaderamente escasas o imposibles de conseguir en otros puntos y así
sucesivamente tratando siempre de que la cadena sea lo más limitada posible, esté en
conocimiento del menor número de hombres y pueda así cumplir por más tiempo su
misión.
Los sabotajes deben ser reglamentados por la organización civil en la parte externa,
coordinados con el mando central. En circunstancias especiales que es muy conveniente
analizar, se usará el atentado personal. En general, consideramos que este es negativo,
salvo el que elimine alguna figura notablemente destacada por sus fechorías contra el
pueblo y su eficacia represiva. Nuestra experiencia de la lucha cubana enseñó que se
podían haber salvado muchas vidas de grandes compañeros, sacrificadas para cumplir
misiones de escaso valor cualitativo y que pusieron a veces bajo el plomo enemigo, en
represalia, a combatientes cuya pérdida no podía compararse con el resultado obtenido.
El atentado y el terrorismo ejercitados en forma indiscriminada, no deben emplearse.
Muy preferible es el trabajo sobre grandes concentraciones de gente donde se pueda
inculcar la idea revolucionaria e ir haciéndola madurar, para que, en un momento dado,
apoyadas por las fuerzas armadas puedan movilizarse y decidir la balanza hacia el lado de
la revolución.
Para ello hay que contar también con organizaciones populares de obreros, profesionales
y campesinos que vayan sembrando la semilla de la revolución entre sus respectivas
masas, explicando, dando a leer las publicaciones de la rebeldía; enseñando la verdad.
Porque una de las características de la propaganda revolucionaria debe ser la verdad.
Poco a poco, así, se irán ganando masas y podrá ir eligiéndose entre los que hagan los
mejores trabajos para incorporarlos al ejército rebelde o a algunas tareas de mucha
responsabilidad.
Este es el esquema de una organización civil dentro y fuera del territorio guerrillero en un
momento de lucha popular. Hay posibilidades de perfeccionar en sumo todas estas cosas;
lo repito una vez más, es nuestra experiencia cubana la que habla por mí, nuevas
experiencias pueden hacer variar y mejorar estos conceptos. Damos un esquema, no una
biblia.
3. Papel de la mujer
El papel que puede desempeñar la mujer en todo el desarrollo de un proceso
revolucionario es de extraordinaria importancia. Es bueno recalcarlo, pues en todos
nuestros países, de mentalidad colonial, hay cierta subestimación hacia ella que llega a
convertirse en una verdadera discriminación en su contra. La mujer es capaz de realizar
los trabajos más difíciles, de combatir al lado de los hombres y no crea, como se
pretende, conflictos de tipo sexual en la tropa.
En la rígida vida combatiente, la mujer es una compañera que aporta las cualidades
propias de su sexo, pero puede trabajar lo mismo que el hombre. Puede pelear; es más
débil, pero no menos resistente que éste. Puede realizar toda la clase de tareas de combate
que un hombre haga en un momento dado y ha desempeñado, en algunos momentos de la
lucha en Cuba, un papel relevante.
Naturalmente, las mujeres combatientes son las menos. En los momentos en que ya hay
una consolidación del frente interno y se busca eliminar lo más posible los combatientes
que no presenten las características físicas indispensables, la mujer puede ser dedicada a
un considerable número de ocupaciones específicas, de las cuales, una de las más
importantes, quizás la más importante, sea la comunicación entre diversas fuerzas
combatientes, sobre todo las que están en territorio enemigo. El acarreo de objetos,
mensajes o dinero, de pequeño tamaño y gran importancia, debe ser confiado a mujeres
en las cuales el ejército guerrillero tenga una confianza absoluta, quienes pueden
transportarlo usando de mil artimañas y contando que, por más brutal que sea la
represión, por más exigentes que sean en los registros, la mujer recibe un trato menos
duro que el hombre y puede llevar adelante su mensaje o alguna otra cosa de carácter
importante o confidencial. Como mensajero simple, ya sea oral o escrito, siempre la
mujer puede realizar su tarea con más libertad que el hombre, al llamar menos la atención
o inspirar, al mismo tiempo, menos sentimiento de peligro en el soldado enemigo; el que
muchas veces comete sus brutalidades acosado por el miedo a lo desconocido que puede
atacarle, pues tal es la forma de actuar de la guerrilla.
Los contactos entre fuerzas separadas entre sí, los mensajes al exterior de las líneas, aun
al exterior del país e incluso, objetos de algún tamaño, como balas, son transportadas por
las mujeres en fajas especiales que llevan debajo de las faldas. Pero también en esta
época puede desempeñar sus tareas habituales de la paz y es muy grato para el soldado
sometido a las durísimas condiciones de esta vida el poder contar con una comida
sazonada, con gusto a algo (uno de los grandes suplicios de la guerra era comer un
mazacote pegajoso y frío, totalmente soso). La cocinera puede mejorar mucho la
alimentación y, además de esto, es más fácil mantenerla en su tarea doméstica, pues uno
de los problemas que se confrontan en las guerrillas es que todos los trabajos de índole
civil son despreciados por los mismos que los hacen, y tratan siempre de abandonar esas
tareas e ingresar en las fuerzas activamente combatientes.
Tarea de gran importancia de la mujer es el enseñar las primeras letras e incluso la teoría
revolucionaria, a los campesinos de la zona, esencialmente, pero también a los soldados
revolucionarios. La organización de escuelas, que es parte de la organización civil, debe
hacerse contando fundamentalmente con mujeres que pueden inculcar mayor entusiasmo
a los niños y gozan de más simpatías de la población escolar. Además, cuando ya se
hayan consolidado los frentes y exista una retaguardia, las funciones de trabajadora social
corresponden también a la mujer, investigando todos los males económicos y sociales de
la zona con vistas a modificarlos dentro de lo posible.
En la sanidad, la mujer presta un papel importante como enfermera, incluso médico, con
ternura infinitamente superior a la del rudo compañero de armas, ternura que tanto se
aprecia en los momentos en que el hombre está indefenso frente a sí mismo, sin ninguna
comodidad, quizá sufriendo dolores muy fuertes y expuesto a los muchos peligros de toda
índole propios de este tipo de guerra.
Si ya se ha llegado a la época de la implantación de pequeñas industrias guerrilleras, la
mujer puede prestar también aquí su concurso, sobre todo en la confección de uniformes,
empleo tradicional de las mujeres en los países latinoamericanos. Con una simple
máquina de coser y algunos moldes pueden hacerse maravillas. En todos los otros
órdenes de la organización civil, la mujer presta su concurso y puede reemplazar
perfectamente al hombre y lo debe hacer hasta en el caso de que falten brazos para portar
armas, aunque esto es un accidente rarísimo en la vida guerrillera.
Hay que dar siempre un adecuado adoctrinamiento a las mujeres y los hombres para
evitar toda clase de desmanes que puedan ir minando la moral de la tropa, pero debe
permitirse, con el simple requisito de la ley de la guerrilla, que las personas sin
compromisos, que se quieran mutuamente, contraigan nupcias en la sierra y hagan vida
marital.
4. Sanidad
Uno de los graves problemas que confronta el guerrillero es su indefensión frente a todos
los accidentes de la vida que lleva y sobre todo frente a las heridas y enfermedades, muy
frecuentes en la guerra de guerrillas. El médico cumple en la guerrilla una función de
extraordinaria importancia, no sólo la estricta de salvar vidas, en que muchas veces su
intervención científica no cuenta, dados los mínimos recursos de que está dotado, sino
también en la tarea de respaldar moralmente al enfermo y de hacerle sentir que junto a él
hay una persona dedicada con todos los esfuerzos a aminorar sus males y la seguridad de
que esa persona va a permanecer al lado del herido o enfermo hasta que se cure o pase el
peligro.
La organización de los hospitales depende mucho del momento histórico de las guerrillas.
Se pueden dar tres tipos fundamentales de organizaciones hospitalarias que corresponden
a las formas de vida.
En este desarrollo histórico tenemos una primera fase nómada. En ella el médico, si es
que lo hay, viaja constantemente con sus compañeros, es un hombre más, tendrá muy
probablemente que hacer todas las otras funciones del guerrillero, incluso la de pelear, y
tendrá sobre sí la fatigosa y a veces desesperante tarea de tratar casos en los cuales se
puede salvar una vida con un tratamiento adecuado y no existen los medios para ello. Es
la etapa en que el médico tiene más influencia sobre la tropa, más importancia en su
moral. En este momento del desarrollo de las guerrillas, el médico alcanza a plenitud su
característica de verdadero sacerdote que parece llevar para los hombres, en su mochila
desprovista, el consuelo necesario. Es incalculable lo que significa para el que está
sufriendo, una simple aspirina, dada por la mano amiga de quien siente y hace suyos los
sufrimientos. Por eso, el médico de la primera época debe ser una persona totalmente
identificada con los ideales de la revolución, pues su prédica prenderá en la tropa con
mucho más vigor que la dada por cualquier otro miembro de ella.
En el curso de los acontecimientos normales de la guerra de guerrillas, se pasa a otra
etapa que podríamos llamar «seminómada». En este momento hay campamentos,
frecuentados por lo menos, por la tropa guerrillera; casas amigas de entera confianza
donde se pueden guardar objetos e incluso dejar heridos y la tendencia cada vez más
marcada de la tropa a sedentarizarse. En este momento la tarea del médico es menos
fatigosa, puede tener un equipo quirúrgico de extrema urgencia en su mochila y tener otro
más vasto, para operaciones más calmas, en alguna casa amiga. Pueden dejarse los
enfermos y heridos al cuidado de los campesinos que, amorosamente, prestarán su auxilio
y contar con un mayor numero de medicinas guardadas en lugares convenientes, las que
deben estar perfectamente catalogadas, o lo mejor catalogadas posible, dentro de las
circunstancias en que se vive. En esta misma etapa seminómada, si llega a haber lugares
absolutamente inaccesibles se pueden establecer hospitales o casas hospitales donde
vayan los heridos y enfermos a reponerse.
En la tercera etapa, cuando ya hay zonas inconquistables para el enemigo, es cuando se
estructura de verdad una organización hospitalaria. En su etapa más perfecta dentro de las
posibilidades, puede constar de tres centros de diferentes categorías. Al nivel de la línea
de combate debe haber un médico, el combatiente, el más querido por la tropa, el hombre
de batalla, cuyos conocimientos no tienen que ser demasiado profundos; y digo esto
porque la labor en aquellos momentos es más que todo de alivio y de preparación del
enfermo o herido y la real tarea médica se hará en hospitales más profundamente
situados. No debe sacrificarse a un cirujano de calidad en las líneas de fuego.
Cuando un hombre cae en la primera línea algunos camilleros sanitarios, si es posible,
dada la organización de la guerrilla, lo llevarán al primer puesto; si no fuera así, los
compañeros mismos se encargarán de este trabajo. El transporte de heridos en las zonas
escabrosas es uno de los acontecimientos más delicados y uno de los percances más
infortunados por el que pueda pasar un soldado. Quizá sea más duro el transporte de
cualquier herido, por los sufrimientos mismos del enfermo y para la capacidad de
sacrificio de la tropa, que el mismo hecho de la herida, por grave que ella sea. El
transporte se puede hacer de muchas formas, de acuerdo con las características del
terreno, pero en sitios escabrosos y arbolados, que son los ideales para la lucha de
guerrillas, hay que caminar de uno en fondo; en esta forma, lo ideal es transportarlo en
una larga pértiga, usada como travesaño, colocado el herido en una hamaca que cuelgue
de ella.
Los hombres, turnándose, llevan el peso, uno adelante y otro atrás, pero rápidamente
deben dejar el paso a dos compañeros más, pues los sufrimientos en los hombros son muy
grandes y poco a poco se va desgastando el individuo, contando además con que lleva un
peso muy considerable y delicado.
Cuando el soldado herido pasa ese primer hospital, va ya con la información de lo que se
le ha hecho a un segundo centro donde hay cirujanos y especialistas, dentro de las
posibilidades de la tropa, en el cual se le hacen todas las operaciones de mayor
envergadura que se estime sean convenientes para salvar la vida o asegurar el estado del
individuo. Este es el segundo escalón. Después, ya en el plano de tercer escalón, se
constituyen hospitales con las mejores comodidades posibles para investigar directamente
en las zonas afectadas las causas y los efectos del mal que pueda acosar a los habitantes
de la zona. Estos hospitales del tercer grupo, ya correspondientes a una vida sedentaria,
no solamente son centros de restablecimiento y de operaciones de no mucha urgencia,
sino además establecimientos en conexión con la población civil, en la que ejercen su
función orientadora los higienistas. Deben fundarse también dispensarios que permitan
una adecuada vigilancia individual. Los hospitales de este tercer grupo podrán tener, de
acuerdo con la capacidad de abastecimiento de la organización civil, una serie de
comodidades que permitan incluso el diagnóstico por laboratorio y la radiografía.
Otros individuos útiles son los ayudantes del médico; éstos, en general, son jóvenes con
alguna vocación y algunos conocimientos, con bastante fortaleza física, que no tienen
armas, algunos porque su vocación es esa y la mayoría de las veces porque no hay
suficiente número de ellas para todos los brazos que quieran empuñarlas. Estos ayudantes
serán los encargados de llevar la mayoría de los medicamentos, alguna camilla o hamaca,
de ser posible, dependiendo esto de las circunstancias; tendrán que atender a los heridos
en cualquier combate que se produzca.
Las medicinas necesarias deben obtenerse a través de los contactos con organizaciones de
sanidad que estén en la retaguardia del enemigo, aun cuando en algunos casos se pueden
conseguir incluso de la organización de la Cruz Roja Internacional, pero no se debe
contar con esta posibilidad, y menos en los primeros momentos de la lucha. Hay que
organizar un aparato que permita traer rápidamente el medicamento necesario en caso de
peligro e ir abasteciendo a todos los hospitales de lo necesario para su trabajo, tanto
militar como civil. Además, deben hacerse contactos con médicos de las localidades
cercanas, capaces de intervenir algunos heridos que no estén al alcance de la capacidad o
de los medios con que cuenta el de la guerrilla.
Los médicos necesarios para este tipo de guerra son de varias características; el médico
combatiente, el compañero de sus hombres, es el tipo de primer momento y sus funciones
van finalizando a medida que se va complejizando la acción de la guerrilla y se van
estructurando una serie de organismos anexos. Los cirujanos generales, son la mejor
adquisición para un ejército de estas características. Si se contara con un anestesista sería
mejor, aun cuando casi todas las operaciones sean realizadas más que con anestesia
gasificada con la base de «largactil» y pentotal sódico, mucho más fáciles de administrar
y también de conseguir y conservar. Además de los cirujanos generales, son muy útiles
los ortopédicos, pues hay cantidad de fracturas provocadas por accidentes en la zona y,
también, muy frecuentemente, por balas en los miembros, que producen este tipo de
herida. El clínico cumple su función dentro de la masa campesina, pues en general las
enfermedades de los ejércitos guerrilleros son de muy fácil diagnóstico, al alcance de
cualquiera, y lo más difícil es la corrección de las mismas que se producen por carencias
nutricionales.
En una etapa mucho más avanzada puede incluso haber laboratoristas, si hubiera buenos
hospitales, para hacer ya una tarea completa. Se deben hacer llamados a todos los
sectores profesionales cuyos servicios se necesiten, y es muy fácil que respondan a este
llamado y vengan a prestar su concurso. Se necesitan profesionales de todas clases, los
cirujanos son muy útiles y los dentistas también. Debe llamarse a los dentistas explicando
que se incorporen con aparatos de campaña sencillos y un torno, también de campaña,
con el que pueden trabajar y hacer prácticamente todos los arreglos necesarios.
5. Sabotaje
El sabotaje es una de las armas inapreciables de los pueblos que luchan en forma
guerrillera. Corresponde su organización directamente a la parte civil o clandestina, pues
el sabotaje se deberá hacer solamente fuera de los territorios dominados por el ejército
revolucionario, como es natural, pero esta organización debe estar directamente
comandada y orientada por el estado mayor de las guerrillas que será el encargado de
establecer cuáles son las industrias, comunicaciones u objetivos de cualquier tipo que
serán atacados con preferencia.
El sabotaje no tiene nada que ver con el terrorismo; el terrorismo y el atentado personal
son fases absolutamente diferentes. Creemos sinceramente que aquella es un arma
negativa, que no produce en manera alguna los efectos deseados, que pueden volcar a un
pueblo en contra de determinado movimiento revolucionario y que trae una pérdida de
vidas entre sus actuantes muy superior a lo que rinde de provecho. En cambio, el atentado
personal es lícito efectuarlo, aunque sólo en determinadas circunstancias muy escogidas;
debe realizarse en casos en que se suprima mediante él una cabeza de la opresión. Lo que
no puede ni debe hacerse es emplear el material humano, especializado, heroico, sufrido,
en eliminar un pequeño asesino cuya muerte puede provocar la eliminación de todos los
elementos revolucionarios que se empleen y aún de más, en represalia.
El sabotaje debe ser de dos tipos: un sabotaje en escala nacional sobre determinados
objetivos y un sabotaje cercano a las líneas de combate. El sabotaje de escala nacional
debe estar fundamentalmente destinado a destruir las comunicaciones. Cada tipo de
comunicación puede ser destruido en una forma diferente; todas ellas son vulnerables.
Por ejemplo, los postes telegráficos y telefónicos son fácilmente destruibles, aserrándolos
casi hasta el total de modo que de noche presenten un aspecto inofensivo, y de pronto,
con una patada cae un poste que arrastra en su caída a todos los que están débiles y se
produce un apagón de considerable magnitud.
También se puede atacar los puentes, dinamitándolos y, si no hay dinamita, los de acero
se tumban perfectamente con soplete oxídrico. Un puente de tipo colgante de acero, debe
ser cortado en su viga maestra y además en la viga superior que sostiene la estructura.
Una vez cortadas al soplete estas dos vigas se irá hacia el otro extremo cortando también
las correspondientes a ese lado. En esta forma el puente caerá completamente sobre un
lado y se retorcerá, destruyéndose. Es la forma más efectiva para derribar un puente de
hierro sin dinamita. Los ferrocarriles deben ser destruidos también, las vías, alcantarillas;
a veces volados los trenes, dependiendo siempre del poderío de la guerrilla.
Las industrias vitales de cada región, en momentos definitivos, también serán destruidas,
utilizando para ello el equipo necesario. En estos casos hay que tener una concepción
global del problema y estar bien conteste de que no se puede destruir una fuente de
trabajo si no es en un momento decisivo, pues lo que trae como consecuencia es un
desplazamiento masivo de obreros y el hambre. Las industrias de los personeros del
régimen (tratando de convencer a los obreros de la necesidad de hacerlo), deben ser
eliminadas, salvo que traiga consecuencias sociales muy graves.
Insistimos en la tónica de los sabotajes sobre las vías de comunicación. La gran arma del
ejército enemigo contra el rebelde, en las zonas menos abruptas, es la comunicación
rápida; tenemos entonces que atacar constantemente esa arma rompiendo puentes de
ferrocarril, alcantarillados, luz eléctrica, teléfonos, también acueductos, en fin, todo lo
que es necesario para una vida normal y moderna.
En la cercanía de las líneas de combate, el sabotaje debe ser cumplido también en la
misma forma, pero con mucha más audacia, con mucha más dedicación y frecuencia.
Para estos casos se cuenta con un auxiliar inestimable como son las patrullas volantes del
ejército guerrillero que pueden bajar hasta estas zonas y ayudar a los miembros de la
organización civil para realizar la tarea. También el sabotaje debe ejercerse
primordialmente sobre las comunicaciones, pero con mucha mayor insistencia; además,
liquidar todas las fábricas, todos los centros de producción capaces de dar al enemigo
algo necesario para mantener su ofensiva contra las fuerzas populares.
Debe insistirse sobre la apropiación de mercancías, cortar los abastecimientos lo más
posible, amedrentar, si es necesario, a los grandes terratenientes que pretendan vender sus
productos agropecuarios, quemar los vehículos que transiten por las carreteras y
bloquearlas con ellos, y es conveniente en cada acción de sabotaje, a más o menos
distancia, en determinadas encrucijadas, que se trabe contacto frecuente con el ejército
enemigo, siempre siguiendo el sistema de pegar y huir. No es necesario hacer una
resistencia seria, simplemente demostrarle al adversario que en el lugar donde se produce
un sabotaje hay fuerzas de la guerrilla, dispuestas a combatir y obligarlo a llevar muchas
tropas, ir con cuidado o no ir.
Así poco a poco, se irán paralizando todas las ciudades cercanas a las zonas de
operaciones guerrilleras.
6. Industria de guerra
La industria de guerra, dentro del panorama del ejército guerrillero, es ya el producto de
una evolución bastante larga y, además, indica que se está en una situación geográfica
benevolente para la guerrilla. En el momento en que ya hay zonas liberadas y se
establecen cercos estrictos sobre todos los abastecimientos por parte del enemigo, se
organizarán diferentes departamentos necesarios -como ya lo hemos tratado-. En cuanto
al industrial, hay dos fundamentales; la zapatería y talabartería es uno de ellos. No puede
caminar una tropa sin zapatos, en zonas boscosas, quebradas, con muchas piedras, con
espinas. Es muy difícil marchar en estas condiciones y solamente los nativos de allí, y no
todos, podrán hacerlo. El resto debe estar calzado. La industria se divide en dos partes,
una para poner medias suelas y clavetear los zapatos averiados; el otro grupo se dedicará
a la confección de zapatos toscos; debe contar con todo un pequeño aparato de zapatería,
muy fácil de conseguir en esos territorios por constituir una industria artesanal practicada
por mucha gente. Anexa a la zapatería debe ir siempre una talabartería donde se haga
toda clase de implementos de uso común en la tropa como cananas y mochilas, trabajos
que pueden realizarse en lona o cuero y que, si bien no son vitales, contribuyen a la
comodidad y dan una sensación de autoabastecimiento, de autobienestar en la tropa.
Otra industria fundamental para las pequeñas organizaciones internas de la guerrilla, es la
armería. Tiene también varias funciones; la de reparación simple de piezas averiadas, de
todos los fusiles y otras armas que hay allí; la de fabricación de algunos tipos de armas de
combate que la inventiva popular creará y la confección y manejo de minas de variados
mecanismos. Cuando las condiciones son buenas conviene adjuntarle un equipo
encargado de la fabricación de pólvora. Si se puede fabricar, además de los mecanismos
percutores, el explosivo dentro del territorio libre, puede llegarse a brillantes
realizaciones en este capítulo que es muy importante, pues se paralizan completamente
las comunicaciones por carretera mediante el empleo adecuado de las minas.
Hay otra serie de industrias que también tienen su importancia. La herrería y hojalatería,
por ejemplo. En la herrería se hacen todos los trabajos para el aperaje de los mulos;
también se pueden hacer las herraduras; y en la hojalatería los trabajos de latón, de los
cuales muy importantes son los platos y sobre todo las cantimploras; anexo a esta
hojalatería puede estar un departamento de fundición. Fundiendo los metales blandos, se
puede hacer una fábrica de granadas, que con algún dispositivo de tipo especial vaya a
contribuir de manera importante al armamento de la tropa. Debe haber un equipo técnico
de reparaciones y de construcciones en general que puedan hacer determinadas y variadas
funciones; lo que se llama en un cuartel «batería de servicio» y que en este caso
constituiría más o menos una batería de este tipo, pero encargada de atender sin vestigio
de espíritu burocrático, todas las necesidades.
De las comunicaciones debe haber también un encargado. Este tendrá a su cargo no sólo
las comunicaciones de tipo propagandístico y relacionado con el mundo exterior, como el
radio, sino también los teléfonos, caminos de todos tipos, contando con la organización
civil necesaria para cumplir con efectividad su cometido. Recuérdese que estamos en
época de guerra, que podemos ser atacados por el enemigo y que, a veces, muchas vidas
dependen de una comunicación a tiempo.
Para la satisfacción de la tropa es bueno tener fábricas de tabacos o cigarros, comprando
la hoja en los lugares elegidos, llevándola hacia territorio libre y haciendo allí el material
para el consumo de los soldados. Otra industria de mucha importancia es el curtido.
Todas estas son empresas sencillas que se pueden realizar perfectamente dondequiera
adaptándose a la situación de la guerrilla. El curtido requiere algunas pequeñas
construcciones de cemento y sobre todo, consume mucha sal, pero va a dar una enorme
ventaja a la industria del calzado, al tener su materia prima allí. La sal debe hacerse en el
terreno mismo de la revolución, concentrándose en grandes cantidades. Para hacerla es
necesario llegar a lugares de alta concentración salina y evaporarla. El mar es la mejor
fuente. Puede haber otras, no es necesario purificarla de toda una serie de sales adjuntas,
simplemente se puede consumir en esa forma aunque al principio tiene un sabor no muy
grato.
La carne debe conservarse en forma de tasajo, bastante sencillo de hacer y que puede
salvar muchas vidas en una situación extrema para las tropas. Se puede conservar en
grandes toneles con sal durante un tiempo bastante largo y se prepara cualesquiera que
sean las circunstancias externas.
7. La propaganda
La difusión de la idea revolucionaria a través de los vehículos necesarios para ella, debe
hacerse con la mayor profundidad posible. Esto lleva aparejado todo un equipo y una
organización que lo respalde. Esta organización debe ser de dos tipos y complementarse
para cubrir todo el ámbito nacional; desde fuera, es decir la organización civil nacional, y
desde dentro, es decir en el seno del ejército guerrillero. Para coordinar estas dos
propagandas, cuya función está estrechamente unida, debe haber un solo organismo
director.
La propaganda de tipo nacional desde organizaciones civiles fuera del territorio liberado,
debe hacerse con periódicos, boletines y proclamas. Los periódicos más importantes se
ocuparán de las cosas generales del país e irán informando al público la situación exacta
de las fuerzas guerrilleras, atendiendo siempre al principio fundamental de que la verdad,
a la larga, resulta beneficiosa para los pueblos. Además de estas publicaciones de tipo
general, debe haber otras más especializadas para diversos sectores de la población. La
publicación campesina debe traer a esta clase un mensaje de sus compañeros de todas las
zonas liberadas que ya han sentido los efectos beneficiosos de la revolución y difundir
por ese medio las aspiraciones del campesinado. Un periódico obrero de las mismas
características, con la sola diferencia que no siempre habrá un mensaje de la parte
combatiente de la clase, pues es fácil que no existan organizaciones obreras en el marco
de una guerra de guerrillas, en etapa que no sea de las postreras.
Deben explicarse las grandes consignas del movimiento revolucionario, la consigna de la
huelga general en el momento oportuno, de la ayuda a las fuerzas rebeldes, de la unidad,
&c. Pueden publicarse algunos otros periódicos, de acción por ejemplo, explicando la
tarea de los elementos de toda la isla no combatientes en la guerrilla, que se ocupan sin
embargo de diversos actos de sabotaje, de atentados, &c. Dentro de la organización puede
haber periódicos destinados a los soldados enemigos donde se les explique una serie de
hechos desconocidos por ellos. Los boletines y proclamas de actualidad del movimiento
son muy útiles.
La propaganda más efectiva es la que se hará desde dentro de la zona guerrillera. Se dará
preferencia a la difusión de las ideas para los naturales de la zona, explicando
teóricamente el hecho, para ellos conocido, de la insurrección. En esta sección habrá
también periódicos campesinos, el órgano general de todas las fuerzas guerrilleras y
boletines y proclamas, además del radio.
Por radio se explicarán todos los problemas, la forma de defenderse de los ataques aéreos,
por dónde están las fuerzas enemigas, citando nombres familiares. La propaganda de tipo
nacional contará con los periódicos del mismo tipo que los anteriores, pero podrán
narrarse una serie de hechos, de batallas que interesan fundamentalmente al lector,
noticias mucho más frescas y más exactas que lo que pueda hacerlo nadie. En la
información internacional se limitará exclusivamente o casi exclusivamente a comentar
hechos que se vinculen directamente con la lucha de liberación.
La propaganda que será más efectiva, a pesar de todo, la que se hará sentir más
libremente en todo el ámbito nacional y la que llegará a la razón y a los sentimientos del
pueblo, es la oral por radio. La radio es un elemento de extraordinaria importancia. En los
momentos en que la fiebre bélica está más o menos palpitante en cada uno de los
miembros de una región o de un país, la palabra inspiradora, inflamada, aumenta esa
misma fiebre y la impone en cada uno de los futuros combatientes. Explica, enseña,
enardece, determina en amigos y enemigos sus posiciones futuras. Sin embargo la radio
debe regirse por el principio fundamental de la propaganda popular, que es la verdad; es
preferible decir la verdad, pequeña en cuanto a dimensiones efectistas, que una gran
mentira cargada de oropel. En radio se deben dar, sobre todo, noticias vivas, de combates,
encuentros de todo tipo, asesinatos cometidos por la represión y, además, orientaciones
doctrinales, enseñanzas prácticas a la población civil, y de vez en cuando discursos de los
jefes de la revolución.
Consideramos útil que el periódico fundamental del movimiento lleve un nombre que
recuerde algo grande y unificador, ya sea el de un héroe del país u otro semejante y
explicar siempre en artículos de fondo hacia dónde va ese movimiento armado, ir
formando conciencia de los grandes problemas nacionales y manteniendo, además, una
serie de secciones de un interés más vibrante para el lector.
8. Información
«Conócete a ti mismo y a tu adversario y podrás librar cien batallas sin un solo desastre.»
Este aforismo chino vale para la guerra de guerrillas como salmo bíblico. No hay nada
que ayude más a las fuerzas combatientes que la correcta información. Esta tendrá un
aspecto espontáneo, dado por los habitantes del lugar que irán a contar a su ejército
amigo, a sus aliados, lo que ocurre en tal o cual lugar pero, además, debe estar
perfectamente estructurada. Así como vimos que debería haber postas, correos, &c.,
dentro de las zonas guerrilleras para los contactos necesarios y fuera de la misma, para
llevar mercancías, la información deberá estar directamente y fundamentalmente en
contacto con los frentes enemigos; deben allí infiltrarse los hombres y las mujeres, sobre
todo mujeres, estar en contacto permanente con los soldados y paulatinamente ir
averiguando lo averiguable. Hay que establecer también el sistema de coordinación, para
que el cruce de las líneas enemigas al campo guerrillero se realice sin tropiezo.
Si se hace bien y con agentes capaces, se podrá dormir más tranquilamente en el
campamento insurrecto.
Esta información abarcará como línea fundamental, como ya dije, toda la primera línea
de fuego o los primeros campamentos enemigos que estén en contacto con la tierra de
nadie; pero, además, debe irse progresando a medida que va progresando también la
guerrilla y aumentando su potencialidad para prever movimientos de tropa más grandes,
más profundos, que puedan hacerse en la retaguardia enemiga. Todos los habitantes son
agentes de información de la guerrilla, en los lugares donde ella domina o incursiona,
pero es bueno tener personas especialmente destacadas para estos requisitos, porque no se
puede confiar en las palabras del campesino; acostumbrado a exagerar y poco
acostumbrado al preciso lenguaje guerrero y, si se logra ir modelando y organizando las
formas espontáneas de colaboración popular, se podrá hacer del aparato de información,
no sólo el auxiliar importantísimo que es, sino también, un agente contraofensivo, por
medio, por ejemplo, de las «sembradoras de miedo» que pueden ir con noticias
desalentadoras entre la soldadesca, fingiéndose afines a ellos pero sembrando el miedo y
la inestabilidad entre la tropa enemiga. La movilidad, táctica primordial, se puede
desarrollar al máximo, conociendo exactamente los lugares por donde la tropa enemiga
va a atacar, es muy fácil huirle o, a su vez, atacarla en los sitios más inesperados.
9. Entrenamiento y adoctrinamiento
El entrenamiento del soldado libertador, en lo fundamental, es la propia vida de la
guerrilla y no puede existir un jefe que no haya aprendido en el ejercicio diario de las
armas su difícil oficio. Podrá convivir con algunos compañeros que vayan enseñándole
algo del manejo de las armas, de las nociones de orientación, de la forma de tratar a la
población civil, de pelear, &c., pero no se consume, no se distrae el precioso tiempo de la
guerrilla en una enseñanza metodizada. Eso sólo ocurre cuando ya hay un área grande
liberada y se necesitan gran cantidad de brazos que cumplan una función combativa.
Entonces se fundan las escuelas de reclutas.
Estas escuelas cumplen en ese momento una función importantísima; van a dar el nuevo
soldado, el que viene ya sin pasar por ese gran tamiz que es para la guerrilla las
privaciones formidables de la vida combatiente. Al primero, las privaciones soportadas lo
convierten en un verdadero elegido, después de haber pasado por pruebas dificilísimas
para llegar a incorporarse al reino de un ejército mendigo que no deja huellas de su paso
por ningún lado. Deben hacerse ejercicios físicos, fundamentalmente de dos tipos: una
gimnasia ágil con enseñanzas para la guerra de tipo comando, agilidad en el ataque y en
la retirada, y marchas violentas, extenuantes, que vayan endureciendo al recluta para esta
existencia. Realizar, sobre todo, vida al aire libre. Sufrir todas las inclemencias del
tiempo en un estrecho contacto con la naturaleza, como se hace en guerrilla.
La escuela de reclutas tiene que tener trabajadores que atiendan su autoabastecimiento;
para ello debe haber establos, granjas, huertos, vaquería, todo lo necesario para que no
pese sobre el presupuesto general del ejército guerrillero. Los alumnos podrán ser
rotativos en el trabajo de abastecimiento, mandarse castigados los más malos o,
simplemente de voluntarios.
Eso depende ya e características propias de la zona donde se vaya a realizar la escuela.
Nosotros creemos que un buen principio es el de poner allí a voluntarios y cubrir las
cuotas de trabajo necesario con los que tengan peor conducta o menor disposición para el
aprendizaje de la guerra.
Debe tener la escuela su pequeña organización de sanidad, con un médico o enfermero,
de acuerdo con las posibilidades, que brinde a los reclutas la mejor atención posible.
El tiro es el aprendizaje fundamental. El guerrillero debe ser un hombre de mucha
preparación en ese punto, tratando de gastar la menor cantidad posible de parque.
Empieza haciendo lo que se llama tiro en seco. Consiste en un armatoste cualquiera de
palo, donde el rifle se asienta firmemente. Los reclutas apuntan sin mover el fusil a un
blanco situado en una zona determinada que se va moviendo de uno a otro lado sobre un
fondo que permanece firme. Si los tres tiros dan en un solo punto es excelente. Cuando
hay un poquito más de posibilidades se pueden empezar las prácticas de tiro con riflecitos
calibre 22, de mucha utilidad en estos casos. En circunstancias especiales, en que sobre
parque o haya mucha necesidad de preparar algunos soldados, se les dará la oportunidad
de hacer disparos con balas.
Una de las materias más importantes de la escuela de reclutas, que teníamos nosotros
como básica, y que puede darse o no en cualquier otro lugar del mundo, son los ataques
aéreos. Nuestra escuela había sido perfectamente identificada desde el aire y
centralizaban sus ataques, una o dos veces diarias sobre el campamento. La forma en que
el alumno resistía el embate de estos continuos bombardeos sobre sus lugares de
instrucción habituales era algo que prácticamente definía a estos muchachos sobre sus
posibilidades para ser un soldado útil durante la contienda.
La parte importante, la que nunca se debe descuidar en la escuela de reclutas, es el
adoctrinamiento, importante porque los hombres llegan a ingresar sin una concepción
clara de por qué vienen, solamente con conceptos totalmente difusos sobre la libertad, la
libertad de prensa, &c., sin fundamento lógico alguno. Por ello el adoctrinamiento debe
hacerse durante el mayor tiempo posible y con la mayor dedicación. Durante esos cursos
se darán las nociones elementales de la historia del país, explicados con un sentido claro
de los hechos económicos, de los hechos que motivan cada uno de los actos históricos;
los héroes nacionales, su forma de reaccionar frente a determinadas injusticias y, después,
un análisis de la situación nacional o de la situación de la zona: una cartilla escueta que
sea bien estudiada por todos los miembros del ejército rebelde, de modo que pueda servir
esto de esqueleto a lo que viene más tarde.
Además, debe existir una escuela de capacitación para maestros donde precisamente se
pongan de acuerdo sobre los textos elegidos, sobre la experiencia que pueda aportar uno
en el aspecto educacional.
Se debe impulsar en todo momento la lectura, también tratando de elegir los libros para
que no se pierda el tiempo en cosas que no dejen absolutamente ningún sedimento, ir
dando la facilidad al recluta de que entre en contacto con el mundo de las letras y con los
grandes problemas nacionales. Las lecturas progresivas serán impulsadas por una
vocación que vaya surgiendo en él o por imposición de las circunstancias actuantes a su
alrededor que despertará inquietudes nuevas en los soldados, y esta situación se logrará
con trabajo, poco a poco, cuando las escuelas de reclutas vayan demostrando en su tarea
rutinaria las ventajas enormes de los hombres que han pasado por ésta sobre el resto de la
tropa, su capacidad de análisis de los problemas, su disciplina superior, que es otra de las
cosas que debe enseñarse fundamentalmente en la escuela de reclutas.
Una disciplina que es interna, que debe estar perfectamente justificada por razones, no
mecánica, y que da unos resultados formidables en momentos de combate.
10. La organización estructural del ejército de un movimiento
revolucionario
Como ya hemos visto, un ejército revolucionario de tipo guerrillero, cualquiera que sea la
zona de operaciones, debe contar además con una organización no combatiente que le
preste una serie de apoyos importantísimos para su misión. Veremos entonces que toda
esta organización converge hacia el ejército para prestarle su máxima ayuda pues,
evidentemente, será la lucha armada el factor esencial del triunfo.
La organización militar se hace sobre la base de un jefe, en el caso de la experiencia
cubana Comandante en Jefe, que nombre a su vez los diferentes comandantes de regiones
o de zonas, con potestad éstos para gobernar su territorio de acción, para nombrar
comandantes de columna, es decir jefes de cada columna, y los demás grados inferiores.
Después de comandante en jefe estarían los jefes de zona, es decir un comandante con
varias columnas donde haya otros comandantes subordinados a él cuyo tamaño variará de
acuerdo con las circunstancias. Después, comandante de columna, capitán y, en nuestra
organización guerrillera, teniente que es el último grado. Es decir, se asciende de soldado
a teniente.
No es un modelo, es la descripción de una realidad, de cómo operó en un país y cómo con
esa organización se pudo llegar a obtener el triunfo sobre un ejército bastante bien
organizado y armado. No es de ninguna manera, y en este caso menos que en otros, una
ejemplarización. Simplemente es mostrar cómo se van sucediendo los hechos, cómo
puede organizarse una fuerza armada. No tienen importancia los grados, en definitiva; lo
que tiene importancia es que nunca se dé un grado que no corresponda a la fuerza
efectiva de combate que haya, que no se dé un grado que esté reñido con la moral y con
la justicia, que no haya sido pasado por el tamiz del sacrificio y de la lucha.
Esta descripción que hemos dado anteriormente es de un ejército importante, ya en vías
de presentar un combate serio, y no la primera imagen de la guerrilla, donde el jefe puede
llevar el grado que guste, pero comanda sólo un pequeño grupo de hombres.
De todas las medidas de organización militar, una de las más importantes es la corrección
disciplinaria. La disciplina debe ser (esto hay que recalcarlo una y otra vez) una de las
bases de acción de la fuerza guerrillera, debe ser, también lo hemos dicho anteriormente,
una fuerza que nazca de una convicción interna y esté perfectamente razonada; de allí
surge un individuo con disciplina interior. Cuando esta disciplina se rompe hay que
castigar siempre al que lo hizo, cualquiera que sea su jerarquía, castigarlo drásticamente y
aplicar el castigo donde duela.
Es importante esto, porque el dolor de un soldado guerrillero no se manifiesta en la
misma forma que el dolor de un soldado de cuartel. El castigo de dejar diez días en un
calabozo a un soldado constituye, en la guerrilla, un descanso formidable; diez días
donde hará lo único que no puede dejar de hacer, que es comer, durante los cuales no
caminará, no trabajará, no hará las guardias acostumbradas y podrá dormir todo lo que
quiera, descansar, leer, &c. De esto se deduce que la privación de la libertad, como único
castigo, en las situaciones de la guerrilla, no es aconsejable.
Hay casos, cuando es muy alta la moral de combate del individuo, cuando su amor propio
es considerable, en que la privación de su derecho a ir armado puede provocar una
reacción positiva y constituir un verdadero castigo para el individuo. En estos casos,
conviene aplicarla.
Este penoso incidente lo demuestra: en el ataque a una de las ciudades de Las Villas, en
los días postreros de la guerra, encontramos un individuo dormido en un sillón, mientras
atacaban unas posiciones en medio del pueblo. El hombre respondió al interrogatorio que
estaba allí durmiendo porque le habían quitado el arma, se le dijo entonces que esa no era
manera de reaccionar, que había sido castigado por una imprudencia suya (se le había
escapado un tiro) y que esa arma la debía recuperar pero no así sino en primera línea de
combate.
Pasaron pocos días y en el asalto final a la ciudad de Santa Clara, en las primeras
arremetidas contra la ciudad, cuando estábamos visitando el hospital de sangre, un
moribundo que allí estaba extendió su mano recordando ese hecho que he narrado
anteriormente y afirmando que había sido capaz de recobrar su arma y se había ganado el
derecho a portarla. Poco después moría.
Ese era el grado de moral revolucionaria que había logrado nuestra tropa con el ejercicio
continuo de la lucha armada. No puede lograrse en los primeros días, cuando todavía hay
muchos miedos, muchas corrientes subjetivas que van frenando la influencia de la
revolución, pero se logra al final con el trabajo, el ejemplo continuo.
Pueden ser castigos también las guardias nocturnas largas y las marchas forzadas, pero
las marchas tienen el grave defecto de que no son prácticas porque no tienen otro fin que
el de castigar y estar consumiendo al individuo, llevando guardianes que también se
cansan, para que se realicen; y las guardias tienen el inconveniente de que hay que poner
gente a vigilar los castigados, soldados de muy escasa mentalidad revolucionaria.
En las fuerzas directamente a mi mando impuse el castigo de arresto con privación de
golosinas o cigarros, en casos leves, y ayuno total, en casos peores. El resultado era
magnífico, aunque el castigo sea terrible y sólo aconsejable en circunstancias muy
especiales.
Capitulo III
Organización del frente guerrillero
1. Abastecimientos
Un correcto abastecimiento es fundamental para la guerrilla. El grupo de hombres en
contacto con el suelo, tiene que vivir de los productos de este suelo y al mismo tiempo
permitir que vivan los que se lo dan, es decir los campesinos del lugar, pues en la dura
lucha guerrillera no es posible, sobre todo en los primeros momentos, dedicar energías a
tener abastecimientos propios, sin contar con que estos abastecimientos serían fácilmente
localizables y destruibles por las fuerzas enemigas, ya que se supone un territorio
completamente permeabilizado para la acción de las columnas represivas. El
abastecimiento en las primeras épocas es siempre interno.
Con el desarrollo de las condiciones guerrilleras tiene también que haber un
abastecimiento exterior a las líneas o territorio de combate. En el primer momento se
vivirá solamente de lo que los campesinos tengan; se podrá llegar a alguna bodega a
comprar algo, pero nunca tener líneas de abastecimientos, pues no hay territorio donde
establecerlas. La línea de abastecimiento y el almacén de comestibles están
condicionados al desarrollo de la lucha guerrillera.
Lo primero es ganarse la confianza absoluta de los habitantes de la zona y esta confianza
se gana con la actitud positiva frente a sus problemas, con la ayuda y orientación
constante, con la defensa de sus intereses y el castigo de quienes pretendan aprovecharse
del momento caótico que viva la misma, para ejercer influencias, desalojar campesinos,
apoderarse de sus cosechas, establecer intereses usurarios, &c. La línea debe ser blanda y
dura al mismo tiempo. Blanda y de colaboración espontánea con todos los simpatizantes
honestos frente al movimiento revolucionario, dura contra los que directamente están
atacándolo, fomentando disensiones o simplemente comunicando noticias importantes al
ejército enemigo.
Poco a poco se irá esclareciendo el territorio y se podrá contar entonces con una mayor
comodidad para poder actuar. El principio fundamental que debe regir es el de pagar
siempre toda la mercancía que se tome de un amigo. Esta mercancía puede consistir en
frutos de la tierra o artículos de establecimientos comerciales. Muchas veces son
donados, pero hay otras en que las condiciones económicas del mismo campesinado
impiden estas donaciones y hay casos en que las mismas necesidades de la guerra obligan
a asaltar almacenes que tengan víveres o vituallas necesarias y que no se pueden pagar,
sencillamente por no haber dinero. En esos casos debe siempre dársele al comerciante un
bono, pagaré, algo que certifique la deuda; los «bonos de esperanza» ya descritos. Esta
medida es mejor realizarla con la gente que esté fuera de los límites del territorio liberado
y en estos casos pagar lo antes posible o amortizar parte de la deuda. Cuando las
condiciones hayan mejorado lo suficiente como para mantener un territorio
permanentemente fuera del dominio del ejército adversario, se puede llegar a las siembras
colectivas, donde los campesinos trabajen las tierras a beneficio del ejército guerrillero y
en esta forma garantizar una adecuada fuente de abastecimiento agrícola de carácter
permanente.
Si el número de voluntarios para el ejército guerrillero es mucho mayor que el necesario,
pues no hay armas, y circunstancias políticas impiden a esos hombres bajar a zonas
dominadas por el enemigo, el ejército rebelde puede hacer trabajar directamente en la
tierra a sus hombres y a todos los incorporados, recogiendo los frutos que garanticen el
abastecimiento y llenando su hoja de servicios para futuros ascensos a combatientes; sin
embargo, es más aconsejable que las siembras se hagan directamente por los campesinos,
pues el trabajo es más efectivo, se hace con más entusiasmo, con más capacidad. Cuando
las condiciones han madurado más aún se puede llegar a la compra de cosechas enteras
que, dependiendo de los frutos que sean, puedan permanecer en el campo o en almacenes
para el uso del ejército.
Cuando se hayan establecido organismos encargados también de abastecer a la población
campesina, se concentrarán todos los alimentos en estos organismos para servir en
operaciones de trueque entre los campesinos, siendo el ejército guerrillero el
intermediario.
Si las condiciones siguen mejorando, se pueden establecer impuestos que deben ser lo
menos lesivos posible, sobre todo para el pequeño productor. Hay que atender por sobre
todas las cosas las relaciones de la clase de los campesinos con el ejército guerrillero, que
es una emanación de esta clase.
Los impuestos pueden cobrarse en dinero en efectivo en algunos casos y en otros con
parte de las cosechas, la que pasará a engrosar los abastecimientos. La carne es uno de los
artículos de primera necesidad. Hay que asegurar su producción y conservación. Se
establecerán granjas con campesinos aparentemente desvinculados del ejército, si no se
cuenta con una zona segura, que se dediquen a la producción de gallinas, huevos, cabras,
cochinos; todos los animales comprados o directamente confiscados a los grandes
terratenientes. En zonas de latifundio suele haber ganado en cantidades grandes. Puede
ser muerto, salado y la carne mantenida en esas condiciones, en las cuales permanece
apta para el consumo durante mucho tiempo.
Con esto se consigue también el cuero y se puede desarrollar una industria del curtido –
más o menos elemental- que permita tenor la materia prima para el calzado, uno de los
adminículos fundamentales para la lucha. Depende mucho de las zonas, pero, en general,
se puede decir que los alimentos imprescindibles son: la carne, la sal y algunas
legumbres, tubérculos o granos.
Siempre el alimento básico es producido por los campesinos; puede ser malanga, en las
regiones montañosas de la provincia de Oriente, Cuba; puede ser maíz en las regiones
montañosas de México y Centroamérica o Perú, las papas en el mismo Perú; y en otras
zonas, como Argentina, el ganado; el trigo en otras, pero siempre hay que asegurar un
abastecimiento de los alimentos fundamentales de la tropa y alguna clases de grasa que
permita comer mejor los mismos, ya sean mantecas animales o vegetales.
La sal es uno de los ingredientes imprescindibles. Cuando se está cerca del mar y en
conexión con él hay que establecer inmediatamente pequeños secaderos que aseguren una
cierta producción para tener siempre un remanente y poder abastecer las tropas.
Recuérdese que en lugares agrestes como estos, donde no se producen sino algunos de los
alimentos, es fácil tender un cerco que empobrezca formidablemente a la zona. Es bueno
prever estos casos por medio de la organización campesina, de las organizaciones civiles
en general. Que los habitantes de la zona tengan su abastecimiento mínimo que les
permita al menos malvivir durante las épocas más duras de la contienda. Debe tratarse
rápidamente de tener una buena provisión de alimentos que no se descompongan, como
son los granos, que resisten bastante tiempo, sea maíz, trigo, arroz, &c.; harina, sal,
azúcar, enlatados de todos tipos y, también, hacer las siembras necesarias.
Llegará un momento en que estarán solucionados los problemas alimenticios de la zona
para las tropas residentes pero se necesitará una gran cantidad de productos extra; pieles
para los zapatos, si no se puede crear una industria del curtido que abastezca a la zona;
telas para vestidos, y todos los aditamentos necesarios para los mismos, papel, imprenta o
mimeógrafos para los periódicos, tinta y todos los otros implementos.
En fin, las necesidades de artículos del mundo exterior aumentarán a medida que las
guerrillas se vayan organizando y su organización se haga más compleja. Para cubrirla
adecuadamente es necesario que funcione perfectamente la organización de las líneas de
abastecimiento. Estas organizaciones se hacen fundamentalmente a través de campesinos
amigos. La forma debe ser bipolar, es decir, con extremos en el frente guerrillero y en las
ciudades; a partir de las zonas guerrilleras irán saliendo líneas de abastecimientos que
permeabilicen todo el territorio permitiendo pasar los materiales. Poco a poco los
campesinos se acostumbran al peligro (en pequeños grupos pueden hacer maravillas) y a
poner el material que se necesite en el lugar indicado sin correr peligros extremos. Estas
movilizaciones se pueden hacer de noche, con mulos o animales de carga de este tipo y
también con camiones, dependiendo de la zona; así se puede hacer un abastecimiento
muy bueno. Hay que considerar que este es el tipo de línea de abastecimiento para áreas
cercanas a los lugares de operación.
Hay que organizar una línea de abastecimiento desde áreas lejanas. Estas deben dar el
dinero necesario pare hacer las compras y también algunos implementos que no se
consigan en los pueblos o ciudades provinciales. La organización se nutrirá con donativos
directos que hagan los sectores simpatizantes con la lucha por medio de bonos
clandestinos, que se deben dar teniendo siempre un estricto control sobre el personal
encargado de su manipulación y exigiendo responsabilidades serias cuando se olviden los
requisitos de moral indispensables para estos casos. Las compras se pueden hacer en
efectivo y también con «bonos de esperanza», cuando hay un ejército guerrillero que,
saliendo de su base de operaciones, amenaza una nueva zona. En estos casos no hay más
remedio que tomar la mercancía de cualquier comerciante y que éste dependa de la buena
fe, o de las posibilidades o no de hacer efectiva esta cuenta por parte de los ejércitos
guerrilleros.
En todas las líneas de abastecimientos que pasan por el campo, es necesario tener una
serie de casas, terminales o estaciones de camino, donde se pueda esconderlos durante el
día para seguir a la noche siguiente. Estas casas deben ser conocidas solamente por los
encargados directos de los abastecimientos, y conocerán del trasiego lo menos posible sus
habitantes, siendo, además, las personas que más confianza brinden a la organización.
Uno de los animales más importantes para todas estas tareas es el mulo. El mulo, de
increíble resistencia a las fatigas y de capacidad para caminar en las zonas más
accidentadas, puede llevar en su lomo más de 100 kilos, durante días y días, y por su
austeridad en cuanto a exigencia de comestibles es el transporte ideal. Las arrias de mulos
deben estar perfectamente dotadas de herraduras, con arrieros conocedores del animal y
que lo cuiden lo más posible. Se puede así tener verdaderos ejércitos de cuatro patas de
increíble utilidad. Pero muchas veces, por sufrido que sea el animal y por capacidad que
tenga para aguantar la jornada más dura, se ve obligado a dejar la carga en determinados
sitios por lo difícil del paso. Para obviar esto, habrá un equipo encargado de hacer los
caminos destinados a esta clase de animales. Si todas estas condiciones se cumplen, si se
lleva una organización adecuada y el ejército rebelde mantiene con los campesinos las
inmejorables relaciones necesarias, se garantiza un abastecimiento efectivo y duradero
para toda la tropa.
2. Organización civil
La organización civil del movimiento insurreccional es muy importante en cualquiera de
los dos frentes: el externo y el interno. Naturalmente tienen características bastante
diferentes y las funciones también, aún cuando realicen trabajos que puedan caer dentro
de una misma denominación. No es igual, por ejemplo, la recaudación que pueda hacer el
frente externo a la que pueda hacerse en el frente interno, ni la propaganda, ni el
abastecimiento. Vamos a describir primero los trabajos del frente interno.
Al considerar «frente interno» estamos ya diciendo que es un lugar dominado,
relativamente, por lo menos, por las fuerzas de liberación, y también debe suponerse que
es un lugar apto para la guerra de guerrillas porque, cuando no se dan esas condiciones,
es decir, cuando se están desarrollando luchas guerrilleras en zonas no aptas, la
organización guerrillera aumenta en extensión pero no en profundidad; va canalizando
nuevos lugares, pero no puede llegar a tener una organización interna pues está toda la
zona permeabilizada por el enemigo. En el frente interno podemos tener una serie de
organizaciones que cumplan su función específica para la mejor marcha de la
administración. La propaganda en general pertenece directamente al ejército, pero
también puede estar separada de éste aun cuando bajo su control. (De todas maneras, es
tan importante este punto que lo trataremos aparte.) La recaudación pertenece a la
organización civil, así como la organización de los campesinos en general, si hubiera
obreros, también de éstos y estas dos deben estar regidas por una auditoría.
La recaudación, como ya hemos explicado en el capítulo anterior, puede desarrollarse de
varias maneras; por impuestos directos e indirectos, por donativos directos y
confiscaciones; todo esto viene a llenar el gran capítulo de los abastecimientos del
ejército guerrillero.
Algo que hay que tener muy en cuenta es que no se debe de ninguna manera empobrecer
la zona por la acción directa del ejército rebelde -aunque indirectamente sea el
responsable del empobrecimiento debido a los cercos enemigos, lo que la propaganda
adversaria hará resaltar repetidamente-. Precisamente por esta circunstancia es por lo que
no se debe crear causas directas de conflictos. No debe haber, por ejemplo, reglamentos
que impidan a los cosecheros de una zona que está en territorio liberado vender sus
productos fuera de ese territorio, salvo circunstancias extremas y transitorias, explicando
bien al campesinado estas características. Al lado de cada acto del ejército guerrillero
debe existir siempre el departamento de difusión necesario para explicar las razones de
este acto, el que, en general, será bien comprendido por un campesino que tendrá sus
hijos, padres, hermanos o parientes de alguna clase, dentro de este ejército que será una
cosa suya.
Dada la importancia de las relaciones campesinas, hay que crear organizaciones que las
canalicen y las reglamenten, organizaciones que, no solamente estarán dentro del área
liberada, sino también tendrán conexiones con las áreas adyacentes, y, precisamente a
través de ellas, se podrá ir permeabilizando la zona para una futura ampliación del frente
guerrillero. Los campesinos irán sembrando la semilla de la propaganda oral y escrita, los
relatos de cómo se vive en la otra zona, de las leyes que ya se han dado para la protección
del pequeño campesino, del espíritu de sacrificio del ejército rebelde; en fin, están
creando la atmósfera necesaria para la ayuda a la tropa rebelde.
Los organismos campesinos deben tener también su conexión de tal tipo que permita a la
organización del ejército guerrillero en cualquier momento canalizar cosechas y
venderlas en el territorio enemigo mediante una serie de intermediarios más o menos
benevolentes, más o menos benefactores de la clase campesina, ya que, en todos esos
casos, junto a la devoción por la causa que lleva al comerciante a desafiar peligros, existe
la devoción por el dinero que lo lleva a aprovechar los mismos para su fin de extraer
dividendos.
Ya habíamos dicho, al hablar de los abastecimientos, la importancia que tiene el
departamento de construcción de caminos. Cuando la guerrilla ha alcanzado un
determinado grado de desarrollo, tiene centros más o menos fijos y no anda vagando sin
campamento alguno por diversas regiones, se debe establecer una serie de rutas que
pueden ir desde el pequeño trillo que permita el paso de un mulo hasta el buen camino de
camiones. Para todo esto hay que tener en cuenta la capacidad de organización del
ejército rebelde y la capacidad ofensiva del enemigo que puede destruirlos e incluso
llegar a los campamentos fácilmente, precisamente por caminos que son creados por el
opositor. Como regla esencial, debe apuntarse que los caminos son para contribuir al
abastecimiento en lugares cuya solución de otro modo sería imposible y que no se deben
hacer sino en circunstancias donde casi seguro se pueda mantener la posición ante un
embate del adversario, salvo que estos se concierten entre puntos que hagan más cómoda
la comunicación pero no sean vitales ni acarreen un peligro en su construcción.
Además, se pueden hacer otras vías de comunicación. Una de ellas, muy importante, es el
teléfono, que puede tenderse en el monte, con la facilidad que significa el tener los
árboles como postes y con la ventaja de que no son visibles desde lo alto para la
observación del enemigo. También supone el teléfono una zona donde éste no puede
llegar.
La auditoría, o departamento central de justicia, de leyes revolucionarias y de
administración, es uno de los puntos vitales de un ejército guerrillero ya constituido, con
territorio propio. Debe estar a cargo de algún individuo que conozca las leyes del país, si
conoce las necesidades de la zona desde un punto de vista jurídico, mejor aún y que
pueda ir dando una serie de decretos y reglamentos para ayudar al campesino a
normalizar, institucionalizar la vida dentro de la zona en rebeldía.
Por ejemplo, de nuestra experiencia de la guerra cubana: elaboramos un código penal, un
código civil, un reglamento de abastecimiento al campesinado y el reglamento de la
Reforma Agraria. Posteriormente se establecieron las leyes de castigo para los aspirantes
a elecciones que iban a hacerse días después en todo el país y la ley de Reforma Agraria
de la Sierra Maestra. Además, la auditoría tiene a su cargo todas las operaciones de
contabilidad de la columna o de las columnas guerrilleras, y se encarga de administrar los
problemas monetarios de la misma, interviniendo a veces directamente en el
abastecimiento.
Todas estas son recomendaciones elásticas, bases que da la experiencia vivida en un lugar
determinado, geográfica e históricamente situado, que pueden ser cambiadas según lo
aconseje una experiencia de otro lugar geográfico, histórico y social.
Además de auditoría, hay que tener muy en cuenta la sanidad general de la zona, que se
debe hacer por medio de los hospitales madres, es decir, los hospitales centrales,
militares, que darán asistencia lo más completa posible a todo el campesinado. También
en estos casos depende de las características alcanzadas por la revolución que se pueda
dar un adecuado tratamiento médico. Los hospitales civiles y la sanidad civil están
directamente unidos al ejército rebelde y sus cargos son desempeñados por oficiales y
miembros del mismo, con la doble función de curar al pueblo y de orientarlo para mejorar
su salud, pues los grandes problemas sanitarios de las poblaciones en estas condiciones
radican en que desconocen totalmente los más elementales principios de la higiene y por
ello agravan aún más su precaria situación.
Los cobros de impuestos, como ya dije, pertenecen a la auditoría general también.
Los almacenes son muy importantes. En cuanto se consiga algún lugar donde ya se
establezca un principio de sedentarización de la guerrilla, deben establecerse almacenes
lo más ordenados posibles, que vayan asegurando el cuidado mínimo de la mercancía y
sobre todo el control para su equitativa distribución posterior, única fórmula para
corregirlo.
En el frente exterior las funciones son diferentes en cuanto a calidad misma y en cuanto a
cantidad también; por ejemplo, la propaganda debe ser de tipo nacional, orientadora,
explicando las victorias obtenidas por los compañeros de la guerrilla, llamando a luchas
efectivas de masas a obreros y campesinos y dando noticias, si las hubiera, de victorias
obtenidas en este frente. La recaudación es totalmente clandestina, debe hacerse teniendo
los mayores cuidados posibles y aislando completamente la cadena entre el primer
recaudador pequeño y el tesorero de la organización.
Esta organización debe estar distribuida en zonas que se complementen para formar un
todo, zonas que pueden ser provincias, estados, ciudades, aldeas, depende de la magnitud
del movimiento. En todos ellos tiene que haber una comisión de finanzas que se ocupe de
la orientación de la recaudación. Se puede recaudar dinero mediante bonos o mediante
donativos directos, e incluso, ya más avanzado el proceso de la lucha, cobrar impuestos,
ya que los industriales deberán hacerlos efectivos por la gran fuerza que tenga el ejército
insurrecto. El abastecimiento debe condicionarse a las necesidades expuestas por las
guerrillas y estará organizado en forma de ir encadenando las mercancías, de tal modo
que las más comunes se logren en los lugares cercanos, buscando en los centros mayores
las cosas verdaderamente escasas o imposibles de conseguir en otros puntos y así
sucesivamente tratando siempre de que la cadena sea lo más limitada posible, esté en
conocimiento del menor número de hombres y pueda así cumplir por más tiempo su
misión.
Los sabotajes deben ser reglamentados por la organización civil en la parte externa,
coordinados con el mando central. En circunstancias especiales que es muy conveniente
analizar, se usará el atentado personal. En general, consideramos que este es negativo,
salvo el que elimine alguna figura notablemente destacada por sus fechorías contra el
pueblo y su eficacia represiva. Nuestra experiencia de la lucha cubana enseñó que se
podían haber salvado muchas vidas de grandes compañeros, sacrificadas para cumplir
misiones de escaso valor cualitativo y que pusieron a veces bajo el plomo enemigo, en
represalia, a combatientes cuya pérdida no podía compararse con el resultado obtenido.
El atentado y el terrorismo ejercitados en forma indiscriminada, no deben emplearse.
Muy preferible es el trabajo sobre grandes concentraciones de gente donde se pueda
inculcar la idea revolucionaria e ir haciéndola madurar, para que, en un momento dado,
apoyadas por las fuerzas armadas puedan movilizarse y decidir la balanza hacia el lado de
la revolución.
Para ello hay que contar también con organizaciones populares de obreros, profesionales
y campesinos que vayan sembrando la semilla de la revolución entre sus respectivas
masas, explicando, dando a leer las publicaciones de la rebeldía; enseñando la verdad.
Porque una de las características de la propaganda revolucionaria debe ser la verdad.
Poco a poco, así, se irán ganando masas y podrá ir eligiéndose entre los que hagan los
mejores trabajos para incorporarlos al ejército rebelde o a algunas tareas de mucha
responsabilidad.
Este es el esquema de una organización civil dentro y fuera del territorio guerrillero en un
momento de lucha popular. Hay posibilidades de perfeccionar en sumo todas estas cosas;
lo repito una vez más, es nuestra experiencia cubana la que habla por mí, nuevas
experiencias pueden hacer variar y mejorar estos conceptos. Damos un esquema, no una
biblia.
3. Papel de la mujer
El papel que puede desempeñar la mujer en todo el desarrollo de un proceso
revolucionario es de extraordinaria importancia. Es bueno recalcarlo, pues en todos
nuestros países, de mentalidad colonial, hay cierta subestimación hacia ella que llega a
convertirse en una verdadera discriminación en su contra. La mujer es capaz de realizar
los trabajos más difíciles, de combatir al lado de los hombres y no crea, como se
pretende, conflictos de tipo sexual en la tropa.
En la rígida vida combatiente, la mujer es una compañera que aporta las cualidades
propias de su sexo, pero puede trabajar lo mismo que el hombre. Puede pelear; es más
débil, pero no menos resistente que éste. Puede realizar toda la clase de tareas de combate
que un hombre haga en un momento dado y ha desempeñado, en algunos momentos de la
lucha en Cuba, un papel relevante.
Naturalmente, las mujeres combatientes son las menos. En los momentos en que ya hay
una consolidación del frente interno y se busca eliminar lo más posible los combatientes
que no presenten las características físicas indispensables, la mujer puede ser dedicada a
un considerable número de ocupaciones específicas, de las cuales, una de las más
importantes, quizás la más importante, sea la comunicación entre diversas fuerzas
combatientes, sobre todo las que están en territorio enemigo. El acarreo de objetos,
mensajes o dinero, de pequeño tamaño y gran importancia, debe ser confiado a mujeres
en las cuales el ejército guerrillero tenga una confianza absoluta, quienes pueden
transportarlo usando de mil artimañas y contando que, por más brutal que sea la
represión, por más exigentes que sean en los registros, la mujer recibe un trato menos
duro que el hombre y puede llevar adelante su mensaje o alguna otra cosa de carácter
importante o confidencial. Como mensajero simple, ya sea oral o escrito, siempre la
mujer puede realizar su tarea con más libertad que el hombre, al llamar menos la atención
o inspirar, al mismo tiempo, menos sentimiento de peligro en el soldado enemigo; el que
muchas veces comete sus brutalidades acosado por el miedo a lo desconocido que puede
atacarle, pues tal es la forma de actuar de la guerrilla.
Los contactos entre fuerzas separadas entre sí, los mensajes al exterior de las líneas, aun
al exterior del país e incluso, objetos de algún tamaño, como balas, son transportadas por
las mujeres en fajas especiales que llevan debajo de las faldas. Pero también en esta
época puede desempeñar sus tareas habituales de la paz y es muy grato para el soldado
sometido a las durísimas condiciones de esta vida el poder contar con una comida
sazonada, con gusto a algo (uno de los grandes suplicios de la guerra era comer un
mazacote pegajoso y frío, totalmente soso). La cocinera puede mejorar mucho la
alimentación y, además de esto, es más fácil mantenerla en su tarea doméstica, pues uno
de los problemas que se confrontan en las guerrillas es que todos los trabajos de índole
civil son despreciados por los mismos que los hacen, y tratan siempre de abandonar esas
tareas e ingresar en las fuerzas activamente combatientes.
Tarea de gran importancia de la mujer es el enseñar las primeras letras e incluso la teoría
revolucionaria, a los campesinos de la zona, esencialmente, pero también a los soldados
revolucionarios. La organización de escuelas, que es parte de la organización civil, debe
hacerse contando fundamentalmente con mujeres que pueden inculcar mayor entusiasmo
a los niños y gozan de más simpatías de la población escolar. Además, cuando ya se
hayan consolidado los frentes y exista una retaguardia, las funciones de trabajadora social
corresponden también a la mujer, investigando todos los males económicos y sociales de
la zona con vistas a modificarlos dentro de lo posible.
En la sanidad, la mujer presta un papel importante como enfermera, incluso médico, con
ternura infinitamente superior a la del rudo compañero de armas, ternura que tanto se
aprecia en los momentos en que el hombre está indefenso frente a sí mismo, sin ninguna
comodidad, quizá sufriendo dolores muy fuertes y expuesto a los muchos peligros de toda
índole propios de este tipo de guerra.
Si ya se ha llegado a la época de la implantación de pequeñas industrias guerrilleras, la
mujer puede prestar también aquí su concurso, sobre todo en la confección de uniformes,
empleo tradicional de las mujeres en los países latinoamericanos. Con una simple
máquina de coser y algunos moldes pueden hacerse maravillas. En todos los otros
órdenes de la organización civil, la mujer presta su concurso y puede reemplazar
perfectamente al hombre y lo debe hacer hasta en el caso de que falten brazos para portar
armas, aunque esto es un accidente rarísimo en la vida guerrillera.
Hay que dar siempre un adecuado adoctrinamiento a las mujeres y los hombres para
evitar toda clase de desmanes que puedan ir minando la moral de la tropa, pero debe
permitirse, con el simple requisito de la ley de la guerrilla, que las personas sin
compromisos, que se quieran mutuamente, contraigan nupcias en la sierra y hagan vida
marital.
4. Sanidad
Uno de los graves problemas que confronta el guerrillero es su indefensión frente a todos
los accidentes de la vida que lleva y sobre todo frente a las heridas y enfermedades, muy
frecuentes en la guerra de guerrillas. El médico cumple en la guerrilla una función de
extraordinaria importancia, no sólo la estricta de salvar vidas, en que muchas veces su
intervención científica no cuenta, dados los mínimos recursos de que está dotado, sino
también en la tarea de respaldar moralmente al enfermo y de hacerle sentir que junto a él
hay una persona dedicada con todos los esfuerzos a aminorar sus males y la seguridad de
que esa persona va a permanecer al lado del herido o enfermo hasta que se cure o pase el
peligro.
La organización de los hospitales depende mucho del momento histórico de las guerrillas.
Se pueden dar tres tipos fundamentales de organizaciones hospitalarias que corresponden
a las formas de vida.
En este desarrollo histórico tenemos una primera fase nómada. En ella el médico, si es
que lo hay, viaja constantemente con sus compañeros, es un hombre más, tendrá muy
probablemente que hacer todas las otras funciones del guerrillero, incluso la de pelear, y
tendrá sobre sí la fatigosa y a veces desesperante tarea de tratar casos en los cuales se
puede salvar una vida con un tratamiento adecuado y no existen los medios para ello. Es
la etapa en que el médico tiene más influencia sobre la tropa, más importancia en su
moral. En este momento del desarrollo de las guerrillas, el médico alcanza a plenitud su
característica de verdadero sacerdote que parece llevar para los hombres, en su mochila
desprovista, el consuelo necesario. Es incalculable lo que significa para el que está
sufriendo, una simple aspirina, dada por la mano amiga de quien siente y hace suyos los
sufrimientos. Por eso, el médico de la primera época debe ser una persona totalmente
identificada con los ideales de la revolución, pues su prédica prenderá en la tropa con
mucho más vigor que la dada por cualquier otro miembro de ella.
En el curso de los acontecimientos normales de la guerra de guerrillas, se pasa a otra
etapa que podríamos llamar «seminómada». En este momento hay campamentos,
frecuentados por lo menos, por la tropa guerrillera; casas amigas de entera confianza
donde se pueden guardar objetos e incluso dejar heridos y la tendencia cada vez más
marcada de la tropa a sedentarizarse. En este momento la tarea del médico es menos
fatigosa, puede tener un equipo quirúrgico de extrema urgencia en su mochila y tener otro
más vasto, para operaciones más calmas, en alguna casa amiga. Pueden dejarse los
enfermos y heridos al cuidado de los campesinos que, amorosamente, prestarán su auxilio
y contar con un mayor numero de medicinas guardadas en lugares convenientes, las que
deben estar perfectamente catalogadas, o lo mejor catalogadas posible, dentro de las
circunstancias en que se vive. En esta misma etapa seminómada, si llega a haber lugares
absolutamente inaccesibles se pueden establecer hospitales o casas hospitales donde
vayan los heridos y enfermos a reponerse.
En la tercera etapa, cuando ya hay zonas inconquistables para el enemigo, es cuando se
estructura de verdad una organización hospitalaria. En su etapa más perfecta dentro de las
posibilidades, puede constar de tres centros de diferentes categorías. Al nivel de la línea
de combate debe haber un médico, el combatiente, el más querido por la tropa, el hombre
de batalla, cuyos conocimientos no tienen que ser demasiado profundos; y digo esto
porque la labor en aquellos momentos es más que todo de alivio y de preparación del
enfermo o herido y la real tarea médica se hará en hospitales más profundamente
situados. No debe sacrificarse a un cirujano de calidad en las líneas de fuego.
Cuando un hombre cae en la primera línea algunos camilleros sanitarios, si es posible,
dada la organización de la guerrilla, lo llevarán al primer puesto; si no fuera así, los
compañeros mismos se encargarán de este trabajo. El transporte de heridos en las zonas
escabrosas es uno de los acontecimientos más delicados y uno de los percances más
infortunados por el que pueda pasar un soldado. Quizá sea más duro el transporte de
cualquier herido, por los sufrimientos mismos del enfermo y para la capacidad de
sacrificio de la tropa, que el mismo hecho de la herida, por grave que ella sea. El
transporte se puede hacer de muchas formas, de acuerdo con las características del
terreno, pero en sitios escabrosos y arbolados, que son los ideales para la lucha de
guerrillas, hay que caminar de uno en fondo; en esta forma, lo ideal es transportarlo en
una larga pértiga, usada como travesaño, colocado el herido en una hamaca que cuelgue
de ella.
Los hombres, turnándose, llevan el peso, uno adelante y otro atrás, pero rápidamente
deben dejar el paso a dos compañeros más, pues los sufrimientos en los hombros son muy
grandes y poco a poco se va desgastando el individuo, contando además con que lleva un
peso muy considerable y delicado.
Cuando el soldado herido pasa ese primer hospital, va ya con la información de lo que se
le ha hecho a un segundo centro donde hay cirujanos y especialistas, dentro de las
posibilidades de la tropa, en el cual se le hacen todas las operaciones de mayor
envergadura que se estime sean convenientes para salvar la vida o asegurar el estado del
individuo. Este es el segundo escalón. Después, ya en el plano de tercer escalón, se
constituyen hospitales con las mejores comodidades posibles para investigar directamente
en las zonas afectadas las causas y los efectos del mal que pueda acosar a los habitantes
de la zona. Estos hospitales del tercer grupo, ya correspondientes a una vida sedentaria,
no solamente son centros de restablecimiento y de operaciones de no mucha urgencia,
sino además establecimientos en conexión con la población civil, en la que ejercen su
función orientadora los higienistas. Deben fundarse también dispensarios que permitan
una adecuada vigilancia individual. Los hospitales de este tercer grupo podrán tener, de
acuerdo con la capacidad de abastecimiento de la organización civil, una serie de
comodidades que permitan incluso el diagnóstico por laboratorio y la radiografía.
Otros individuos útiles son los ayudantes del médico; éstos, en general, son jóvenes con
alguna vocación y algunos conocimientos, con bastante fortaleza física, que no tienen
armas, algunos porque su vocación es esa y la mayoría de las veces porque no hay
suficiente número de ellas para todos los brazos que quieran empuñarlas. Estos ayudantes
serán los encargados de llevar la mayoría de los medicamentos, alguna camilla o hamaca,
de ser posible, dependiendo esto de las circunstancias; tendrán que atender a los heridos
en cualquier combate que se produzca.
Las medicinas necesarias deben obtenerse a través de los contactos con organizaciones de
sanidad que estén en la retaguardia del enemigo, aun cuando en algunos casos se pueden
conseguir incluso de la organización de la Cruz Roja Internacional, pero no se debe
contar con esta posibilidad, y menos en los primeros momentos de la lucha. Hay que
organizar un aparato que permita traer rápidamente el medicamento necesario en caso de
peligro e ir abasteciendo a todos los hospitales de lo necesario para su trabajo, tanto
militar como civil. Además, deben hacerse contactos con médicos de las localidades
cercanas, capaces de intervenir algunos heridos que no estén al alcance de la capacidad o
de los medios con que cuenta el de la guerrilla.
Los médicos necesarios para este tipo de guerra son de varias características; el médico
combatiente, el compañero de sus hombres, es el tipo de primer momento y sus funciones
van finalizando a medida que se va complejizando la acción de la guerrilla y se van
estructurando una serie de organismos anexos. Los cirujanos generales, son la mejor
adquisición para un ejército de estas características. Si se contara con un anestesista sería
mejor, aun cuando casi todas las operaciones sean realizadas más que con anestesia
gasificada con la base de «largactil» y pentotal sódico, mucho más fáciles de administrar
y también de conseguir y conservar. Además de los cirujanos generales, son muy útiles
los ortopédicos, pues hay cantidad de fracturas provocadas por accidentes en la zona y,
también, muy frecuentemente, por balas en los miembros, que producen este tipo de
herida. El clínico cumple su función dentro de la masa campesina, pues en general las
enfermedades de los ejércitos guerrilleros son de muy fácil diagnóstico, al alcance de
cualquiera, y lo más difícil es la corrección de las mismas que se producen por carencias
nutricionales.
En una etapa mucho más avanzada puede incluso haber laboratoristas, si hubiera buenos
hospitales, para hacer ya una tarea completa. Se deben hacer llamados a todos los
sectores profesionales cuyos servicios se necesiten, y es muy fácil que respondan a este
llamado y vengan a prestar su concurso. Se necesitan profesionales de todas clases, los
cirujanos son muy útiles y los dentistas también. Debe llamarse a los dentistas explicando
que se incorporen con aparatos de campaña sencillos y un torno, también de campaña,
con el que pueden trabajar y hacer prácticamente todos los arreglos necesarios.
5. Sabotaje
El sabotaje es una de las armas inapreciables de los pueblos que luchan en forma
guerrillera. Corresponde su organización directamente a la parte civil o clandestina, pues
el sabotaje se deberá hacer solamente fuera de los territorios dominados por el ejército
revolucionario, como es natural, pero esta organización debe estar directamente
comandada y orientada por el estado mayor de las guerrillas que será el encargado de
establecer cuáles son las industrias, comunicaciones u objetivos de cualquier tipo que
serán atacados con preferencia.
El sabotaje no tiene nada que ver con el terrorismo; el terrorismo y el atentado personal
son fases absolutamente diferentes. Creemos sinceramente que aquella es un arma
negativa, que no produce en manera alguna los efectos deseados, que pueden volcar a un
pueblo en contra de determinado movimiento revolucionario y que trae una pérdida de
vidas entre sus actuantes muy superior a lo que rinde de provecho. En cambio, el atentado
personal es lícito efectuarlo, aunque sólo en determinadas circunstancias muy escogidas;
debe realizarse en casos en que se suprima mediante él una cabeza de la opresión. Lo que
no puede ni debe hacerse es emplear el material humano, especializado, heroico, sufrido,
en eliminar un pequeño asesino cuya muerte puede provocar la eliminación de todos los
elementos revolucionarios que se empleen y aún de más, en represalia.
El sabotaje debe ser de dos tipos: un sabotaje en escala nacional sobre determinados
objetivos y un sabotaje cercano a las líneas de combate. El sabotaje de escala nacional
debe estar fundamentalmente destinado a destruir las comunicaciones. Cada tipo de
comunicación puede ser destruido en una forma diferente; todas ellas son vulnerables.
Por ejemplo, los postes telegráficos y telefónicos son fácilmente destruibles, aserrándolos
casi hasta el total de modo que de noche presenten un aspecto inofensivo, y de pronto,
con una patada cae un poste que arrastra en su caída a todos los que están débiles y se
produce un apagón de considerable magnitud.
También se puede atacar los puentes, dinamitándolos y, si no hay dinamita, los de acero
se tumban perfectamente con soplete oxídrico. Un puente de tipo colgante de acero, debe
ser cortado en su viga maestra y además en la viga superior que sostiene la estructura.
Una vez cortadas al soplete estas dos vigas se irá hacia el otro extremo cortando también
las correspondientes a ese lado. En esta forma el puente caerá completamente sobre un
lado y se retorcerá, destruyéndose. Es la forma más efectiva para derribar un puente de
hierro sin dinamita. Los ferrocarriles deben ser destruidos también, las vías, alcantarillas;
a veces volados los trenes, dependiendo siempre del poderío de la guerrilla.
Las industrias vitales de cada región, en momentos definitivos, también serán destruidas,
utilizando para ello el equipo necesario. En estos casos hay que tener una concepción
global del problema y estar bien conteste de que no se puede destruir una fuente de
trabajo si no es en un momento decisivo, pues lo que trae como consecuencia es un
desplazamiento masivo de obreros y el hambre. Las industrias de los personeros del
régimen (tratando de convencer a los obreros de la necesidad de hacerlo), deben ser
eliminadas, salvo que traiga consecuencias sociales muy graves.
Insistimos en la tónica de los sabotajes sobre las vías de comunicación. La gran arma del
ejército enemigo contra el rebelde, en las zonas menos abruptas, es la comunicación
rápida; tenemos entonces que atacar constantemente esa arma rompiendo puentes de
ferrocarril, alcantarillados, luz eléctrica, teléfonos, también acueductos, en fin, todo lo
que es necesario para una vida normal y moderna.
En la cercanía de las líneas de combate, el sabotaje debe ser cumplido también en la
misma forma, pero con mucha más audacia, con mucha más dedicación y frecuencia.
Para estos casos se cuenta con un auxiliar inestimable como son las patrullas volantes del
ejército guerrillero que pueden bajar hasta estas zonas y ayudar a los miembros de la
organización civil para realizar la tarea. También el sabotaje debe ejercerse
primordialmente sobre las comunicaciones, pero con mucha mayor insistencia; además,
liquidar todas las fábricas, todos los centros de producción capaces de dar al enemigo
algo necesario para mantener su ofensiva contra las fuerzas populares.
Debe insistirse sobre la apropiación de mercancías, cortar los abastecimientos lo más
posible, amedrentar, si es necesario, a los grandes terratenientes que pretendan vender sus
productos agropecuarios, quemar los vehículos que transiten por las carreteras y
bloquearlas con ellos, y es conveniente en cada acción de sabotaje, a más o menos
distancia, en determinadas encrucijadas, que se trabe contacto frecuente con el ejército
enemigo, siempre siguiendo el sistema de pegar y huir. No es necesario hacer una
resistencia seria, simplemente demostrarle al adversario que en el lugar donde se produce
un sabotaje hay fuerzas de la guerrilla, dispuestas a combatir y obligarlo a llevar muchas
tropas, ir con cuidado o no ir.
Así poco a poco, se irán paralizando todas las ciudades cercanas a las zonas de
operaciones guerrilleras.
6. Industria de guerra
La industria de guerra, dentro del panorama del ejército guerrillero, es ya el producto de
una evolución bastante larga y, además, indica que se está en una situación geográfica
benevolente para la guerrilla. En el momento en que ya hay zonas liberadas y se
establecen cercos estrictos sobre todos los abastecimientos por parte del enemigo, se
organizarán diferentes departamentos necesarios -como ya lo hemos tratado-. En cuanto
al industrial, hay dos fundamentales; la zapatería y talabartería es uno de ellos. No puede
caminar una tropa sin zapatos, en zonas boscosas, quebradas, con muchas piedras, con
espinas. Es muy difícil marchar en estas condiciones y solamente los nativos de allí, y no
todos, podrán hacerlo. El resto debe estar calzado. La industria se divide en dos partes,
una para poner medias suelas y clavetear los zapatos averiados; el otro grupo se dedicará
a la confección de zapatos toscos; debe contar con todo un pequeño aparato de zapatería,
muy fácil de conseguir en esos territorios por constituir una industria artesanal practicada
por mucha gente. Anexa a la zapatería debe ir siempre una talabartería donde se haga
toda clase de implementos de uso común en la tropa como cananas y mochilas, trabajos
que pueden realizarse en lona o cuero y que, si bien no son vitales, contribuyen a la
comodidad y dan una sensación de autoabastecimiento, de autobienestar en la tropa.
Otra industria fundamental para las pequeñas organizaciones internas de la guerrilla, es la
armería. Tiene también varias funciones; la de reparación simple de piezas averiadas, de
todos los fusiles y otras armas que hay allí; la de fabricación de algunos tipos de armas de
combate que la inventiva popular creará y la confección y manejo de minas de variados
mecanismos. Cuando las condiciones son buenas conviene adjuntarle un equipo
encargado de la fabricación de pólvora. Si se puede fabricar, además de los mecanismos
percutores, el explosivo dentro del territorio libre, puede llegarse a brillantes
realizaciones en este capítulo que es muy importante, pues se paralizan completamente
las comunicaciones por carretera mediante el empleo adecuado de las minas.
Hay otra serie de industrias que también tienen su importancia. La herrería y hojalatería,
por ejemplo. En la herrería se hacen todos los trabajos para el aperaje de los mulos;
también se pueden hacer las herraduras; y en la hojalatería los trabajos de latón, de los
cuales muy importantes son los platos y sobre todo las cantimploras; anexo a esta
hojalatería puede estar un departamento de fundición. Fundiendo los metales blandos, se
puede hacer una fábrica de granadas, que con algún dispositivo de tipo especial vaya a
contribuir de manera importante al armamento de la tropa. Debe haber un equipo técnico
de reparaciones y de construcciones en general que puedan hacer determinadas y variadas
funciones; lo que se llama en un cuartel «batería de servicio» y que en este caso
constituiría más o menos una batería de este tipo, pero encargada de atender sin vestigio
de espíritu burocrático, todas las necesidades.
De las comunicaciones debe haber también un encargado. Este tendrá a su cargo no sólo
las comunicaciones de tipo propagandístico y relacionado con el mundo exterior, como el
radio, sino también los teléfonos, caminos de todos tipos, contando con la organización
civil necesaria para cumplir con efectividad su cometido. Recuérdese que estamos en
época de guerra, que podemos ser atacados por el enemigo y que, a veces, muchas vidas
dependen de una comunicación a tiempo.
Para la satisfacción de la tropa es bueno tener fábricas de tabacos o cigarros, comprando
la hoja en los lugares elegidos, llevándola hacia territorio libre y haciendo allí el material
para el consumo de los soldados. Otra industria de mucha importancia es el curtido.
Todas estas son empresas sencillas que se pueden realizar perfectamente dondequiera
adaptándose a la situación de la guerrilla. El curtido requiere algunas pequeñas
construcciones de cemento y sobre todo, consume mucha sal, pero va a dar una enorme
ventaja a la industria del calzado, al tener su materia prima allí. La sal debe hacerse en el
terreno mismo de la revolución, concentrándose en grandes cantidades. Para hacerla es
necesario llegar a lugares de alta concentración salina y evaporarla. El mar es la mejor
fuente. Puede haber otras, no es necesario purificarla de toda una serie de sales adjuntas,
simplemente se puede consumir en esa forma aunque al principio tiene un sabor no muy
grato.
La carne debe conservarse en forma de tasajo, bastante sencillo de hacer y que puede
salvar muchas vidas en una situación extrema para las tropas. Se puede conservar en
grandes toneles con sal durante un tiempo bastante largo y se prepara cualesquiera que
sean las circunstancias externas.
7. La propaganda
La difusión de la idea revolucionaria a través de los vehículos necesarios para ella, debe
hacerse con la mayor profundidad posible. Esto lleva aparejado todo un equipo y una
organización que lo respalde. Esta organización debe ser de dos tipos y complementarse
para cubrir todo el ámbito nacional; desde fuera, es decir la organización civil nacional, y
desde dentro, es decir en el seno del ejército guerrillero. Para coordinar estas dos
propagandas, cuya función está estrechamente unida, debe haber un solo organismo
director.
La propaganda de tipo nacional desde organizaciones civiles fuera del territorio liberado,
debe hacerse con periódicos, boletines y proclamas. Los periódicos más importantes se
ocuparán de las cosas generales del país e irán informando al público la situación exacta
de las fuerzas guerrilleras, atendiendo siempre al principio fundamental de que la verdad,
a la larga, resulta beneficiosa para los pueblos. Además de estas publicaciones de tipo
general, debe haber otras más especializadas para diversos sectores de la población. La
publicación campesina debe traer a esta clase un mensaje de sus compañeros de todas las
zonas liberadas que ya han sentido los efectos beneficiosos de la revolución y difundir
por ese medio las aspiraciones del campesinado. Un periódico obrero de las mismas
características, con la sola diferencia que no siempre habrá un mensaje de la parte
combatiente de la clase, pues es fácil que no existan organizaciones obreras en el marco
de una guerra de guerrillas, en etapa que no sea de las postreras.
Deben explicarse las grandes consignas del movimiento revolucionario, la consigna de la
huelga general en el momento oportuno, de la ayuda a las fuerzas rebeldes, de la unidad,
&c. Pueden publicarse algunos otros periódicos, de acción por ejemplo, explicando la
tarea de los elementos de toda la isla no combatientes en la guerrilla, que se ocupan sin
embargo de diversos actos de sabotaje, de atentados, &c. Dentro de la organización puede
haber periódicos destinados a los soldados enemigos donde se les explique una serie de
hechos desconocidos por ellos. Los boletines y proclamas de actualidad del movimiento
son muy útiles.
La propaganda más efectiva es la que se hará desde dentro de la zona guerrillera. Se dará
preferencia a la difusión de las ideas para los naturales de la zona, explicando
teóricamente el hecho, para ellos conocido, de la insurrección. En esta sección habrá
también periódicos campesinos, el órgano general de todas las fuerzas guerrilleras y
boletines y proclamas, además del radio.
Por radio se explicarán todos los problemas, la forma de defenderse de los ataques aéreos,
por dónde están las fuerzas enemigas, citando nombres familiares. La propaganda de tipo
nacional contará con los periódicos del mismo tipo que los anteriores, pero podrán
narrarse una serie de hechos, de batallas que interesan fundamentalmente al lector,
noticias mucho más frescas y más exactas que lo que pueda hacerlo nadie. En la
información internacional se limitará exclusivamente o casi exclusivamente a comentar
hechos que se vinculen directamente con la lucha de liberación.
La propaganda que será más efectiva, a pesar de todo, la que se hará sentir más
libremente en todo el ámbito nacional y la que llegará a la razón y a los sentimientos del
pueblo, es la oral por radio. La radio es un elemento de extraordinaria importancia. En los
momentos en que la fiebre bélica está más o menos palpitante en cada uno de los
miembros de una región o de un país, la palabra inspiradora, inflamada, aumenta esa
misma fiebre y la impone en cada uno de los futuros combatientes. Explica, enseña,
enardece, determina en amigos y enemigos sus posiciones futuras. Sin embargo la radio
debe regirse por el principio fundamental de la propaganda popular, que es la verdad; es
preferible decir la verdad, pequeña en cuanto a dimensiones efectistas, que una gran
mentira cargada de oropel. En radio se deben dar, sobre todo, noticias vivas, de combates,
encuentros de todo tipo, asesinatos cometidos por la represión y, además, orientaciones
doctrinales, enseñanzas prácticas a la población civil, y de vez en cuando discursos de los
jefes de la revolución.
Consideramos útil que el periódico fundamental del movimiento lleve un nombre que
recuerde algo grande y unificador, ya sea el de un héroe del país u otro semejante y
explicar siempre en artículos de fondo hacia dónde va ese movimiento armado, ir
formando conciencia de los grandes problemas nacionales y manteniendo, además, una
serie de secciones de un interés más vibrante para el lector.
8. Información
«Conócete a ti mismo y a tu adversario y podrás librar cien batallas sin un solo desastre.»
Este aforismo chino vale para la guerra de guerrillas como salmo bíblico. No hay nada
que ayude más a las fuerzas combatientes que la correcta información. Esta tendrá un
aspecto espontáneo, dado por los habitantes del lugar que irán a contar a su ejército
amigo, a sus aliados, lo que ocurre en tal o cual lugar pero, además, debe estar
perfectamente estructurada. Así como vimos que debería haber postas, correos, &c.,
dentro de las zonas guerrilleras para los contactos necesarios y fuera de la misma, para
llevar mercancías, la información deberá estar directamente y fundamentalmente en
contacto con los frentes enemigos; deben allí infiltrarse los hombres y las mujeres, sobre
todo mujeres, estar en contacto permanente con los soldados y paulatinamente ir
averiguando lo averiguable. Hay que establecer también el sistema de coordinación, para
que el cruce de las líneas enemigas al campo guerrillero se realice sin tropiezo.
Si se hace bien y con agentes capaces, se podrá dormir más tranquilamente en el
campamento insurrecto.
Esta información abarcará como línea fundamental, como ya dije, toda la primera línea
de fuego o los primeros campamentos enemigos que estén en contacto con la tierra de
nadie; pero, además, debe irse progresando a medida que va progresando también la
guerrilla y aumentando su potencialidad para prever movimientos de tropa más grandes,
más profundos, que puedan hacerse en la retaguardia enemiga. Todos los habitantes son
agentes de información de la guerrilla, en los lugares donde ella domina o incursiona,
pero es bueno tener personas especialmente destacadas para estos requisitos, porque no se
puede confiar en las palabras del campesino; acostumbrado a exagerar y poco
acostumbrado al preciso lenguaje guerrero y, si se logra ir modelando y organizando las
formas espontáneas de colaboración popular, se podrá hacer del aparato de información,
no sólo el auxiliar importantísimo que es, sino también, un agente contraofensivo, por
medio, por ejemplo, de las «sembradoras de miedo» que pueden ir con noticias
desalentadoras entre la soldadesca, fingiéndose afines a ellos pero sembrando el miedo y
la inestabilidad entre la tropa enemiga. La movilidad, táctica primordial, se puede
desarrollar al máximo, conociendo exactamente los lugares por donde la tropa enemiga
va a atacar, es muy fácil huirle o, a su vez, atacarla en los sitios más inesperados.
9. Entrenamiento y adoctrinamiento
El entrenamiento del soldado libertador, en lo fundamental, es la propia vida de la
guerrilla y no puede existir un jefe que no haya aprendido en el ejercicio diario de las
armas su difícil oficio. Podrá convivir con algunos compañeros que vayan enseñándole
algo del manejo de las armas, de las nociones de orientación, de la forma de tratar a la
población civil, de pelear, &c., pero no se consume, no se distrae el precioso tiempo de la
guerrilla en una enseñanza metodizada. Eso sólo ocurre cuando ya hay un área grande
liberada y se necesitan gran cantidad de brazos que cumplan una función combativa.
Entonces se fundan las escuelas de reclutas.
Estas escuelas cumplen en ese momento una función importantísima; van a dar el nuevo
soldado, el que viene ya sin pasar por ese gran tamiz que es para la guerrilla las
privaciones formidables de la vida combatiente. Al primero, las privaciones soportadas lo
convierten en un verdadero elegido, después de haber pasado por pruebas dificilísimas
para llegar a incorporarse al reino de un ejército mendigo que no deja huellas de su paso
por ningún lado. Deben hacerse ejercicios físicos, fundamentalmente de dos tipos: una
gimnasia ágil con enseñanzas para la guerra de tipo comando, agilidad en el ataque y en
la retirada, y marchas violentas, extenuantes, que vayan endureciendo al recluta para esta
existencia. Realizar, sobre todo, vida al aire libre. Sufrir todas las inclemencias del
tiempo en un estrecho contacto con la naturaleza, como se hace en guerrilla.
La escuela de reclutas tiene que tener trabajadores que atiendan su autoabastecimiento;
para ello debe haber establos, granjas, huertos, vaquería, todo lo necesario para que no
pese sobre el presupuesto general del ejército guerrillero. Los alumnos podrán ser
rotativos en el trabajo de abastecimiento, mandarse castigados los más malos o,
simplemente de voluntarios.
Eso depende ya e características propias de la zona donde se vaya a realizar la escuela.
Nosotros creemos que un buen principio es el de poner allí a voluntarios y cubrir las
cuotas de trabajo necesario con los que tengan peor conducta o menor disposición para el
aprendizaje de la guerra.
Debe tener la escuela su pequeña organización de sanidad, con un médico o enfermero,
de acuerdo con las posibilidades, que brinde a los reclutas la mejor atención posible.
El tiro es el aprendizaje fundamental. El guerrillero debe ser un hombre de mucha
preparación en ese punto, tratando de gastar la menor cantidad posible de parque.
Empieza haciendo lo que se llama tiro en seco. Consiste en un armatoste cualquiera de
palo, donde el rifle se asienta firmemente. Los reclutas apuntan sin mover el fusil a un
blanco situado en una zona determinada que se va moviendo de uno a otro lado sobre un
fondo que permanece firme. Si los tres tiros dan en un solo punto es excelente. Cuando
hay un poquito más de posibilidades se pueden empezar las prácticas de tiro con riflecitos
calibre 22, de mucha utilidad en estos casos. En circunstancias especiales, en que sobre
parque o haya mucha necesidad de preparar algunos soldados, se les dará la oportunidad
de hacer disparos con balas.
Una de las materias más importantes de la escuela de reclutas, que teníamos nosotros
como básica, y que puede darse o no en cualquier otro lugar del mundo, son los ataques
aéreos. Nuestra escuela había sido perfectamente identificada desde el aire y
centralizaban sus ataques, una o dos veces diarias sobre el campamento. La forma en que
el alumno resistía el embate de estos continuos bombardeos sobre sus lugares de
instrucción habituales era algo que prácticamente definía a estos muchachos sobre sus
posibilidades para ser un soldado útil durante la contienda.
La parte importante, la que nunca se debe descuidar en la escuela de reclutas, es el
adoctrinamiento, importante porque los hombres llegan a ingresar sin una concepción
clara de por qué vienen, solamente con conceptos totalmente difusos sobre la libertad, la
libertad de prensa, &c., sin fundamento lógico alguno. Por ello el adoctrinamiento debe
hacerse durante el mayor tiempo posible y con la mayor dedicación. Durante esos cursos
se darán las nociones elementales de la historia del país, explicados con un sentido claro
de los hechos económicos, de los hechos que motivan cada uno de los actos históricos;
los héroes nacionales, su forma de reaccionar frente a determinadas injusticias y, después,
un análisis de la situación nacional o de la situación de la zona: una cartilla escueta que
sea bien estudiada por todos los miembros del ejército rebelde, de modo que pueda servir
esto de esqueleto a lo que viene más tarde.
Además, debe existir una escuela de capacitación para maestros donde precisamente se
pongan de acuerdo sobre los textos elegidos, sobre la experiencia que pueda aportar uno
en el aspecto educacional.
Se debe impulsar en todo momento la lectura, también tratando de elegir los libros para
que no se pierda el tiempo en cosas que no dejen absolutamente ningún sedimento, ir
dando la facilidad al recluta de que entre en contacto con el mundo de las letras y con los
grandes problemas nacionales. Las lecturas progresivas serán impulsadas por una
vocación que vaya surgiendo en él o por imposición de las circunstancias actuantes a su
alrededor que despertará inquietudes nuevas en los soldados, y esta situación se logrará
con trabajo, poco a poco, cuando las escuelas de reclutas vayan demostrando en su tarea
rutinaria las ventajas enormes de los hombres que han pasado por ésta sobre el resto de la
tropa, su capacidad de análisis de los problemas, su disciplina superior, que es otra de las
cosas que debe enseñarse fundamentalmente en la escuela de reclutas.
Una disciplina que es interna, que debe estar perfectamente justificada por razones, no
mecánica, y que da unos resultados formidables en momentos de combate.
10. La organización estructural del ejército de un movimiento
revolucionario
Como ya hemos visto, un ejército revolucionario de tipo guerrillero, cualquiera que sea la
zona de operaciones, debe contar además con una organización no combatiente que le
preste una serie de apoyos importantísimos para su misión. Veremos entonces que toda
esta organización converge hacia el ejército para prestarle su máxima ayuda pues,
evidentemente, será la lucha armada el factor esencial del triunfo.
La organización militar se hace sobre la base de un jefe, en el caso de la experiencia
cubana Comandante en Jefe, que nombre a su vez los diferentes comandantes de regiones
o de zonas, con potestad éstos para gobernar su territorio de acción, para nombrar
comandantes de columna, es decir jefes de cada columna, y los demás grados inferiores.
Después de comandante en jefe estarían los jefes de zona, es decir un comandante con
varias columnas donde haya otros comandantes subordinados a él cuyo tamaño variará de
acuerdo con las circunstancias. Después, comandante de columna, capitán y, en nuestra
organización guerrillera, teniente que es el último grado. Es decir, se asciende de soldado
a teniente.
No es un modelo, es la descripción de una realidad, de cómo operó en un país y cómo con
esa organización se pudo llegar a obtener el triunfo sobre un ejército bastante bien
organizado y armado. No es de ninguna manera, y en este caso menos que en otros, una
ejemplarización. Simplemente es mostrar cómo se van sucediendo los hechos, cómo
puede organizarse una fuerza armada. No tienen importancia los grados, en definitiva; lo
que tiene importancia es que nunca se dé un grado que no corresponda a la fuerza
efectiva de combate que haya, que no se dé un grado que esté reñido con la moral y con
la justicia, que no haya sido pasado por el tamiz del sacrificio y de la lucha.
Esta descripción que hemos dado anteriormente es de un ejército importante, ya en vías
de presentar un combate serio, y no la primera imagen de la guerrilla, donde el jefe puede
llevar el grado que guste, pero comanda sólo un pequeño grupo de hombres.
De todas las medidas de organización militar, una de las más importantes es la corrección
disciplinaria. La disciplina debe ser (esto hay que recalcarlo una y otra vez) una de las
bases de acción de la fuerza guerrillera, debe ser, también lo hemos dicho anteriormente,
una fuerza que nazca de una convicción interna y esté perfectamente razonada; de allí
surge un individuo con disciplina interior. Cuando esta disciplina se rompe hay que
castigar siempre al que lo hizo, cualquiera que sea su jerarquía, castigarlo drásticamente y
aplicar el castigo donde duela.
Es importante esto, porque el dolor de un soldado guerrillero no se manifiesta en la
misma forma que el dolor de un soldado de cuartel. El castigo de dejar diez días en un
calabozo a un soldado constituye, en la guerrilla, un descanso formidable; diez días
donde hará lo único que no puede dejar de hacer, que es comer, durante los cuales no
caminará, no trabajará, no hará las guardias acostumbradas y podrá dormir todo lo que
quiera, descansar, leer, &c. De esto se deduce que la privación de la libertad, como único
castigo, en las situaciones de la guerrilla, no es aconsejable.
Hay casos, cuando es muy alta la moral de combate del individuo, cuando su amor propio
es considerable, en que la privación de su derecho a ir armado puede provocar una
reacción positiva y constituir un verdadero castigo para el individuo. En estos casos,
conviene aplicarla.
Este penoso incidente lo demuestra: en el ataque a una de las ciudades de Las Villas, en
los días postreros de la guerra, encontramos un individuo dormido en un sillón, mientras
atacaban unas posiciones en medio del pueblo. El hombre respondió al interrogatorio que
estaba allí durmiendo porque le habían quitado el arma, se le dijo entonces que esa no era
manera de reaccionar, que había sido castigado por una imprudencia suya (se le había
escapado un tiro) y que esa arma la debía recuperar pero no así sino en primera línea de
combate.
Pasaron pocos días y en el asalto final a la ciudad de Santa Clara, en las primeras
arremetidas contra la ciudad, cuando estábamos visitando el hospital de sangre, un
moribundo que allí estaba extendió su mano recordando ese hecho que he narrado
anteriormente y afirmando que había sido capaz de recobrar su arma y se había ganado el
derecho a portarla. Poco después moría.
Ese era el grado de moral revolucionaria que había logrado nuestra tropa con el ejercicio
continuo de la lucha armada. No puede lograrse en los primeros días, cuando todavía hay
muchos miedos, muchas corrientes subjetivas que van frenando la influencia de la
revolución, pero se logra al final con el trabajo, el ejemplo continuo.
Pueden ser castigos también las guardias nocturnas largas y las marchas forzadas, pero
las marchas tienen el grave defecto de que no son prácticas porque no tienen otro fin que
el de castigar y estar consumiendo al individuo, llevando guardianes que también se
cansan, para que se realicen; y las guardias tienen el inconveniente de que hay que poner
gente a vigilar los castigados, soldados de muy escasa mentalidad revolucionaria.
En las fuerzas directamente a mi mando impuse el castigo de arresto con privación de
golosinas o cigarros, en casos leves, y ayuno total, en casos peores. El resultado era
magnífico, aunque el castigo sea terrible y sólo aconsejable en circunstancias muy
especiales.
Apéndice I
Organización en la clandestinidad de la primera
guerrilla
Aunque la guerra de guerrillas cumple una serie de leyes derivadas de las generales de la
guerra y, además, las propias de su tipo, es obvio que debe iniciarse con una tarea
conspirativa alejada de la acción del pueblo y reducida a un pequeño núcleo de iniciados,
si realmente se pretende empezar esta guerra desde algún otro país o desde regiones
distintas y lejanas dentro del mismo país. Si el movimiento guerrillero nace por la acción
espontánea de un grupo de individuos que reaccionan contra un método de coerción
cualquiera, es posible que no se necesite otra condición que la organización posterior de
ese núcleo guerrillero para impedir su aniquilamiento, pero en general, una lucha de
guerrilla se inicia por una voluntad ya elaborada; algún jefe de prestigio la levanta para la
salvación de su pueblo, y este hombre debe trabajar en condiciones difíciles en algún otro
país extranjero.
Casi todos los movimientos populares que se han intentado en los últimos tiempos contra
los dictadores, han adolecido de la misma falla fundamental de una inadecuada
preparación; es que las reglas conspirativas, que exigen un trabajo sumamente secreto y
delicado, no se cumplen por lo general en estos casos que hemos citado; lo más frecuente
es que el poder gobernante en el país sepa ya de las intenciones del grupo o grupos, por
su servicio secreto o por imprudencia manifiesta o en otros casos, por manifestaciones
directas como ocurrió en el nuestro, en que la invasión estaba anunciada y sintetizada en
la frase: «en el año 56 seremos libres o seremos mártires», de Fidel Castro.
Esto indica que la primera base sobre la que debe establecerse el movimiento, es sobre un
secreto absoluto, sobre la total ausencia de informaciones para el enemigo y la segunda,
también muy importante, es la selección del material humano; a veces esta selección se
realiza fácilmente, otras es extremadamente difícil hacerlo, puesto que hay que contar con
los elementos que haya a mano, exilados por muchos años, o que se presentan al hacerse
llamamientos o simplemente porque entienden que es su deber enrolarse en la lucha por
liberar a su patria, &c., y no hay las bases necesarias para hacer una investigación
completa sobre el individuo. No obstante todo ello, aun cuando se introdujeran elementos
del régimen enemigo, es imperdonable que puedan dar posteriormente sus informaciones,
puesto que en los momentos previos a la acción deben concentrarse en lugares secretos
conocidos por una o dos personas solamente, todos los que van a participar en la misma,
estrechamente vigilados por sus jefes y sin el más mínimo contacto con el mundo
circundante. Mientras se hacen los preparativos de concentración para salir ya o porque
hay que hacer un entrenamiento previo o simplemente huir de la policía, hay que
mantener siempre a todos los elementos nuevos y sobre los que no se tiene un cabal
conocimiento, alejados de los lugares claves.
Nadie, absolutamente nadie, debe saber, en condiciones de clandestinidad, sino lo
estrictamente indispensable y nunca se debe hablar delante de nadie. Cuando ya se hayan
realizado ciertos tipos de concentración, es imprescindible controlar hasta las cartas que
salen y llegan, de modo de tener un conocimiento total de los contactos que el individuo
haga; no se debe permitir que nadie viva solo, ni siquiera que salga solo, deben evitarse
por todos los medios los contactos personales, de cualquier índole, del futuro miembro
del Ejército Libertador. Un factor sobre el que hay que poner énfasis, que suele ser aquí
tan negativo, como positivo su papel en la lucha, es la mujer; se conoce la debilidad que
tienen los hombres jóvenes, alejados de sus medios habituales de vida, en situaciones
incluso psíquicas especiales, por la mujer, y como los dictadores conocen bien esta
debilidad, a ese nivel tratan de infiltrar sus espías. A veces son claros y casi descarados
los nexos de estas mujeres con sus superiores, otros es sumamente difícil descubrir
siquiera el más mínimo contacto, por ello también es necesario impedir las relaciones con
mujeres.
El revolucionario que está en la situación clandestina preparándose para una guerra, debe
ser un perfecto asceta y además sirve esto para probar una de las cualidades que
posteriormente será la base de la autoridad, como es la disciplina. Si un individuo
reiteradamente burla las órdenes de sus superiores y hace contactos con mujeres, contrae
amistades no permitidas, &c., debe separársele inmediatamente, no ya contando los
peligros potenciales de contactos, sino simplemente por violación de la disciplina
revolucionaria.
No se debe pensar nunca en el auxilio incondicional de un gobierno como base para
operar en territorio de ese gobierno, amigo o simplemente negligente; constantemente
hay que tratar la situación como si se estuviera en un campo completamente enemigo,
salvo las naturales excepciones que puedan haber en este campo pero, más que nada
confirmatorias de la regla general.
No se puede hablar aquí del número de la gente que se va a preparar. Depende eso de
tantas y tan variadas condiciones que es prácticamente imposible hacerlo; solamente se
puede hablar del número mínimo con que se puede iniciar una guerra de guerrillas. En mi
concepto, considerando las naturales deserciones y flaquezas, a pesar del rigurosísimo
proceso de selección, debe contarse con una base de 30 a 50 hombres; esta cifra es
suficiente para iniciar una lucha armada en cualquier país del mundo americano con las
situaciones de buen territorio para operar, hambre de tierra, ataques reiterados a la
justicia, &c.
Las armas, ya se ha dicho, deben ser del tipo que usa el enemigo. Como medida
aproximada, considerando siempre en principio todo gobierno como hostil a una acción
guerrera emprendida desde su territorio, los núcleos que se preparan no deben ser
superiores a los 50 ó 100 hombres por unidad; es decir, no hay ninguna oposición a que
sean 500 hombres que van a iniciar una guerra, por ejemplo, pero no deben estar los 500
concentrados. Primero porque son muchos y llaman la atención y luego, porque en caso
de cualquier traición, de cualquier interferencia, de cualquier confidencia, cae todo el
grupo; en cambio, es mucho más difícil ocupar simultáneamente varios lugares.
La casa central de reunión puede ser más o menos conocida y allí irán los exilados a dar
reuniones de todo tipo, pero, los jefes no deben presentarse sino muy esporádicamente y
no debe existir allí ningún documento comprometedor; la mayor cantidad de casas y lo
más discretas posible deben tener los jefes. Los depósitos de armas absolutamente
secretos con el conocimiento de sólo una o dos personas, y también distribuidos en varias
partes, si es posible.
El armamento siempre debe ser trasladado a las manos de quienes lo van a usar en los
minutos en que ya se esté frente a la iniciación de la guerra, también para evitar que
cualquier acción punitiva contra los que se están entrenando traiga aparejada no sólo la
prisión de éstos, sino la pérdida de todas las armas, que son muy difíciles de conseguir y
con un gasto que no están en disponibilidad de hacer las fuerzas populares.
Otro factor al que hay que dar la importancia que se merece es la preparación de las
fuerzas para la lucha durísima que ha de seguir, fuerzas que deben tener una disciplina
estricta, una alta moral, y una cabal comprensión de la tarea a realizar, sin baladronadas,
sin espejismos, sin falsas esperanzas de triunfo fácil; la lucha será áspera y larga, se
sufrirán reveses, podrán estar al borde del aniquilamiento y sólo su alta moral, su
disciplina, su fe final en el triunfo y las condiciones excepcionales de un líder, podrán
salvarlo. Esa es nuestra experiencia cubana, donde, una vez, doce hombres pudieron crear
el núcleo del ejército que se formó, porque se cumplían todas estas condiciones y porque
quien los dirigía se llamaba Fidel Castro.
Además de los preparativos ideológicos y morales, es necesario un preparativo minucioso
de tipo físico; evidentemente, las guerrillas elegirán una zona montañosa o muy agreste
para operar; de todas maneras, en cualquier situación que se encuentren, la base del
ejército guerrillero es la marcha y no podrá haber lentos ni cansados; la preparación
eficiente se entiende pues, como marchas agotadoras de día y de noche, uno y otro día,
aumentándolas paulatinamente y llevándolas siempre al borde de la extenuación, creando
también emulación para la velocidad; velocidad y resistencia, serán las bases del primer
núcleo guerrillero; además se puede dar una serie de conocimientos teóricos como
orientación, lecturas de mapas, formas de sabotajes y si es posible, con fusil de guerra,
muchos disparos, sobre todo a blancos a distancia y mucha instrucción sobre las formas
de utilizar las balas.
El guerrillero debe ir teniendo por delante, como premisa casi religiosa, el ahorro del
parque, el aprovechamiento hasta la última bala; si se cumplen todas las advertencias
dadas, es muy fácil que lleguen estas fuerzas guerrilleras a su punto de destino.
Apéndice 2.
Defensa del poder conquistado
Naturalmente, no hay victoria definitivamente obtenida si no se procede a la ruptura
sistemática y total del ejército que sostenía al régimen antiguo. Más aún, se debe ir a la
ruptura sistemática de toda la institucionalidad que amparaba al antiguo régimen, sólo
que esto es un manual de guerrillas y nos concretaremos entonces a analizar la tarea de la
defensa nacional en caso de guerra, en caso de agresión contra el nuevo poder.
El primer acontecimiento con que nos encontraremos es que la opinión pública mundial,
«la prensa seria», las «veraces» agencias de noticias de los Estados Unidos y de otras
patrias del monopolio, comenzarán un ataque contra el país liberado, que será tan
agresivo y sistemático como agresivas y sistemáticas sean sus leyes de reivindicación
popular. Es por esto que no puede existir ni siquiera el esquema del antiguo ejército y
tampoco los hombres que lo integraban. El militarismo, la obediencia mecánica, los
conceptos del deber militar a la antigua, de la disciplina y de la moral a la antigua, no
pueden ser desarraigados de golpe, menos aún, permanecer en estado de convivencia los
triunfadores, aguerridos, nobles, bondadosos, pero casi siempre sin la mínima cultura
general y el derrotado, orgulloso de su saber militar, especializado en alguna arma de
combate por ejemplo, o con conocimientos de matemáticas, de fortificaciones, de
logística, &c., odiando con todas sus fuerzas al guerrillero inculto.
Naturalmente, se dan los casos individuales de los militares que rompen con todo ese
pasado y entran en la nueva organización con un espíritu de absoluta cooperación.
Cuando esto sucede, doblemente útiles son los mismos, por el hecho de que aúnan a su
amor por la causa del pueblo los conocimientos necesarios para llevar adelante la
estructuración del nuevo ejército popular. Y una cosa debe ser consecuencia de la otra, es
decir, a la ruptura del ejército antiguo, a su desmembramiento como institución,
conseguida por la toma de todas las posiciones por el nuevo ejército, debe suceder
inmediatamente una organización del nuevo. Vale decir, su vieja constitución de
guerrilla, individualizada, caudillista en cierto sentido, sin ninguna planificación, podrá
ser cambiada pero, y eso es muy importante recalcarlo, debe estructurarse a partir de los
conceptos operacionales de la guerrilla, dándole al ejército popular su formación
orgánica, es decir, haciéndole a la medida del ejército guerrillero la ropa que necesita
para estar cómodo. No se debe cometer el error en que caímos nosotros en los primeros
meses, de pretender meter en los viejos ropajes de la disciplina militar y de la
organización antigua al nuevo ejército popular. Esto puede llevar a desajustes muy
grandes que conducen a una falta total de organización.
Ya en estos momentos debe iniciarse la preparación para la nueva guerra defensiva que
tuviera que desarrollar el ejército del pueblo, acostumbrado a la independencia de mando
dentro de un criterio único, con mucha dinámica en el manejo de cada grupo armado. Dos
problemas inmediatos tendrá este ejército: uno de ellos será que, en la oleada de la
victoria, se incorporarán, muy probablemente, miles de revolucionarios de última hora,
buenos o malos, a los cuales hay que hacer pasar por los rigores de la vida guerrillera y
por cursos acelerados e intensivos de adoctrinamiento revolucionario. El adoctrinamiento
revolucionario que dé la necesaria unidad ideológica al ejército del pueblo, es la base de
la seguridad nacional a largo, y aun a corto plazo. El otro problema es la dificultad para
adaptarse a las nuevas modalidades organizativas.
Debe estructurarse inmediatamente un cuerpo que se encargue de sembrar entre todas las
unidades del ejército las nuevas verdades de la revolución. Ir explicando a los soldados,
campesinos u obreros salidos de las entrañas del pueblo, la justicia y la verdad de cada
hecho revolucionario, cuáles son las aspiraciones de la revolución, por qué se lucha, por
qué han muerto todos los compañeros que no alcanzaron a ver la victoria. Y, unido a este
adoctrinamiento intensivo, deben darse también acelerados cursos de enseñanza primaria
que permitan, al principio, superar el analfabetismo, para ir gradualmente superando al
Ejército Revolucionario hasta convertirlo en un instrumento de alta base técnica, sólida
estructura ideológica y magnífico poder combatiente. El tiempo irá dando estas tres
cualidades. Podrá después ir perfeccionándose el aparato militar para que los antiguos
combatientes, pasando por cursos especiales, se dediquen a ser militares profesionales y
se vayan dando cursos anuales de enseñanza al pueblo, en forma de conscripción
obligatoria o voluntaria. Esto depende ya de características nacionales y no se puede
sentar pautas.
En este punto, y de aquí hacía adelante, todo lo que se diga es la opinión de la dirección
del Ejército Rebelde con respecto a la política a seguir en el caso cubano, para el hecho
concreto de una amenaza de invasión extranjera, colocados en el mundo actual, fines del
cincuenta y nueve o principios del sesenta, y con el enemigo a la vista, analizado,
avaluado y esperado sin temores, es decir, no teorizamos sobre lo ya hecho para
conocimiento de todos, sino que teorizamos sobre lo hecho por otros para aplicarlo
nosotros mismos a nuestra defensa nacional.
Como se trata de teorizar sobre el caso cubano, colocar nuestra hipótesis sobre el mapa de
las realidades americanas y echarlos a andar, presentamos como epílogo, este Análisis de
la situación cubana, su presente y su futuro.
Epilogo
Análisis de la situación cubana, su presente y su futuro
Ya ha pasado más de un año desde la fuga del dictador, corolario de una larga lucha
cívica y armada del pueblo cubano. Las realizaciones del Gobierno en el campo social,
económico y político son enormes, sin embargo, es preciso realizar un análisis, colocar
cada término en su justo valor y mostrar al pueblo la exacta dimensión de nuestra
Revolución cubana. Es que esta revolución nacional, agraria fundamentalmente, pero con
la participación entusiasta de obreros, de gente de la clase media y, aún hoy con el apoyo
de industriales, ha adquirido trascendencia continental y hasta mundial, amparada en la
inquebrantable decisión de su pueblo y las peculiares características que la animan.
No se trata de hacer una síntesis, por más apretada que sea, del cúmulo de leyes
aprobadas, todas ellas de indudable beneficio popular. Bastaría colocar sobre algunas el
énfasis necesario mostrando al mismo tiempo el encadenamiento lógico que nos lleva,
desde la primera hasta la última, en una escala progresiva y necesaria de atención estatal
a las necesidades del pueblo cubano.
Se da el primer toque de atención contra las esperanzas de las clases parasitarias del país,
cuando son decretadas, en rápida sucesión, la ley de alquileres, la rebaja del fluido
eléctrico y la intervención de la compañía telefónica con la subsiguiente rebaja de tarifas.
Empezaron a sospechar, quienes pretendían ver en Fidel Castro y en los hombres que
hicieron esta Revolución unos politiqueros a la vieja usanza, o unos tontos manejables,
con barbas como único distintivo, que había algo más hondo emergiendo del seno del
pueblo cubano y que sus prerrogativas estaban en peligroso trance de desaparecer. La
palabra comunismo empezó a rondar alrededor de las figuras de sus dirigentes, de los
guerrilleros triunfadores y, consecuentemente, la palabra anticomunismo, como posición
dialéctica contraria, empezaba a nuclear a todos los resentidos o los desposeídos de sus
injustas prebendas.
La ley de solares yermos o la de la venta a plazos fueron creando también esta sensación
de malestar entre los capitales usurarios. Pero estas eran pequeñas escaramuzas con la
reacción, todo era bueno y posible, «ese muchacho loco» de Fidel Castro podía ser
aconsejado y llevado a los buenos senderos «democráticos» por un Dubois o un Porter.
Había que tener esperanzas en el futuro.
La ley de Reforma Agraria fue una tremenda sacudida; la mayoría de los afectados vio
claro ya. Antes que ellos, el vocero de la reacción, Gastón Baquero, había apuntado con
línea certera lo que pasaría y se había retirado a las más tranquilas aguas de la dictadura
española. Todavía algunos pensaron que «la ley es la ley», que ya otros gobiernos habían
promulgado algunas teóricamente buenas para el pueblo; el cumplimiento de las leyes era
otra cosa. Y ese niño travieso y complicado que tenía por nombre familiar el de su sigla,
INRA, fue mirado al inicio con displicente y enternecedor paternalismo desde los altos
muros de la ciencia infusa de las doctrinas sociales y de las respetables teorías de las
finanzas públicas, a donde no llegaban las mentalidades incultas y absurdas de los
guerrilleros. Pero el INRA avanzó como un tractor o un tanque de guerra, que a la vez
tractor y tanque es, rompiendo a su paso las cercas del latifundio y creando las nuevas
relaciones sociales de tenencia de la tierra. Esta Reforma Agraria cubana asomaba con
varias características importantes en América. Era, sí, antifeudal en cuanto además de
eliminar el latifundio -en las condiciones cubanas- suprimía todos los contratos que
supusieran pagar en especie la renta de la tierra y liquidaba las relaciones de servidumbre
que se mantenían fundamentalmente en el café y el tabaco, entre nuestros grandes
productos agrícolas. Pero también era una reforma agraria que se hacía en un medio
capitalista para destruir la presión del monopolio contra las posibilidades de los seres
humanos, aislados o reunidos en colectividad, de trabajar su tierra honradamente y
producir sin miedo al acreedor o al amo. Tenía la característica que desde el primer
momento iba a asegurar a los campesinos y trabajadores agrícolas, a los que se les daba la
tierra, el apoyo técnico necesario por medio de su personal idóneo y también de su
maquinaria y el apoyo financiero por medio de los créditos que otorgaba el INRA o los
bancos paraestatales y el gran apoyo de la «Asociación de Tiendas del Pueblo», que se ha
desarrollado grandemente en Oriente y está en proceso de desarrollo en otras provincias,
donde los almacenes estatales desplazan al antiguo «garrotero» pagando un precio justo
por las cosechas y dando también una refacción justa.
De todas las características diferenciales con las otras tres grandes reformas agrarias de
América (México, Guatemala y Bolivia), la que parecía más importante es la decisión de
llevarla hasta el final, sin contemplaciones ni concesiones de ninguna clase. Esta Reforma
Agraria integral no respeta derecho alguno que no sea el derecho del pueblo ni se ensaña
contra ninguna clase o nacionalidad; igual cae el peso de la ley sobre la United Fruit
Company o el King Ranch, como sobre los latifundistas criollos.
Bajo estas condiciones, la producción de materias importantísimas para el país como el
arroz, granos oleaginosos o algodón, se desarrolla intensamente y se hace centro del
proceso de planeación; pero la Nación no está satisfecha y va a rescatar todas sus
riquezas conculcadas. Su rico subsuelo, escena de las luchas monopolistas y campo de su
voracidad, es prácticamente rescatado por la ley de petróleo. Esta, como la Reforma
Agraria y todas las demás dictadas por la Revolución, responde a necesidades
insoslayables de Cuba, a urgencias inaplazables de un pueblo que quiere ser libre, que
quiere ser dueño de su economía, que quiere prosperar y alcanzar metas cada vez más
altas del desarrollo social.
Pero, por eso mismo, es un ejemplo continental que los monopolios petroleros temen. No
es que Cuba dañe sustancial y directamente al monopolio petrolero, pues no hay razón
ninguna para considerar al país como un emporio del preciado combustible, aunque haya
razonables esperanzas de obtener un abastecimiento que satisfaga las necesidades
internas. En cambio, muestra el ejemplo palpitante de su ley a los pueblos hermanos de
América, muchos de ellos pasto de esos monopolios e impulsados otros a guerras
intestinas para satisfacer necesidades o apetencias de trusts adversarios y muestras, a la
vez, la posibilidad de hacerlo en América, señalando al mismo tiempo la hora exacta en
que se debe pensar en efectuarlo. Los grandes monopolios vuelven también su mirada
inquieta a Cuba; no solamente se ha osado liquidar en la pequeña Isla del Caribe el
omnipotente legado de Mr Foster Dulles a sus herederos, la Unidad Fruit Co., sino que
además se ha golpeado al imperio del señor Rockefeller, y el grupo de la Deutch también
sufre el ramalazo de la intervención de la Revolución popular cubana.
Esta ley, como la de minas; son las respuestas del pueblo a quienes pretenden doblegarlo
con amagos de fuerza, con incursiones aéreas, con castigos de cualquier tipo. Algunos
afirman que la ley de minas es tan importante como la de Reforma Agraria. En general,
para la economía del país, consideramos que no llega a esa importancia, pero sucede
ahora otro fenómeno nuevo: el veinticinco por ciento de impuesto sobre el total del
producto exportado, que deben pagar las compañías que venden nuestro mineral al
extranjero (dejando ahora algo más que un hueco en nuestro territorio) no sólo contribuye
al bienestar cubano, sino que aumenta la potencia relativa de los monopolios canadienses
en su lucha con los actuales explotadores de nuestro níquel. He aquí que la Revolución
cubana, que liquida el latifundio, limita las ganancias de los monopolios extranjeros, las
de los intermediarios extranjeros con capitales parásitos que se dedican al comercio de
importancia y lanza al mundo una política nueva en América, osa también romper el
status monopolista de los gigantes de la minería y deja a uno de ellos en dificultades, por
lo menos. Ya esto significa un nuevo poderoso llamado de atención hacia los vecinos de
una de las más grandes patrias del monopolio, pero, también tiene su repercusión en
América entera. La Revolución cubana rompe todas las barreras de las empresas de
noticias y difunde su verdad como un reguero de pólvora entre las masas americanas
ansiosas de una vida mejor. Cuba es el símbolo de la nueva nacionalidad y Fidel Castro el
símbolo de la liberación.
Por una simple ley de gravitación, la pequeña Isla de los ciento catorce mil kilómetros
cuadrados y seis millones y medio de habitantes, asume la dirección de la lucha
anticolonial en América en la que hay claudicaciones serias que le permiten tomar el
heroico, glorioso y peligroso puesto de avanzada. Las naciones menos débiles
económicamente de la América colonial, las que desarrollan a tropezones su capitalismo
nacional en lucha continua, a veces violenta y sin cuartel, contra los monopolios
extranjeros van cediendo su sitio gradualmente a esta pequeña nueva potencia de la
libertad, pues sus gobiernos no se encuentran con las fuerzas suficientes para llevar a
cabo la lucha. Es que ésta no es sencilla, ni está libre de peligros ni exenta de dificultades
y es preciso tener un pueblo entero detrás y una carga enorme de idealismo y de espíritu
de sacrificio para llevarla a cabo en las condiciones casi solitarias en que nosotros lo
estamos haciendo en América. Pequeños países intentaron antes mantener este puesto;
Guatemala, la Guatemala del quetzal, que muere cuando se le aprisiona en la jaula, la
Guatemala del indio Tecum Uman, cayó ante la agresión directa de los colonialistas; y
Bolivia, la de Morillo, el protomártir de la independencia americana, cedió ante las
dificultades terribles de la lucha, a pesar de haberse iniciado dando tres de los ejemplos
que sirvieron fundamentalmente a la Revolución cubana: la supresión del ejército, la
Reforma Agraria y la nacionalización de sus minas -a la vez, fuente máxima de riquezas
y máxima fuente de tragedia.
Cuba conoce los ejemplos anteriores, conoce las caídas y las dificultades, pero conoce
también que está en el amanecer de una nueva era del mundo; los pilares coloniales han
sido barridos ante el impulso de la lucha nacional y popular tanto en Asia como en
Africa. Ya las tendencias a la unificación de los pueblos no están dadas por sus
religiones, por sus costumbres, por sus apetencias, afinidades o falta de afinidad racial;
está dada por la similitud económica de sus condiciones sociales y por la similitud de su
afán de progreso y de recuperación. Asia y Africa se dieron la mano en Bandung, Asia y
Africa vienen a darse la mano con la América colonial e indígena, a través de Cuba, aquí
en La Habana.
Por otro lado, las grandes potencias colonialistas han cedido terreno ante la lucha de los
pueblos. Bélgica y Holanda, son dos caricaturas de imperio; Alemania e Italia perdieron
sus colonias. Francia se debate en la amargura de una guerra que tiene pérdida, e
Inglaterra, diplomática y hábil, liquida el poder político manteniendo las conexiones
económicas.
El capitalismo norteamericano reemplazó algunos de los viejos capitalismos coloniales en
los países que iniciaron su vida independiente, pero sabe que esto es transitorio y que no
hay un afincamiento real en el nuevo territorio de sus especulaciones financieras: podrán
absorber como el pulpo, pero no aplicar las ventosas firmemente como él. La garra del
águila imperial está limada. El colonialismo ha muerto en todos estos lugares del mundo
o está en proceso de muerte natural.
América es otra cosa. Hace tiempo que el león inglés quitó sus fauces golosas de nuestra
América y los jóvenes y simpáticos capitalistas yanquis instalaron la versión
«democrática» de los clubes ingleses e impusieron su dominación soberana en cada una
de las veinte repúblicas.
Esto es el feudo colonial del monopolio norteamericano, el «traspatio de su propia casa»,
su razón de vivir en este momento y su única posibilidad de hacerlo; si todos los pueblos
latinoamericanos levantaran la bandera de la dignidad, como Cuba, el monopolio
temblaría, tendría que acomodarse a una nueva situación político-económica y a podas
sustanciales de sus ganancias. Al monopolio no le gusta podar sus ganancias y el ejemplo
cubano -este «mal ejemplo» de dignidad nacional e internacional- está cundiendo entre
los países de América. Cada vez que un pueblo desgarrado lanza su grito de liberación, se
acusa a Cuba; y es que en alguna forma Cuba es culpable, es culpable porque ha
mostrado un camino, el camino de la lucha armada popular contra los ejércitos
supuestamente invencibles, el camino de la lucha en los lugares agrestes para desgastar y
destruir al enemigo fuera de sus bases; el camino de la dignidad en una palabra. Mal
ejemplo el cubano, muy mal ejemplo. No puede dormir tranquilo el monopolio mientras
este mal ejemplo permanezca de pie, de frente a los peligros, avanzando hacía el futuro.
Hay que destruirlo, gritan sus voceros. Hay que intervenir en ese bastión «comunista»,
gritan los sirvientes del monopolio disfrazado de representantes a la Cámara. «Nos
provoca mucha inquietud la situación cubana», dicen los más ladinos defensores del trust,
pero todos sabemos que quieren decir: «Hay que destruirla.»
Bien, ¿cuáles son estas posibilidades de agresión tendientes a destruir el mal ejemplo?
Hay una que podríamos llamar económica pura. Se inicia esta posibilidad restringiendo
los créditos de bancos y proveedores norteamericanos para todos los comerciantes, los
bancos nacionales y el mismo Banco Nacional de Cuba; se restringen en Norteamérica y
se trabaja por medio de sus asociados para hacerlo en todos los países de Europa
occidental, pero esto solo no es suficiente.
La negativa a conceder créditos provoca un primer impacto fuerte sobre la economía,
pero inmediatamente ésta se rehace y la balanza comercial se nivela, acostumbrándose el
país víctima a vivir al día. Hay que seguir presionando. La cuota azucarera empieza a
entrar en la danza; que sí, que no, que no, que sí. Apresuradamente, las máquinas de
calcular de las agencias del monopolio sacan toda clase de cuentas y se llega a la
conclusión final: muy peligroso disminuir la cuota cubana, imposible anularla. ¿Por qué
muy peligroso? Porque además de lo impolítico que puede ser, sencillamente esto
despierta las apetencias de diez o quince países proveedores y creará un tremendo
malestar entre todos ellos, que siempre se considerarán con derecho a algo más.
Imposible quitarla, porque Cuba es el mayor, más eficaz y más barato proveedor de
azúcar a los Estados Unidos y porque el sesenta por ciento de los intereses que están en
contacto directo con la producción o comercialización del azúcar, pertenecen a ese país.
Además, la balanza comercial es favorable a los Estados Unidos; quien no vende no
puede comprar, y habría que dar el mal ejemplo de la ruptura de un trabajo. Pero no para
allí la cosa: el pretendido regalo norteamericano de pagar cerca de tres centavos por
encima del mercado, es solamente el resultado de su incapacidad para producir azúcar
barata. Los altos niveles de salarios y la baja productividad del suelo, impiden a la gran
potencia producir el azúcar a los precios cubanos y, amparados en este precio mayor que
pagan por un producto, imponen tratados onerosos a todos los beneficiarios, no solamente
a Cuba. Imposible liquidar la cuota cubana.
No consideramos seriamente la posibilidad de que el monopolio haya pretendido hacer de
los bombardeos y los incendios de cañaverales una variante económica al provocar la
consiguiente escasez del producto. Más bien parece una medida tendiente a sembrar la
desconfianza en el poderío del Gobierno Revolucionario (el cadáver destrozado del
mercenario norteamericano, mancha de sangre algo más que una casa cubana, también
una política, y, ¿qué decir de la gigantesca explosión de las armas destinadas al Ejército
Rebelde?).
Hay otros lugares vulnerables donde la economía cubana se puede presionar; los
abastecimientos de materias primas, el algodón, por ejemplo. Sin embargo, se sabe bien
que de algodón hay superproducción en el mundo y que sería transitoria cualquier
dificultad de ese tipo. ¿Combustible?, es una llamada de atención; puede paralizarse un
país sin combustible y Cuba produce muy poco petróleo, tiene algunos alquitranes que
pueden operar sus máquinas de caldera y algún alcohol con el que en definitiva podrá
hacer andar sus vehículos, además, también hay mucho petróleo en el mundo. El Egipto
puede vender, la Unión Soviética puede vender, quizás el Irak pueda vender en poco
tiempo. No se puede desarrollar una estrategia económica pura.
Dentro de las posibilidades de agresión, si a esta variante económica se le agregan
algunas interferencias de alguna «potencia» de bolsillo, Santo Domingo por ejemplo, se
molestaría algo más, pero en definitiva deberían intervenir las Naciones Unidas y no se
llegaría a nada concreto.
Incidentalmente, los nuevos caminos seguidos por la OEA crean un peligroso precedente
de intervención. Escudándose en el manido pretexto trujillista, el monopolio se solaza
construyendo su viaducto de agresión. Triste es que la democracia venezolana nos haya
puesto en el brete de tener que negar una intervención contra Trujillo. Qué buen servicio
se ha hecho a los piratas del Continente.
Dentro de las nuevas posibilidades de agresión está la eliminación física por medio del
atentado al antiguo «muchacho loco», Fidel Castro, que se ha convertido ya en el centro
de las iras de los monopolios. Naturalmente, habría que tomar medidas para que los otros
dos peligrosos «agentes internacionales», Raúl Castro y el que esto escribe, fueran
eliminados también. Es una solución apetecible y si diera resultado satisfactorio en un
triple acto simultáneo o al menos en la cabeza dirigente, sería beneficioso para la
reacción (pero no se olviden del pueblo, señores monopolistas y sirvientes de adentro, del
pueblo omnipotente que ante un crimen semejante arrasaría y aplastaría con su furia a
todos aquellos que tuvieran algo que ver directa o indirectamente con el atentado en
cualquier grado a los jefes de la Revolución, sin que nada ni nadie pueda detenerlo).
Otro aspecto de la variante Guatemala es presionar sobre los abastecimientos de armas
cubanas hasta obligarla a comprar en países comunistas para desatar entonces más
rígidamente su lluvia de improperios. Puede dar resultado: «puede ser que nos ataquen
por ‘comunistas’, pero no nos van a eliminar por imbéciles», dijo alguien en nuestro
Gobierno.
Se va perfilando entonces la necesidad de una agresión directa por parte de los
monopolios y hay muchas posibilidades que estarán barajadas y estudiadas en las
máquinas IBM con todos sus procesos calculados. Se nos ocurre en este momento que
puede existir la variante española, por ejemplo. La variante española sería aquella en que
se tomara un pretexto inicial: exiliados, con la ayuda de voluntarios, voluntarios que por
supuesto serían mercenarios o simplemente soldados de una potencia extranjera, bien
apoyados por marina y aviación, muy bien apoyados para tener éxito, diríamos. Puede ser
también la agresión directa de un Estado, como Santo Domingo, que mandara algunos de
sus hombres, hermanos nuestros, y muchos mercenarios a morir a estas playas para
provocar el hecho de la guerra, el hecho de que obligara a las candorosas patrias del
monopolio, a decir que no quieren intervenir en esta lucha «desastrosa» entre hermanos,
que se concretarán a congelarla y limitarla a los planos actuales, que vigilarán sus
acorazados, cruceros, destructores, portaaviones, submarinos, barreminas, torpederos,
además de aviones, los cielos y mares de esta parte de América. Y pudiera suceder que,
mientras a los celosos guardianes de la paz continental no se les pasara un solo barco que
trajera nada para Cuba, lograrán «eludir» la «férrea» vigilancia algunos, muchos o todos
los barcos que fueran a la desgraciada patria de Trujillo. También podrían intervenir a
través de algún «prestigioso» organismo interamericano, para poner fin a la «loca guerra»
que el «comunismo» desatara en nuestra Isla, o si ese mecanismo de ese «prestigioso»
organismo americano no sirviera, podrían intervenir directamente en su nombre para
llevar la paz y proteger los intereses de connacionales, creando la variante de Corea.
Quizás el primer paso de la agresión no sea contra nosotros sino contra el Gobierno
Constitucional de Venezuela para liquidar el último punto de apoyo en el Continente. Si
esto sucede, es posible que el centro de la lucha contra el colonialismo abandone a Cuba
y se sitúe en la gran patria de Bolívar. El pueblo de Venezuela saldrá a defender sus
libertades con todo el entusiasmo de quien sabe que está dando la batalla definitiva, que
tras la derrota está la más lóbrega tiranía y tras la victoria el definitivo porvenir de
América y un reguero de luchas populares pueden asaltar la paz de los cementerios
monopolistas en que se han convertido nuestras hermanas subyugadas.
Podrían alegarse muchas cosas contra la factibilidad de la victoria enemiga, pero hay dos
fundamentales: una externa, que es el año 1960, el año de los pueblos subdesarrollados,
el año de los pueblos libres, el año en que por fin se harán respetar y para siempre las
voces de los millones de seres que no tienen la suerte de ser gobernados por los
poseedores de los medios de muerte y pago, pero además, y razón más poderosa aún, que
un ejército de seis millones de cubanos empuñarán las armas como un solo individuo para
defender su territorio y su Revolución, que esto será un campo de batalla donde el
ejército no ha de ser nada más que una parte del pueblo en armas, que después de
destruido en una lucha frontal, cientos de guerrillas con mando dinámico, con una sola
orientación central, darán la batalla en cada lugar del país, que en las ciudades los obreros
se harán matar al pie de sus fábricas o centros de trabajo y en los campos, los campesinos
darán muerte al invasor detrás de cada palma o de cada surco de los nuevos arados
mecánicos que la Revolución les diera.
Y por los caminos del mundo, la solidaridad internacional, creará una barrera de cientos
de millones de pechos protestando contra la agresión. Verá el monopolio cómo se
sacuden sus pilares carcomidos y cómo es barrida de un soplo la tela de araña de su
cortina de mentiras elaboradas por las «P». Pero, supongamos que se atrevan contra la
indignación popular del mundo: ¿qué pasará aquí adentro?
Lo primero que salta a la vista, dada nuestra posición de Isla fácilmente vulnerable, sin
armas pesadas, con una aviación y una marina muy débiles, es la aplicación esencial del
concepto guerrillero a la lucha de defensa nacional.
Nuestras unidades de tierra lucharán con el fervor, la decisión, el entusiasmo de que son
capaces los hijos de la Revolución cubana en estos años gloriosos de su Historia; pero en
el peor de los casos estamos preparados para seguir siendo unidades combatientes aún
después de la destrucción de la estructura de nuestro ejército en un frente de combate. En
otras palabras, frente a grandes concentraciones de fuerzas enemigas que lograran
destruir la nuestra, se transformaría inmediatamente en un ejército guerrillero, con amplio
sentido de movilidad, con el mando ilimitado de sus jefes a nivel de la columna pero, sin
embargo, con un mando central situado en algún lugar del país, que daría las órdenes
oportunas y fijará la estrategia general en todos los casos. Las montañas serían la defensa
última de la vanguardia armada organizada del pueblo, que as el Ejército Rebelde pero la
lucha se dará en cada casa del pueblo, en cada camino, en cada monte, en cada pedazo del
territorio nacional por el gran ejército de retaguardia que es el pueblo entero, adiestrado y
armado en la forma que después puntualizaremos.
Al no tener nuestras unidades de infantería armas pesadas, se centrará su acción en la
defensa antitanque y la defensa antiaérea. Muchas minas, infinidad de ellas, bazookas o
granadas antitanques, cañones antiaéreos de gran movilidad, serán las únicas armas de
cierto poder, amén de algunas baterías de morteros. El soldado de infantería veterano, con
armas automáticas, sabrá, no obstante, el valor del parque. Lo cuidará con amor.
Instalaciones especiales de recarga de cartuchos acompañarán a cada unidad de nuestro
ejército, manteniendo aun en condiciones precarias, reservas de parque.
La aviación probablemente sea mal herida en los primeros momentos de una invasión de
este tipo. Estamos haciendo el cálculo para una invasión por una potencia extranjera de
primera magnitud o mercenario de alguna pequeña potencia, apoyadas subrepticiamente
o no, por esa gran potencia de primera magnitud. La aviación nacional como dije, será
destruida, o casi destruida, se mantendrán solamente los aviones de reconocimiento y los
de enlace, sobre todo los helicópteros, para todas las funciones menores.
La marina tendrá también su estructura adecuada a esta estrategia móvil; pequeñas
lanchas mostrarán la menor superficie al enemigo manteniendo la máxima movilidad;
siempre en estos casos, como en cualquiera de los anteriores, la gran desesperación del
ejército enemigo será el no encontrar nada sólido contra lo cual chocar; todo será una
masa gelatinosa, movediza, impenetrable, que va retrocediendo y, mientras hiere en todos
lados, no presenta un frente sólido.
Pero no es fácil que el ejército del pueblo, que está preparado para seguir siendo ejército,
pase a su derrota en una batalla frontal, sea derrotado. Dos grandes masas de población
están unidas alrededor de él: los campesinos y los obreros. Ya los campesinos han dado
señales de su eficacia deteniendo a la pequeña pandilla que merodeaba por los
alrededores de Pinar del Río. En su gran mayoría, esos campesinos serán preparados en
sus lugares de origen; pero los jefes de pelotón y los superiores serán preparados, como
ya lo están siendo, en nuestras bases militares. De allí se distribuirán a través de las
treinta zonas de desarrollo agrario en que ha sido dividido el país para constituir otros
tantos centros de lucha campesina, encargados de defender al máximo sus tierras, sus
conquistas sociales, sus nuevas casas, sus canales, sus diques, sus cosechas florecientes,
su independencia; en una palabra, su derecho a la vida.
Presentarán al principio también una firme oposición a cualquier avance del enemigo
pero, si éste es muy fuerte, se dividirán, y cada campesino durante el día será un pacífico
cultivador de su tierra y, en la noche, será el temible guerrillero, azote de las fuerzas
enemigas. Algo semejante ocurrirá con los obreros; también los mejores entre ellos se
prepararán para después jefaturar a sus compañeros y encargarse de impartirles las
nociones de defensa que se darán. Cada tipo social, sin embargo, tendrá tareas distintas;
el campesino hará la lucha típica del guerrillero y debe aprender a ser un buen tirador,
aprovechar todas las dificultades del terreno y a desaparecer sin dar la cara nunca; el
obrero, en cambio, tiene a su favor el hecho de estar dentro de una fortaleza de enormes
dimensiones y eficacia, como es una ciudad moderna, y al mismo tiempo la dificultad de
no tener movilidad. El obrero aprenderá, lo primero, a cerrar las calles con barricadas
hechas con cuanto vehículo, mueble o utensilio haya, a utilizar cada manzana como una
fortaleza comunicada por agujeros hechos en las paredes interiores, a usar la terrible arma
de defensa que es el «coctel molotov» y a saber coordinar su fuego desde las aspilleras
innumerables que ofrecen las casas de una ciudad moderna.
Entre la mesa obrera, asistida por la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas encargadas
de la defensa de las ciudades, se hará un bloque de ejército poderoso, pero que deberá ser
extremadamente sacrificado. No se puede pensar que la lucha en las ciudades en estas
condiciones va a alcanzar la facilidad y elasticidad de la lucha campesina: caerán -o
caeremos- muchos en esta lucha popular; el enemigo utilizará tanques que serán
rápidamente destruidos cuando el pueblo aprenda a ver sus lados flacos y también a no
temerles, pero antes dejará su saldo de víctimas.
También existirán organizaciones afines a éstas de obreros y campesinos. En primer
lugar, las milicias estudiantiles, dirigidas y coordinadas por el Ejército Rebelde, que
contendrá la flor y nata de la juventud estudiosa; organizaciones de la juventud en general
que participará en la misma forma y organizaciones de mujeres, que darán el enorme
estímulo de la presencia femenina, harán los trabajos tan importantes de asistencia a los
compañeros de lucha: cocinar, curar heridos, dar las últimas caricias a los moribundos,
lavar, en fin, demostrar a los compañeros de armas que nunca falta su presencia en los
momentos difíciles de la Revolución. Todo esto se logra por un amplio trabajo
organizativo de las masas pero, además, se logra con una educación paciente y completa
de las mismas, educación que nace o tiene su cimiento en los conocimientos elementales
pero que debe centralizarse sobre la explicación razonada y veraz de los hechos de la
Revolución.
Las leyes revolucionarias deben ser comentadas, explicadas, estudiadas, en cada reunión,
en cada asamblea, en cada lugar donde exponentes de la Revolución se den cita para
cualquier cosa. Constantemente, además, deben leerse también, comentarse y discutirse
los discursos de los jefes, y particularmente, en nuestro caso, del líder indiscutido, para ir
orientando a las masas, al mismo tiempo que deben reunirse para escuchar en los campos,
por las radios o, en lugares de más avanzado nivel técnico, con televisores, esas
magníficas lecciones populares que suele dar nuestro Primer Ministro.
El contacto del pueblo con la política, es decir, el contacto del pueblo con la expresión de
sus anhelos hechos leyes, decretos y resoluciones, debe ser constante. La vigilancia
revolucionaria sobre toda manifestación contra ella debe ser constante también y, dentro
de las masas revolucionarias, la vigilancia de su moral debe ser más estricta que la
vigilancia contra el no revolucionario o el desafecto. No se puede permitir, so pena de
que la revolución inicie el peligroso camino del oportunismo, el que ningún
revolucionario, de ninguna categoría y por ningún concepto, sea perdonado de faltas
graves contra el decoro o la moral, por el hecho mismo de ser revolucionario. Pudiera eso
constituir en todo caso, algo como una atenuante y puede estar siempre presente durante
el castigo el recuerdo de sus anteriores méritos, pero el hecho en sí, debe ser siempre
castigado.
El culto al trabajo, sobre todo al trabajo colectivo y con fines colectivos, debe ser
desarrollado. Brigadas de voluntarios que construyan caminos, puentes, muelles o diques,
que construyan ciudades escolares, que vayan constantemente uniéndose, demostrando su
amor a la revolución con los hechos, deben recibir un gran impulso.
Un ejército que esté compenetrado de tal forma con el pueblo, que sienta tan íntimamente
en él al campesino o al obrero de donde surgió, que conozca además toda la técnica
especial de su guerra y esté preparado psicológicamente para las peores contingencias, es
invencible, y más invencible será cuando más carne se haga en el ejército y en la
ciudadanía la justa frase de nuestro inmortal Camilo: «El Ejército es el pueblo
uniformado.» Por eso, por todo eso, a pesar de lo necesario que es para el monopolio la
supresión del «mal ejemplo» cubano, nuestro futuro es más luminoso que nunca.

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