GUERRILLA GUEVARISTA /ORIGEN DE LOS “LN”

Aún es un tanto dudoso de que se supone que había que liberarse, y al decir dudoso , no niego existencia.
Asi las cosas, desde que Cuba de alguna forma ganó su revolución, surgieron un sinfin de movimientos guerrilleros terroristas de “Liberación Nacional “.

Pero todo nace de la importación y exportación de la ideología de la violencia.

ERNESTO CHE GUEVARA – SU HISTORIA

Comenzemos por analizar donde es parido el EPP.

Ernesto Che Guevara (1928-1967),

Revolucionario y líder político latinoamericano, cuya negativa a adherirse al capitalismo le convirtió en un héroe de los nuevos grupos de izquierda que surgieron en la década del 1960.

Che es el sobrenombre por el que pasó a ser conocido Ernesto Guevara.

Nació en el seno de una familia de clase media de Rosario (Argentina) y obtuvo el Doctorado en Medicina por la Universidad de Buenos Aires en 1953.

Convencido de que la revolución era la única solución posible para acabar con las injusticias sociales existentes en Latinoamérica, en 1954 marchó a Guatemala, y luego a México, donde se unió al Movimiento 26 de Julio, grupo integrado por revolucionarios cubanos exiliados a las órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro.

A finales de la década de 1950, jugó un importante papel en la lucha de guerrillas iniciada por Fidel Castro contra el dictador cubano Fulgencio Batista.

En 1959 tras el triunfo de la Revolución Cubana, Guevara fue nombrado ministro de Industria (1961-1965).

Guevara también escribió Relatos de la guerra revolucionaria en Cuba (1961) y Diario de campaña en Bolivia (1968), dos libros sobre la lucha guerrillera en los que defendió los movimientos revolucionarios de base campesina en los países en vías de desarrollo.

En 1966, inicia la lucha guerrillera en Bolivia, su fuerza estaba compuesta por campesinos y mineros bolivianos en su justa lucha contra el gobierno militar. Fue capturado por el Ejército Boliviano y asesinado cerca de Vallegrande el 9 de octubre de 1967.

Una vida fue segada en La Higuera por manos asesinas; pero un símbolo se levantó irredento para todos los tiempos. Ernesto Guevara de la Serna, el Che de los cubanos y de los luchadores del mundo, sigue cabalgando hoy en su Rocinante, ganando nuevas batallas.

“Guerra de Guerrillas: un Método”

La guerra de guerrillas ha sido utilizada innumerables veces en la historia en condiciones diferentes y persiguiendo distintos fines, últimamente ha sido usada en diversas guerras populares de liberación donde la vanguardia del pueblo eligió el camino de la lucha armada irregular contra enemigos de mayor potencial bélico. Asia, África y América han sido escenario de estas acciones cuando se trataba de lograr el poder en la lucha contra la explotación feudal, neocolonial o colonial. En Europa se le empleó como complemento de los ejércitos regulares propios o aliados.

En América se ha recurrido a la guerra de guerrillas en diversas oportunidades. Como antecedente mediato más cercano puede anotarse la experiencia de Augusto Cesar Sandino, luchando contra las fuerzas expedicionarias yanquis en la Segovia nicaragüense. Y, recientemente, la guerra revolucionaria de Cuba. A partir de entonces, en América se han planteado los problemas de la guerra de guerrillas en las discusiones teóricas de los partidos progresistas del continente y la posibilidad y conveniencia de su utilización es materia de polémicas encontradas.

Estas notas trataron de expresar nuestras ideas sobre la guerra de guerrillas y cuál sería su utilización correcta.

Ante todo hay que precisar que esta modalidad de lucha es un método; un método para lograr un fin. Ese fin, indispensable, ineludible para todo revolucionario, es la conquista del poder político. Por tanto, en los análisis de las situaciones especificas de los distintos países de América, debe emplearse el concepto de guerrilla reducido a la simple categoría de método de lucha para lograr aquel fin.

Casi inmediatamente surge la pregunta:

El método de la guerra de guerrillas es la fórmula Única para la toma del poder en la América entera, o será, en todo caso, la forma predominante; o, simplemente, será una formula más entre todas las usadas para la lucha y, en Ultimo extremo, se preguntan, será aplicable a otras realidades continentales el ejemplo de Cuba.

Por el camino de la polémica, suele criticarse a aquellos que quieren hacer la guerra de guerrillas, aduciendo que se olvidan de la lucha de masas, casi como si fueran métodos contrapuestos. Nosotros rechazamos el concepto que encierra esa posición; la guerra de guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de masas. Pretender realizar este tipo de guerra sin el apoyo de la población, es el preludio de un desastre inevitable.

La guerrilla es la vanguardia combativa del pueblo, situada en un lugar determinado de algún territorio dado, armada, dispuesta a desarrollar una serie de acciones bélicas tendientes al Único fin estratégico posible: la toma del poder. Está apoyada por las masas campesinas y obreras de la zona y de todo el territorio de que se trate. Sin esas premisas no se puede admitir la guerra de guerrillas.

En nuestra situación americana, consideramos que tres aportaciones fundamentales hizo la Revolución cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios en América; son ellas:

Primero: las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejercito.

Segundo: no siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas.

Tercero: en la América subdesarrollada, el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo.

. “Guerra de Guerrillas: un Método” II

Establecimos que es un método de lucha para obtener un fin. Lo que interesa, primero, es analizar el fin y ver si se puede lograr la conquista del poder de otra manera que por la lucha armada, aquí en América.

La lucha pacifica puede llevarse a cabo mediante movimientos de masas y obligar —en situaciones especiales de crisis— a ceder a los gobiernos, ocupando eventualmente el poder las fuerzas populares que establecerían la dictadura proletaria. Correcto teóricamente. Al analizar lo anterior en el panorama de América, tenemos que llegar a las siguientes conclusiones:

En este continente existen en general condiciones objetivas que impulsan a las masas a acciones violentas contra los gobiernos burgueses y terratenientes, existen crisis de poder en muchos otros países y algunas condiciones subjetivas también. Claro está que, en los países en que todas las condiciones estén dadas, seria hasta criminal no actuar para la toma del poder.

En aquellos otros en que esto no ocurre es licito que aparezcan distintas alternativas y que de la discusión teórica surja la decisión aplicable a cada país. Lo Único que la historia no admite es que los analistas y ejecutores de la política del proletariado se equivoquen. Nadie puede solicitar el cargo de partido de vanguardia como un diploma oficial dado por la universidad. Ser partido De vanguardia es estar al frente de la clase obrera en la lucha por la toma del poder, saber guiarla a su captura, conducirla por los atajos, incluso. Esa es la misión de nuestros partidos revolucionarios y el análisis debe ser profundo y exhaustivo para que no haya equivocación.

Hoy por hoy, se ve en América un estado de equilibrio inestable entre la dictadura oligárquica y la presión popular. La denominamos con la palabra oligárquica pretendiendo definir la alianza reaccionaria entre las burguesas de cada país y sus clases de terratenientes, con mayor o menor preponderancia de las estructuras feudales.

Estas dictaduras transcurren dentro de ciertos marcos de legalidad que se adjudicaron ellas mismas para su mejor trabajo durante todo el periodo irrestricto de dominación de clase, pero pasamos por una etapa en que las presiones populares son muy fuertes; están llamando a las puertas de la legalidad burguesa y ésta debe ser violada por sus propios autores para detener el impulso de las masas.

Sólo que las violaciones descaradas, contrarias a toda legislación preestablecida —o la legislación establecida a posteriori para santificar el hecho—, ponen en mayor tensión a las fuerzas del pueblo. Por ello, la dictadura oligárquica trata de utilizar los viejos ordenamientos legales para cambiar la constitucionalidad y ahogar más al proletariado, sin que el choque sea frontal. No obstante, aquí es donde se produce la contradicción. El pueblo ya no soporta las antiguas y, menos aún, las nuevas medidas coercitivas establecidas por la dictadura, y trata de romperlas.

No debemos de olvidar nunca el carácter clasista, autoritario y restrictivo del estado burgués. Lenin se refiere a él así: “El estado es, producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clases. El estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.” (El estado y la revolución.)

Es decir, no debemos admitir que la palabra democracia, utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos Optimas dadas al ciudadano. Luchar solamente por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes; es, en todo caso, luchar por el establecimiento de unos grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el presidiario.

En estas condiciones de conflicto, la oligarquía rompe sus propios contratos, su propia apariencia de “democracia” y ataca al pueblo, aunque siempre trate de utilizar los métodos de la superestructura que ha formado para la opresión. Se vuelve a plantear en ese momento el dilema: Que hacer? Nosotros contestamos: La violencia no es patrimonio de los explotadores, la pueden usar los explotados y, más aún, la deben usar en su momento. Martí decía: ”Es criminal quien promueve en un Pals la guerra que se le puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable”.

Lenin por otra parte, expresaba: “La social-democracia no ha mirado nunca ni mira la guerra desde un punto de vista sentimental. Condena en absoluto la guerra como recurso feroz para dilucidar las diferencias entre los hombres, pero sabe que las guerras son inevitables mientras la sociedad está dividida en clases, mientras exista la explotación del hombre por el hombre. Y para acabar con esa explotación no podremos prescindir de la guerra, que empiezan siempre y en todos los sitios las mismas clases explotadoras, dominantes y opresoras.” Esto lo decía en el año 1905; después, en “El programa militar de la revolución proletaria”, analizando profundamente el carácter de la lucha de clases, afirmaba: “Quien admita la lucha de clases no puede menos que admitir las guerras civiles, que en toda sociedad de clases representan la continuación, el desarrollo y el recrudecimiento —naturales y en determinadas circunstancias inevitables— de la lucha de clases. Todas las grandes revoluciones lo confirman. Negar las guerras civiles u olvidarlas seria caer en un oportunismo extremo y renegar de la revolución socialista.”

Es decir, no debemos temer a la violencia, la partera de las sociedades nuevas; sólo que esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso en que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables.

¿Cuáles serán éstas? Dependen, en lo subjetivo, de dos factores que se complementan y que a su vez se van profundizando en el transcurso de la lucha: la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario; los que, unidos a las condiciones objetivas —que son grandemente favorables en casi toda América para el desarrollo de la lucha—, a, la firmeza en la voluntad de lograrlo y a las nuevas correlaciones de fuerzas en el mundo, condicionan un modo de actuar.

Por lejanos que estén los países socialistas, siempre se hará sentir su influencia bienhechora sobre los pueblos en lucha, y su ejemplo educador les dará más fuerza. Fidel Castro decía: “Y el deber de los revolucionarios, sobre todo en este instante, es saber percibir, saber captar los cambios de correlación de fuerzas que han tenido lugar en el mundo, y comprender que ese cambio facilita la lucha de los pueblos.

El deber de los revolucionarios, de los revolucionarios latinoamericanos, no está en esperar que el cambio de correlación de fuerzas produzca el milagro de las revoluciones sociales en América Latina, sino aprovechar cabalmente todo lo que favorece al movimiento revolucionario ese cambio de correlación de fuerzas y hacer las revoluciones!”

Hay quienes dicen “admitamos la guerra revolucionaria como el medio adecuado, en ciertos casos específicos, para llegar a la toma del poder político; De dónde sacamos los grandes conductores, los Fidel Castro que nos lleven al triunfo?” Fidel Castro, como todo ser humano, es un producto de la historia. Los jefes militares y políticos, que dirijan las luchas insurreccionales en América, unidos, si fuera posible, en una sola persona, aprenderán el arte de la guerra en el ejercicio de la guerra misma.

No hay oficio ni profesión que se pueda aprender solamente en los libros de texto. La lucha, en este caso, es la gran maestra. Claro que no será sencilla la tarea ni exenta de graves amenazas en todo su transcurso.

Durante el desarrollo de la lucha armada aparecen dos momentos de extremo peligro para el futuro de la revolución. El primero de ellos surge en la etapa preparatoria y la forma en que se resuelva, da la medida de la decisión de lucha y claridad de fines que tengan las fuerzas populares. Cuando el estado burgués avanza contra las posiciones del pueblo, evidentemente tiene Qué producirse un proceso de defensa contra el enemigo que, en ese momento de superioridad, ataca. Si ya se han desarrollado las condiciones objetivas y subjetivas mínimas, la defensa deba ser armada, pero de tal tipo que no se conviertan las fuerzas populares en meros receptores de los golpes del enemigo; no dejar tampoco que el escenario de la defensa armada simplemente se transforme en un refugio extremo de los perseguidos.

La guerrilla, movimiento defensivo del pueblo en un momento dado, lleva en sí, y constantemente debe desarrollarla, su capacidad de ataque sobre el enemigo. Esta capacidad es la que va determinando con el tiempo su carácter de catalizador de las fuerzas populares. Vale decir, la guerrilla no es autodefensa pasiva, es defensa con ataque y, desde el momento en que se plantea como tal, tiene como perspectiva final la conquista del poder político.

Este momento es importante. En los procesos sociales la diferencia entre violencia y no violencia no puede medirse por las cantidades de tiros intercambiados; responde a situaciones concretas y fluctuantes. Y hay que saber ver el instante en que las fuerzas populares, conscientes de su debilidad relativa, pero al mismo tiempo de su fuerza estratégica, deben obligar al enemigo a que dé los pasos necesarios para que la situación no retroceda. Hay que violentar el equilibrio dictadura oligárquica-presión popular.

La dictadura trata constantemente de ejercerse sin el uso aparatoso de la fuerza; el obligar a presentarse sin disfraz, es decir, en su aspecto verdadero de dictadura violenta de las clases reaccionarias, contribuirá a su desenmascaramiento, lo que profundizará la lucha hasta extremos tales que ya no se pueda regresar. De cómo cumplan su función las fuerzas del pueblo abocadas a la tarea de obligar a definiciones a la dictadura —retroceder o desencadenar la lucha—, depende el comienzo firme de una acción armada de largo alcance.

Sortear el otro momento peligroso depende del poder del desarrollo ascendente que tengan las fuerzas populares. Marx recomendaba siempre que una vez comenzado el proceso revolucionario, el proletariado tenga que golpear y golpear sin descanso. Revolución que no se profundice constantemente es revolución que regresa.

Los combatientes, cansados, empiezan a perder la fe y puede fructificar entonces alguna de las maniobras a que la burguesía nos tiene tan acostumbrados. Estas pueden ser elecciones con la entrega del poder a otro señor de voz más meliflua y cara más angelical que el dictador de turno, o un golpe dado por los reaccionarios, encabezados, en general, por el ejército y apoyándose, directa o indirectamente, en las fuerzas progresistas. Caben otras, pero no es nuestra intención analizar estratagemas tácticas.

Llamamos la atención principalmente sobre la maniobra del golpe militar apuntada arriba. ¿Qué pueden dar los militares a la verdadera democracia? ¿Qué lealtad se les puede pedir si son meros instrumentos de dominación de las clases reaccionarias y de los monopolios imperialistas y como casta, que vale en razón de las armas que posee, aspiran solamente a mantener sus prerrogativas?

Cuando, en situaciones difíciles para los opresores, conspiren los militares y derroquen a un dictador, de hecho vencido, hay que suponer que lo hacen porque aquél no es capaz de preservar sus prerrogativas de clase sin violencia extrema, cosa que, en general, no conviene en los momentos actuales a los intereses de las oligarquías.

Esta afirmación no significa, de ningún modo, que se deseche la utilización de los militares como luchadores individuales, separados del medio social en que han actuado y, de hecho, rebelados contra él. Y esta utilización debe hacerse en el marco de la dirección revolucionaria a la que pertenecerán como luchadores y no como representantes de una casta.

En tiempos ya lejanos, en el prefacio de la tercera edición de La guerra civil en Francia, Engels decía: “Los obreros, después de cada revolución, estaban armados; por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que sé hallaban al frente del estado. De ahí que, después de cada revolución ganada por los obreros, se llevara a cabo una nueva lucha que acababa con la derrota de estos…n (Cita de Lenin, El estado y 1a revolución.)

Este juego de luchas continuas en que se logra un cambio formal de cualquier tipo y se retrocede estratégicamente, se ha repetido durante decenas de años en el mundo capitalista., Peor aún, el engaño permanente al proletariado en este aspecto lleva más de un siglo de producirse periódicamente.

Es peligroso también que, llevados por el deseo de mantener durante algún tiempo condiciones más favorables para la acción revolucionaria mediante el uso de ciertos aspectos de la legalidad burguesa, los dirigentes de los partidos progresistas confundan los términos, cosa que es muy común en el curso de la acción, y se olviden del objetivo estratégico definitivo: la toma del poder.

Estos dos momentos difíciles de la revolución, que hemos analizado someramente, se obvian cuando los partidos dirigentes marxistas-leninistas son capaces de ver claro las implicaciones del momento y de movilizar las masas al máximo, llevándolas por el camino justo de la resolución de las contradicciones fundamentales.

En el desarrollo del tema hemos supuesto que eventualmente se aceptaría la idea de la lucha armada y también la fórmula de la guerra de guerrillas como método de combate.

¿Por Qué estimamos que, en las condiciones actuales de América, la guerra de guerrillas es la vía correcta?

Hay argumentos fundamentales que, en nuestro concepto, determinan la necesidad de la acción guerrillera en América como eje central de la lucha.

Primero: aceptando como verdad que el enemigo luchará por mantenerse en el poder, hay que pensar en la destrucción del ejército opresor; para destruirlo hay que oponerle un ejército popular enfrente. Ese ejército no nace espontáneamente, tiene que armarse en el arsenal que brinda su enemigo, y esto condiciona una lucha dura y muy larga, en la que las fuerzas populares y sus dirigentes estarían expuestos siempre al ataque de fuerzas superiores sin adecuadas condiciones de defensa y maniobrabilidad.

En cambio, el núcleo guerrillero, asentado en terrenos favorables a la lucha, garantiza la seguridad y permanencia del mando revolucionario. Las fuerzas urbanas, dirigidas desde el estado mayor del ejercito del pueblo, pueden realizar acciones de incalculable importancia. La eventual destrucción de estos grupos no haría morir el alma de la revolución, su jefatura, que, desde la fortaleza rural, seguiría catalizando el espíritu revolucionario de las masas y organizando nuevas fuerzas para otras batallas.

Además, en esta zona comienza la estructuración del futuro aparato estatal encargado de dirigir eficientemente la dictadura de clase durante todo el periodo de transición. Cuanto más larga sea la lucha, más grandes y complejos serán los problemas administrativos y en su solución se entrenarán los cuadros para la difícil tarea de la consolidación del poder y el desarrollo económico, en una etapa futura.

Segundo: la situación general del campesinado latinoamericano y el carácter cada vez más explosivo de su lucha contra las estructuras feudales, en el marco de una situación social de alianza entre explotadores locales y extranjeros.
El tres de octubre de 1965 es presentado ante el pueblo el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la inolvidable ceremonia efectuada en el teatro Karl Marx, el Comandante en Jefe reflexiona: “Hay una ausencia en nuestro Comité Central -continuó Fidel- de quien posee todos los méritos y todas las virtudes necesarias en el grado más alto para pertenecer a él y que, sin embargo, no figura entre los miembros de nuestro Comité Central.”

Fidel entonces dio lectura, en medio de una indescriptible tensión dramática, a la carta de despedida del comandante Ernesto Che Guevara antes de partir hacia otras tierras del mundo que reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos.

Desde marzo de 1965 el Che dejó de aparecer en actividades públicas. Esto hizo que la propaganda enemiga se esforzara en hacer circular los más diversos rumores sobre las causas de su enigmática desaparición. Su misión como embajador de las ideas de la Revolución Cubana había llegado a su fin.

El 15 de febrero de 1966 envía una carta a su hija Hilda, felicitándola por su cumpleaños.

En 1966 junto a Fidel prepara una nueva misión a Bolivia, donde llega el 3 de noviembre. Y el 7 de noviembre se encuentra en el campamento guerrillero ubicado en el rio Ñancahuazú (Bolivia.)

Comienzan el 23 de marzo de 1967 las operaciones militares del grupo guerrillero (Ejército de Liberación Nacional de Bolivia), comandado por el Che.

Detención de Debray, Bustos y Roth por las autoridades bolivianas el 20 de abril.
El 31 de agosto de 1967- Es masacrado el grupo de retaguardia de la guerrilla internacionalista del Che en Bolivia. En esta emboscada caen ocho combatientes de Bolivia, Cuba y Perú, entre ellos el jefe del grupo, Juan Vitalio Acuña (Vilo) y Tamara Bunke (Tania). En este combate perece el destacamento de Joaquín.

La Higuera – Bolivia

Herido, con el arma inutilizada por un disparo y sin cargador en su pistola, el Comandante Ernesto Che Guevara es apresado, el ocho de octubre de 1967, durante el combate en la quebrada boliviana del Yuro. Cae en manos del ejercito. El alto mando decide fusilarlo de forma inmediata en La Higuera.

El 9 de octubre, asesinan al Che, un soldado Boliviano hace el trabajo. Quienes lo asesinaron en una escuelita del poblado de la Higuera fracasaron al creer que, con su eliminación física, desaparecerían el ejemplo y el pensamiento del Guerrillero Heroico

El 12 de octubre de 1967, cae en Bolivia el combatiente internacionalista cubano Octavio de la Concepción y de la Pedraja, como parte de la guerrilla del Che.

Junto al Moro también mueren los bolivianos Jaime Araya, Lucio Galván y Francisco Huanca.

Luego de sobrevivir al combate de la Quebrada del Yuro -donde fue herido y apresado el Guerrillero Heroico-, de la Concepcion y sus compañeros son sorprendidos por tropas del ejercito cuando se aprovisionaban de agua en las márgenes del río Mizque, donde pierden la vida luego de una tenaz resistencia.

15 de octubre.
Fidel Castro confirma la muerte del Che en Bolivia.

Aunque la prensa internacional ofreció 125.000 dólares por el diario de Che en Bolivia, los revolucionarios bolivianos se aseguraron que este llegara a Cuba ese mismo año haciendo fallar el plan de la CIA para hacer propaganda anticomunista con copias adulteradas o falsas de las palabras del Che.

En junio de 1968 aparece en La Habana la primera edición del Diario del Che en Bolivia. Y El 1 de Julio de 1968 el diario es publicado en Cuba y repartido en forma gratuita.

El texto causa un escándalo internacional por la forma que Bolivia y los EEUU tratan a los prisioneros de guerra. El ejemplo del Che inspira desde entonces a cientos de miles de jóvenes del mundo.

El 28 de junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y argentinos descubre una fosa común en Vallegrande (Bolivia) con los restos del Che y de otros 6 guerrilleros.

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